Salamanca, la intolerante
Resulta llamativa la capacidad del nacionalismo para agredir y aparecer al mismo tiempo como la víctima de la agresión.
Los nacionalistas catalanes convierten la cuestión de Archivo de Salamanca en un conflicto “nacional” entre los derechos sagrados del supuesto “pueblo catalán” y una ciudad castellana. Pero una vez que los papeles se emplean como “armas” en una “guerra” interterritorial, resulta inevitable que los salmantinos sientan la división del Archivo como una agresión colectiva.
Con Salamanca, el nacionalismo catalán ha hecho lo mismo que con la Comunidad Valenciana: actuar con la prepotencia de quien no está dispuesto a ceder un ápice en sus fantasiosas pretensiones. Ve y toma lo que es tuyo, nada importa lo que digan los nativos. Ese es el mensaje que llega siempre, ya sea en Salamanca o en Alicante, a la ciudadanía.
Pero al mismo tiempo el nacionalismo trata de aparecer como la víctima de esa agresión. No solo da el golpe y esconde la mano. Además se queja:
“Salamanca, con su alcalde a la cabeza, es sinónimo de intolerancia, fanatismo y reivindicación de las más puras esencias del franquismo más terrorífico (…) La conversión de Salamanca en el símbolo del horror franquista (haciendo la competencia al bochornoso Valle de los Caídos) ha tenido su último capítulo en las conclusiones de una comisión de expertos que ha determinado en un viejo litigio sobre la pertenencia de unos papeles robados por las tropas del dictador Franco en Barcelona a lo largo de 1939 (…) El alcalde de Salamanca no está haciendo sino apología del golpismo (…) Y apología del genocidio (…) España no ha roto con el franquismo. No ha roto con su historia, con sus códigos políticos, con sus formas, con sus símbolos (…) Reivindicar en 2005 la existencia, los fondos y la filosofía de semejante engendro, tal y como lo hace el alcalde de Salamanca y parte de su sociedad, es hacer, como he afirmado antes, apología del genocidio” (Iñaki Egaña, Salamanca, Deia, 26.01.05).
Buen procedimiento el del nacionalismo para acercarse a Salamanca.















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