Cuando ETA utiliza a Dios: el caso del padre Amundarain
Dionisio Amundarain es benedictino. Es nacionalista y confiesa que se emociona ante un etarra. Y es también uno de los promotores de la “blanca” plataforma etarra Aukera Guztiak.
En los actos de apoyo a la plataforma ilegalizada que promueve, el padre Amundarain ha llegado a comparar la democracia española con la ateniense:
"El término democracia quedó corrompido desde el principio. Hoy sigue habiendo muchos esclavos en el mundo y los vascos seríamos como aquellos esclavos si no hiciéramos frente a la vulneración que nos quieren imponer desde Madrid." («Si no les hiciéramos frente seríamos como los esclavos»)
Pero lo más grave de este religioso, partidario de una especie de "gora Dios", son sus argumentos "morales" en relación con el terrorismo.
El benedictino Dionisio Amundarain presume de un hecho sorprendente: nunca ha condenado a ETA. Alardea de ello. Se siente orgulloso de ese comportamiento. Y para justificarlo no duda en recurrir al mismísimo Jesucristo.
Vayamos por partes. Este religioso amigo de los nacionalistas armados confiesa que ETA le reconforta:
“Que yo recuerde, y sabiendo que era de ETA, con una sola persona he hablado largo y tendido en mi vida. Era por el año 1975. Ni se me pasó por la mente el manifestarle ninguna condena. Lo que sí se me quedó grabado fue lo siguiente.
“Al despedirse me rogó: «Ruégale a la Virgen por mí». Mi respuesta fue simplemente: «Tómate tú también un ratito para conversar con la Madre».
“Tengo que confesar que me emocionó aquella salida. Y, a la verdad, seguí rezando por él y lo sigo haciendo, aun cuando lo mataron al poco tiempo. Y lo sigo haciendo por todos los miembros de ETA. Me resulta enormemente gratificante hacer tal cosa. Nunca he condenado a ETA.”
¿El Jesús del Evangelio, ejemplo para nacionalistas? El padre Amundarain encuentra los motivos para defender su forma de proceder en la vida de Jesucristo:
“Un día los mandamases le presentaron a Jesús de Nazaret una mujer a quien habían pillado en adulterio. Querían enredar a Jesús. Este, según aquellos, tenía que condenarla a muerte, según establecía la ley; caso de que la condenara, Jesús se hubiera desdicho de todo lo que estaba proponiendo y enseñando; caso de que no la condenara, obraría contra la ley.
“Jesús les dijo: «El que de entre vosotros esté sin pecado, puede tirarle la primera piedra». Al oírlo, uno tras otro, se fueron todos ellos.
“¿Verdad que en el fondo no eran tan malos? Porque, en el fondo supieron reconocer que eran pecadores. En nuestra sociedad los grandes acusadores los gobernantes, los grandes políticos, los super-fiscales, los super-jueces... ¿reconocen que son pecadores?”
El delirante argumentario de este etnicista no se agota en los Evangelios y las enseñanzas de Jesucristo. El padre Amundarain se atreve a ir más allá. Para él, condenar los asesinatos de los nacionalistas armados supone ofrecer una lectura en negativo del cristianismo:
“Nunca he condenado a ETA. Al tratar sobre la conducta humana y cristiana, me he dado cuenta de que es más noble y más eficiente hablar en clave positiva. Hace muchos años me tocó dar algunas clases de moral fundamental.
“En ellas insistí en lo que estoy diciendo. La gente estaba cansada de que se le hiciera fundamentar toda su vida moral en el rechazo del mal (del pecado, del pecado original, etcétera).
“Traté de darle una visión más gratificante, más atrayente, más seductora como la que consiste en poner la mira en el fin al que está llamada la Humanidad entera. La respuesta recibida fue muy agradable. Y creo que muy eficaz.”
La simpleza intelectual y la desvergüenza moral de este “caritativo” cómplice de los asesinos en serie del nacionalismo armado no se escandaliza ante la extorsión y el crimen, pero su “cristiana” sinceridad le lleva a reconocer que puede perder los nervios cuando le mientan la patria:
“Sinceramente, prefiero hablar en clave positiva, aunque alguna vez, llevado por el fuego interior encendido por una injusticia, a nivel individual o colectivo o de pueblo, no lo haya podido encauzar tal como por principio lo hubiera querido.”
Junto a las razones evangélicas y doctrinales para no condenar el terrorismo, el padre Amundarain apela también a la economía de gestos: ¿para que condenar a ETA si todo el mundo sabe cómo pienso? El grado de cinismo de este sujeto da un paso más:
“Nunca he condenado a ETA porque, sin despreciar, ni mucho menos, el mensaje verbal, doy más importancia al no-verbal. Al testimonio de la vida, de la vivencia, de la existencia.
“En Euskal Herria nos conocemos casi todos. Personalmente o por referencias. Directa o indirectamente. Por ello, estoy convencido de que por referencias mucha gente de ETA sabe, si no perfectamente, sí fundamentalmente cómo respiro.
“Creo que el testimonio de la vida tiene más valor que todo un libro, en orden al tema que llevo entre manos.”
El tema que lleva entre manos es Aukera Guztiak. Así que el “testimonio de vida” de este caballero no se siente aludido por quienes viven junto a su casa y están amenazados de muerte por ETA, pues cometieron el gran pecado de condenarla en público.
Para padre Amundarain condenar el terrorismo solo sirve para que haya más terrorismo. Es decir, si toda la sociedad vasca, individuo a individuo, condenara el terrorismo y otro tanto hicieran todas y cada una de las asociaciones, entidades, sociedades, empresas, clubes, partidos, iglesias, etc., el resultado sería más terrorismo.
Es más, quienes condenan el terrorismo no tienen las manos limpias. El padre Amundarain se llega a preguntar si es moralmente lícito condenar el terrorismo cuando uno no es más que un pobre pecador:
“Nunca he condenado a ETA porque creo que las palabras condenatorias son siempre, absolutamente siempre, contraproducentes en orden a conseguir lo que se pretende. Máxime, cuando la condena proviene de personas o grupos que, a su vez, no gozan de ninguna autoridad moral para exigir nada, absolutamente nada, a otros. «El que de entre vosotros esté sin pecado puede tirarle la primera piedra», les dice Jesús a los acusadores de la mujer adúltera.
“De hecho, me permito preguntar a todas las autoridades y colectivos que asumiendo el papel de papagayo llevan años condenando a ETA: ¿Qué habéis logrado? ¿Tenéis vosotros mismos las manos limpias?“
Para este iluminado de la sinrazón y la barbarie, la religión enseña que nada importa, solo “lo positivo” (cualquiera que sea el significado de semejante patraña) es válido:
“Nunca he condenado a ETA. No lo considero noble. No lo considero eficiente. Nunca he condenado a ETA, y no veo razón alguna para cambiar de postura. Más bien, gracias a Dios y gracias a muchos escritos de autores cristianos o no, me veo cada vez más reforzado en mi convicción de que se realiza mayor bien a la humanidad hablando, escribiendo y viviendo en clave positiva.”
Este vergonzoso texto apareció el 23 de marzo de 2005 en el diario etarra Gara (Dionisio Amundarain, Nunca he condenado a ETA).
Desde entonces no ha actuado ningún fiscal. Y parece que la Iglesia vasca, de la que quizá dependa este individuo tan visiblemente necesitado de tratamiento psicológico, no tiene nada que decir.














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