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martes 4 de enero de 2005

¿Dialogar o aplicar la legislación?

De cómo actúe el Gobierno en los próximos días dependerá que la crisis territorial se concrete o pase a mejor vida. A Rodríguez Zapatero le toca estar a la altura del momento político que vivimos y en el que lo peor está por llegar.

Con el nacionalismo no es posible el diálogo. La prueba de ello es que hay quienes, todavía hoy, apelan a ese procedimiento en su relación con los nacionalistas. Si el diálogo con el nacionalismo sirviera para algo, hoy no estaríamos hablando de cosas que ya debatimos y pactamos hace 30 años. Todo lo que había que decir, quedó muy claro en el 78.

El diálogo, en ocasiones útil instrumento de la política, está basado en la lealtad de las partes. Pero el nacionalismo carece de esa cualidad. Maragall dijo que en México que "el catalán es nuestro ADN". Se equivocaba. Lo esencial del nacionalismo, sea catalán, vasco o de cualquier otra procedencia, no es la lengua. Su verdadero ADN es la deslealtad.

Sucede que para los nacionalistas esa deslealtad no se considera traición a la palabra dada y al compromiso adquirido, sino “fidelidad a la patria”. Y este acomodaticio doble lenguaje de dudosa moralidad hace inviable cualquier intento de diálogo.

De modo que no quedan muchas opciones. Por más que se maree la perdiz o se apele al diálogo, las cartas están sobre la mesa y tan solo hace falta que quien puede y debe, empiece a tomar las decisiones correspondientes que marca la ley. El único lenguaje que el nacionalismo respeta es el de la firmeza en las convicciones y el de la voluntad política de aplicarlas.

Por otra parte, como también se ha demostrado reiteradamente, el nacionalismo es una ideología esencialmente asustadiza y cobarde. Durante 40 años de resistencia al franquismo no se vio aparecer a un solo nacionalista que diera la cara (hubo una honrosa excepción: Jordi Pujol). Luego, en democracia, cuando en la legislatura anterior se decidió acabar con el terrorismo nacionalista callejero, los nacionalistas auguraron todo tipo de desgracias y profetizaron un agravamiento de los problemas. Pero se aplicó la ley, la kale borroka desapareció y la situación mejoró de manera apreciable.

En esta página abundan últimamente los comentarios en la misma línea: no provoquéis que es peor, dejadles hacer que si no, se radicalizan. Pero la realidad es que el mero anuncio de un boicot ha hecho que los más conspicuos secesionistas plieguen velas.

Los actuales propuestas nacionalistas están a medio camino entre la independencia y el apaño. El plan Ibarretxe no es más que un intento de lograr la independencia sin poner el riesgo la pertenencia a Europa. Si se pidiera directamente la separación de España, la eventual nueva nación se encontraría fuera de la UE, de modo que, para evitarlo, se habla de “Estado libre asociado”, engendro jurídico que permite presumir de independencia mientras España sigue pagando el avión a Bruselas.

La estrategia nacionalista parte de un análisis tan simple como errado: se consumará el referéndum, ganará el plan Ibarretxe y el Gobierno, ante el resultado, no tendrá más remedio que aceptar la situación. Y si se niega, unas misteriosas instituciones internacionales (rara vez los nacionalistas concretan cuáles) darán la razón a quienes defienden el derecho de autodeterminación. De este modo se consumará la particular “descolonización” de España.

Frente a esta fantasía nacionalista, la jurisdicción española y la normativa europea es muy clara con respecto a los intentos de secesión. En la Unión Europea semejantes procesos se rechazan explícitamente y los eventuales nuevos países tendrían que negociar su ingreso, porque nacerían al otro lado de las fronteras comunitarias.

En cuanto a la legislación española, la Constitución determina cuál es la composición territorial de España y qué relación tienen cada una de las autonomías con el Estado y entre sí. También se especifica lo que sucede cuando un gobierno autonómico decide echarse al monte. De modo que no hay más que aplicar la ley.

Para los nacionalistas constituyó un escándalo que el ministro Bono declarara sentirse satisfecho de que la Constitución encomiende al Ejército la defensa de la unidad territorial. Pero presentar como agravio tal eventualidad no es más que una nueva manipulación de los hechos. ¿En qué país del mundo el ejército no está para defender las fronteras exteriores y para evitar las sediciones interiores? ¿Es que acaso Francia, el Reino Unido, Canadá, Alemania, Estados Unidos o cualquier otra nación no recurre a su ejército como salvaguarda de su unidad nacional?

No estamos todavía en esa fase, aunque todo indica que corremos serios riesgos de llegar a ella antes de lo que muchos imaginan. Ahora estamos en la tramitación política y jurídica del conflicto. Pero para evitar llegar hasta el final es preciso que la actual fase se cumplimente en todos sus extremos.

Zapatero no puede pasar a la Historia como el presidente que sacó los tanques a la calle para evitar la independencia de una región. Pero para ello ha de empezar a tomar medidas, las que corresponden al momento presente. Y esas medidas son muy sencillas y están expuestas con claridad en nuestra legislación.

El presidente del Gobierno sabe que el plan de secesión “amable” aprobado en el Parlamento vasco cae ya dentro de la ilegalidad. Por lo tanto, debe ir al Tribunal Constitucional. Si el presidente prefiere esperar al trámite parlamentario del fantasioso plan Ibarretxe, adelante. Pero no es en absoluto oportuno que dirigentes socialistas, miembros del Gobierno o representantes de la Judicatura vinculados a él se descuelguen con declaraciones que tratan de quitar hierro al asunto, en las que sostienen que no pasa nada y que no hay motivo para llevar el proyecto al Constitucional.

También sabe Zapatero que la convocatoria del referéndum es ilegal. Hace pocas semanas su Gobierno legalizó tal posibilidad pero está a tiempo de enmendar el error. Asimismo conoce el presidente que, de llevarse a cabo la convocatoria a pesar de su ilegalidad, habría llegado el momento de aplicar la suspensión de la autonomía vasca.

Todo eso lo sabe Rodríguez Zapatero. Pero prefiere no hablar de ello, en la confianza de que el diálogo acabará poniendo las cosas en su sitio. Si el presidente del Gobierno lleva hasta el final ese culto al diálogo que, en la práctica, está paralizando su Gobierno y creando alarma social, habrá incurrido en una irresponsabilidad de consecuencias imprevisibles.

Zapatero va a recibir el presidente regional vasco en los inmediatos días y el PP clama al cielo. No deberían los populares volver a sus errores del pasado: entre las obligaciones del presidente del Gobierno de España figura reunirse con los presidentes autonómicos, y más en la presente situación. Siempre y cuando sea para lo que el propio Zapatero ha anunciado: para decir no. Aunque el no, en estos momentos, tampoco basta.

PSOE y nacionalistas han viajado juntos muy a menudo en la Historia de España. El Partido Socialista colaboró con los nacionalismos en los años 30 del pasado siglo y volvió a ir de su mano durante la transición y en los años de gobierno de Felipe González. Siempre que los nacionalistas han medrado en España ha sido gracias al PSOE.

Si Zapatero aplica las soluciones previstas en la actual legislación, romperá con esa tradición histórica en el socialismo español. La oportunidad que se le ofrece al presidente del Gobierno es excepcional. Poner fin a ese círculo que cada cierto tiempo nos conduce a la catástrofe constituiría una novedad de enorme importancia. Si el nacionalismo es consciente de que, ni con la izquierda, ni con la derecha tendrá nunca nada que hacer, su comportamiento será muy otro. Por ello la forma de actuar de Zapatero en los próximos días puede ser decisiva para aparcar definitivamente el conflicto territorial.

A los nacionalistas hay que hablarles en su mismo idioma. La reunión del presidente del gobierno con Ibarretxe resultará muy útil e importante si los nacionalistas salen de ella convencidos de que el Estado, sea quien sea el que lo gobierne, va a aplicar cada una de las medidas previstas por nuestras leyes ante cualquier intento de secesión, sea esta “amable” o antipática.

Zapatero no se puede limitar a amonestar a Ibarretxe con buenas palabras y apelaciones al diálogo. Tiene que recordarle los pasos jurídicos y políticos que el Gobierno, en cumplimiento de la Constitución, puede dar. Y tiene que hablarle de la suspensión de la autonomía y de las responsabilidades penales en que incurriría el gobierno regional vasco si convocara el referéndum. Tampoco estaría mal que el presidente le recordara a Ibarretxe cuáles son las funciones constitucionales del Ejército.

Y en el momento en que quede bien claro por parte de los nacionalismos que no existe la menor voluntad secesionista, adelante con el diálogo otra vez. Pero la manifestación de esa renuncia al secesionismo tiene que ser de una claridad meridiana para todo el mundo. Y eso es algo que, hasta ahora, jamás ha sucedido.

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian ¿Dialogar o aplicar la legislación?:

Comentarios

Acabo de desembarcar en este blog y me alegra descubrirlo porque el tema me interesa y preocupa. En cuanto al plan Ibarreche, creo que ya está todo perdido, que nuestros políticos se han dormido y se ha llegado a un callejón sin salida. ETA ya tiene lo que quería: un plan secesionista aprobado por un parlamento democrático. Ahora todo lo que se haga se venderá como una imposición de Madrid y los nacionalistas tendrán un nuevo argumento en su falacia victimista.

A los nacionalistas se les ha dado "mucha cancha" durante la transición y el último gobierno de González y el primero de Aznar.

Y ahora pagamos las consecuencias: no podemos opositar en esas regiones, ni estudiar en sus universidades, porque no hablar un idioma, (ellos pueden opositar en las nuestras); manipulan la historia en los colegios; son egoistas por naturaleza y se niegan a la solidaridad entre las regiones...

He escrito un breve comentario en mi blog
http://usuarios.lycos.es/dejalatele/
y soy muy pesimista.

El primer articulo es realista.Me ha gustado y no me meto en polemica, pues , aunque me afecta , como a todos, creo que hay quien lo hace muy bién

No se como Zapatero le ríe tanto las gracias al nacionalismo teniendo en su propio partido voces muy críticas con esa ideología. Pero, en fin... ahora ya es tarde para frenar algo así sin consecuencias claras. Cualquier actuación encaminada a derimir el proyecto, no hará más que engrandecer el victimismo del nacionalismo.

muy bien por el primer comentario es comedido inteligente y moderado aprendan los nacionalistas

Lamento ser más pesimista: "PSOE y nacionalistas han viajado juntos muy a menudo en la Historia de España", cierto; los nacionalistas han medrado y el PSOE nos ha llevado al borde del abismo o dentro de él. Creo que la pregunta no es ¿qué va a ocurrir? sino¿qué vamos a hacer para evitarlo?. Un saludo y ánimo para el nuevo año.

Estando de acuerdo en casi todo, hay algo que creo que merece una matización: decir que en 40 años de rsistencia al franquismo no ha habido ningún nacionalista con la excepción de Pujol me parece una exageración, por lo menos, porque aunque se cuestionen sus métodos, no hay que hacer lo mismo que ellos y tergiversar la historia, y uno de los que más ha resistido al franquismo fue, aunque ahora nos pese, ETA.

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