Esquerra Republicana de Catalunya ha dado un paso más en su asimilación de la simbología nacionalsocialista. No es ninguna novedad. Tampoco resulta extraño. Al fin y al cabo, nacionalistas todos, los partidos que hunden sus raíces en sentimientos y no en la razón, suelen apelar más a los símbolos que a los argumentos.
ERC celebró el aniversario del fusilamiento de Lluis Companys con una procesión de antorchas. De madrugada. Andando. Así subieron a Montjuic los líderes y seguidores del fundador. En medio de la oscuridad, la procesión de las antorchas y las banderas esteladas camino del lugar del fusilamiento de Companys. Pura escenografía de otros tiempos. Los símbolos. A falta de razonamientos, símbolos y sentimientos. Aunque para que cuadren sea preciso torcer un poco los hechos.
Fue un asesinato, un crimen de Estado, quién puede dudarlo. Y quién puede dudar que, aparte de su muerte, que le enalteció y le convirtió en héroe (él fue bien consciente de ello), Companys resultó un mediocre presidente de la Generalidad catalana. Un presidente al que no preocupó escorar sectariamente hacia los suyos. Así que no fue el presidente de “los catalanes”, como algunos quieren vendernos ahora, sino solo el presidente de unos cuantos. Un político que cometió inmensos errores que hoy se intentan borrar apelando a sus estupendas cualidades personales (muchos historiadores hablan de que era una buena persona, como si eso les sirviera de algo a los pueblos).
Solo hay dos opiniones académicas con respecto a Lluis Companys: la de los historiadores nacionalistas y la de todos los demás, sean de izquierdas o de derechas, catalanes o de cualquier otro lugar. Para los nacionalistas, Companys es el héroe nacional contemporáneo, heredero directo del conde precursor y símbolo de la supuesta patria. Para todos los demás, fue un político desbordado por los acontecimientos que cometió varios errores de bulto y murió injustamente.
Estos días se han publicado numerosos artículos al respecto. Hay un resumen de los puntos de vista de historiadores actuales en El republicano que burló a la República. Gabriel Cardona, historiador de la Universidad de Barcelona, ha publicado El desconocido Companys (en El Mundo, edición de pago). Alejado de esta visión filonacionalista, Pío Moa ha escrito Companys y la República y César Vidal firma El verdadero rostro de Companys.
En la prensa catalana han aparecido estos días algunos artículos de periodistas con afanes más o menos historiográficos y una característica común: se centran principalmente en el fusilamiento y en sus aspectos más humanos y rozan la hagiografía. Todos responden al pensamiento único dominante hoy en Cataluña. El mejor ejemplo es Companys murió sin rencor, de Josep María Soria, que algún visitante, en un momento de exaltación mediática, ha colgado por aquí. Tan solo he encontrado un discrepante en la prensa catalana: Francesc de Carreras, que tímidamente señala los excesos en Agobiados por los símbolos. A título de anécdota, la sobrina del presidente asesinado declara que “no todos entienden igual su figura.” No sabe esta buena señora hasta qué punto es eso cierto. Aunque los exaltados y los manipuladores se empeñen en lo contrario.
