Momento de particular importancia en la política catalana y en la historia del Principado. El gran debate en estos momentos, la atención de instituciones y creadores de opinión, el análisis mediático se centra en la asistencia (o no) de la clase política a un partido de hockey.
Maragall da una lección de no se sabe muy bien qué llevándose a Artur Mas de viaje a Asia. Presidente de la Generalidad y jefe de la oposición intentan demostrar a los bárbaros lo civilizado que es ser catalán, nosotros no nos pegamos, no nos insultamos, tenemos sentido de Estado y sobre todo sentido de patria. Representamos a Cataluña, de modo que ahí todos estamos de acuerdo. Desde el nacionalismo se presume, se teoriza y se especula con el carácter nuevo de este viaje (Maragall y Mas, Xino-xano, El cap de l'oposició reivindica la unitat d'acció amb el govern català per als principals temes de país , Maragall y Mas exhiben en Pekín plena sintonía en política exterior, Maragall obre la porta perquè Carod i Piqué l'acompanyin en els viatges).
Y así Maragall y Mas se han paseado de la mano por ahí presumiendo de savoir faire y siendo recibidos por autoridades de diversos países. Hasta que llegó el fútbol. Digo, el hockey. Mucho ejemplo, mucha civilidad, mucho fer pais, pero terminan peleándose por un partido de hockey (Maragall, Mas y Carod pugnan por apadrinar a la selección de hockey, Polèmica per la decisió unilateral d'Artur Mas d'anar a veure Catalunya al Mundial B d'hoquei, Mas aprovecha el viaje para ver a la selección de hockey y Maragall y Carod se lo plantean, Mas acaba el viatge a la Xina desmarcant-se de la política exterior del govern Maragall).
Es lo que tiene el nacionalismo: se curran tanto los símbolos, los gestos, se obsesionan tanto con ellos, que acaban convirtiéndolos en caricaturas de su supuesta ideología.
Selecciones deportivas nacionales: cuando el sueño de la razón solo produce risa
