El regreso de Batasuna
Es bastante probable que Batasuna vuelva a ser legal por la puerta de atrás y gracias a una lista de apariencia seráfica. Hay mucha gente interesada en que así sea.
Hay mucho rumor de pacto, de reuniones reservadas, hay mucha hambre acumulada en quienes ambicionan, por encima de todo, llegar al poder, hay piezas moviéndose por todas partes.
Hay independentistas catalanes haciendo campaña internacional a favor de Batasuna, amigos de ETA de gira por países vecinos, sectores de la izquierda, calculadora en mano, defendiendo la legalización de quienes todos, absolutamente todos, saben quiénes son. Estalla mucha bomba de calculado efecto, ningún muerto, mucha exhibición. Hay mucho preboste con rimbombante titulación defendiendo lo que defiende Otegi.
Y sobre todo, se está creando el ambiente, el caldo de cultivo para que, más temprano que tarde, terminemos por aceptar lo inaceptable: tal vez, si ellos se comprometen, bueno, por qué no, intentémoslo, al fin y al cabo lo importante es que se sienten a hablar, qué más da si hemos de pagar un precio, hay que acabar con esto.
Lo curioso en la previsible vuelta a la legalidad de los asesinos en serie en nombre de la patria es que nadie se pregunta para qué sirve Aukera Guztiak. Veamos. Si más o menos, por omisión, condenan la violencia. Si son independentistas. Si dicen no ser Batasuna. Si todo eso, ¿para qué quieren presentarse? ¿Acaso no existe Aralar? ¿Y no es Aralar exactamente todo eso?
En vísperas de la re-legalización de la ETA parlamentaria, el presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia sitúa en su verdadero contexto el proceso que estamos viviendo, aquel para el que nos están preparando:
"La sociedad ha venido pecando de necedad, flaqueza e inmadurez en lo tocante a ETA, seamos honestos. En ese capítulo culposo o negligente no entra, en cambio, el PNV. El papel del nacionalismo jeltzale ha sido, por el contrario, doloso. El usufructo inmoral del terrorismo etarra por parte del PNV, consciente y premeditado en casi todo su comportamiento político, ha venido destilado, en general, por una comprensión paternalista de la violencia terrorista, reprobada pero siempre puesta en el contexto de un conflicto inexistente con el Estado. Es decir, para el jeltzale, ETA es mala pero es mala porque la hacen ser mala. De manera que, en lo que al PNV respecta, ETA nunca se ha sentido mala. Y puesto que el PNV nunca ha hecho a ETA sentirse mala, los etarras no van a comprender que asesinar es un crimen contra la Humanidad porque se lo digan los españoles, que son los enemigos. Tal es la inmoralidad de base en el abertzalismo jeltzale: el paternalismo, con tonalidades incluso míticas, respecto del abertzalismo etarra. De ese epicentro generatriz se han derivado toda la serie de barbaridades peneuvistas hacia las víctimas asesinadas, mutiladas y perseguidas, hacia los ciudadanos y, en fin, hacia la democracia.
"Ocurre que cuando alguien viola sistemáticamente un espacio de reglas y lo hace además en grupo, con una conducta sostenida a lo largo del tiempo, acaba construyendo una moral propia por la que regirse. Esa moral es inmoral para quienes la rodean y de ella quedan excluidos, pero sirve a los fines de la propia conducta. Así sucede con ETA o con los islamistas, que consideran sus asesinatos veniales y justificados con relación a unos códigos de comportamiento artificiales construidos al efecto para validar la violencia. Así le ha ocurrido al PNV, que con el tiempo ha fabricado una moral propia que le ha permitido firmar sin rubor un acuerdo con ETA en Estella, diseñar un limbo ilegal para su comando parlamentario y después aceptar, explícitamente, el voto de ETA para un plan etnico-soberanista.
"El cenit simbólico de toda la recodificación moral en los habitantes del mundo mítico de 'Abertzalia' llega con el referéndum inherente al proyecto del PNV. Quienes lo han planificado no son capaces de interiorizar que es inmoral convocarlo bajo el chantaje emocional de que la imposición del plan Ibarretxe puede encarrilar el fin de ETA. El principio de un absolutismo a cambio de otro cesante. Es inmoral, además, que buena parte del electorado deba hacer una elección de marco de convivencia en libertad vigilada. A veces me pregunto si la moral democrática es indisoluble de la ciudadanía. Si lo fuera, la ciudadanía prevista para 'Abertzalia' en el plan Ibarretxe es una herida abierta que supura sangre de víctimas de ETA." (Andrés Montero Gómez, La inmoralidad de 'Abertzalia')















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