La supuesta ideología del nacionalismo
“Erase una vez un padre y una madre que tenían un hijo al que querían educar. Pero la vida fue dura con ellos y un Estado perverso y lejano se lo impidió”. Así es la vida de los nacionalistas armados según los “analistas” del nacionalismo, viejos gudaris del crimen, convertidos hoy en intelectuales del asesinato en serie.
Uno de los “lumbreras” del nacionalismo más o menos armado, frecuentador de las páginas del panfleto peneuvista Deia e intelectual orgánico de la estupidez identitaria, Francisco Letamendía, da nuevas muestras de la podredumbre ideológica que se ampara tras el término nacionalista. En un artículo que hoy publica el panfleto antes aludido, Letamendía analiza (un decir) la detención de la cúpula etarra y deja en evidencia cuál es la verdadera actitud del nacionalismo ante el fin de ETA.
El intelectual orgánico del terrorismo empieza poniendo en duda que los detenidos en Francia sean culpables. “Caso de ser ciertos los cargos imputados a la pareja de Saliés de Verán”, escribe, para seguir con una glosa a los honrados proyectos de los jefes de ETA, que en absoluto se diferencian de los que cualquier padre o madre de familia:
“No hay que ser adivino para imaginar la tragedia personal que debió suponer para la pareja Albisu-Iparragirre el ver frustrarse la esperanza de poder vivir en Euskal Herria a plena luz del día en familia y con su hijo”.
Así es la vida de los etarras, incluso de los más asesinos de entre ellos, buena gente condenada al dolor que produce la incompresión.
El vomitivo Letamendía prosigue su deposición intelectual hablando de asesinatos. Bien, no exactamente de asesinatos. Más bien del balance de la empresa que le ocupa. Veamos los números del negocio:
“Bajo la dirección de Txomin Iturbe (1977-1984), se produjeron 375 víctimas mortales, 47 de media anual; en el período que va de la muerte de Txomin a Bidart (1985-1992), ETA causó 269 víctimas mortales, 34 de media anual; el período de 1993 a 2004 ha sido el menos letal, con 119 víctimas mortales y 10 de media anual.”
Todo perfectamente limpio, aséptico, cifras y promedios, balances cuadrados.
“La mortandad media en el período 1992-2004 es inferior a la del período que va de la transición hasta la caída de Bidart.”
El objetivo es claro: alejar el horror de las conciencias adormecidas de los nacionalistas que festejan atentados y/o lamentan detenciones. No hay muertos, solo resultados en el debe y el haber. Business is business.
En su constante manipulación de idioma con el fin de ocultar la realidad, el nacionalismo alcanza cotas surrealistas. De un surreralismo criminal. Y así, en el colmo del cinismo, Letamendía llega a sustituir el término armas por el de “instrumentos bélicos susceptibles de causar sufrimiento.” No resulta extraño que termine su repugnante artículo con una declaración de principios innecesaria:
“No seré yo pues quien me una al coro de felicitaciones dirigidas al ministro o ministros del Interior por la operación del 3 de octubre.”
Lo peor de este asunto no es que tipos de la bajeza moral de este adulador del sadismo piensen de esta manera. Lo más grave es que las instituciones democráticas consideren que, en nombre de la libertad de expresión, individuos como este nazi contemporáneo tienen derecho a hacer públicas sus digamos ideas.
Francisco Letamendía: ¿Hacia el fin de la violencia de ETA?















Bienaventurados los pobres de espiritu pues de ellos será el Reino de los Cielos
Publicado por:javier | sábado 20 de noviembre de 2004 a las 22:13
-esta pagina web da asco-
lliuta i resisteix per l'independencia del paisos catalans ||*||
Publicado por:anonimo | lunes 7 de noviembre de 2005 a las 1:25