Todas las ideas, todos los partidos han sufrido en España un proceso de transformación desde sus posiciones iniciales en el momento fundacional de la transición. Todos excepto los nacionalistas, cuya única evolución consiste en su progresiva radicalización.
¿Cuál es la alternativa que ofrece un partido nacionalista en la oposición frente al nacionalista que gobierna? Ir más allá. Ser más etnicista que el partido instalado en el poder. Acusarle de blando y llegar más lejos.
Sucedió con Esquerra Republicana de Catalunya en relación con el pujolismo de CiU. Acaba de suceder con los nacionalistas de la pistola en relación con los nacionalistas “amables” del PNV y EA.
El nacionalismo no revisa sus fundamentos en función de las transformaciones sociales o la evolución política, como hacen todas las ideologías. El nacionalismo, en tanto que fe de cariz religioso, es inamovible y la única evolución que puede ofrecer es su progresivo radicalismo. En el nacionalismo solo cambia el elemento fundamentalista.
¿Y entonces por qué la gente les vota?
La imagen de dos líderes políticos votando rodeados de fascistas ocultos tras sus gritos y sus pancartas es la verdadera imagen de unas elecciones que no terminan de ser normales. Y en democracia, normales quiere libres. Libres de amenazas. Libres de miedos.
La presencia renovada de ETA en estas elecciones explica la permanencia del secuestro de la libre voluntad ciudadana. Mientras no desaparezca, no se podrá hablar de una sociedad con capacidad para elegir en paz.
Pero quienes han votado más nacionalismo, más allá, más fronteras y más control racial de los derechos cívicos no han sido los constitucionalistas, que en términos tanto absolutos como relativos no solo se mantienen, sino que aumentan en relación con las anteriores elecciones. Por primera vez, el constitucionalismo supera al nacionalismo de PNV y EA y también al antiguo tripartito.
Quienes han votado más raza han sido los nacionalistas que antes votaban más PNV. Una vez hecho el trabajo sucio del etnicismo, una vez preparado el terreno, una vez condicionadas de manera adecuada las conciencias tras 25 años de lavado de cerebro educativo y mediático y de presión social, los partidos nacionalistas “amables” siempre dejan paso a la cara más cruda, más primitiva y reaccionaria del nacionalismo.
Ha sucedido en Cataluña con CiU, que alumbró a ERC. Acaba de pasar en el País Vasco con el PNV, que ve crecer a sus compañeros de viaje, PCTV, los nacionalistas de las pistolas.










