España vs Yugoslavia y la URSS
Los riesgos de destrucción del Estado en España por causa de los nacionalismos, ¿tienen algún paralelismo con los que provocaron el fin de Yugoslavia y de la URSS?
Un lector de esta página, Jaume, aporta un muy interesante artículo, El nacionalismo y el colapso de la Unión Soviética, en el que Stanley G. Paine se pregunta si los riesgos nacionalistas en España se pueden comparar con los que llevaron a la destrucción de la Unión Soviética y de la antigua Yugoslavia:
Las corrientes de nacionalismo fueron más frecuentes en el siglo XIX, y desde 1875 se han visto cada vez más espaciadas. Aunque pueden encontrarse desafíos internos al sistema estatal existente en varios países europeos, la actual estructura de Estados dentro de la Unión Europea tiende a ser mutuamente reforzante. Las negociaciones internas siempre tienen lugar dentro de sistemas de gobierno democráticos, pero es improbable que se produzca otra gran corriente de nacionalismo en un futuro próximo. El sistema europeo actual de cooperación internacional forja un respeto mutuo por la integridad de los miembros, mientras que la práctica democrática, en contraposición a la política de los Estados autoritarios, da cabida a las diferencias internas sin que surjan rupturas.Podría plantearse como última pregunta si la experiencia soviética y de Europa del Este plantea algunas lecciones para el caso de España. Y aun en el caso de que las conclusiones anteriores fuesen válidas para Europa en su conjunto, aún cabría preguntarse: «¿España es diferente?». El grado de controversia creado por las fuerzas separatistas es actualmente mayor en España que en cualquier otro país europeo y, pace Zapatero, no existe una solución fácil que negociar.
Está claro que España no es directamente comparable ni a la Unión Soviética ni a Yugoslavia (esta última se rediseñó en 1945 como una Unión Soviética en miniatura, en la línea de la estructura propuesta para España por el Partido Comunista antes de 1936). Ambos sistemas eran entidades genuinamente supranacionales, a pesar de su estructura interna de repúblicas nacionales nominales. Dado este carácter supranacional (y también enormemente autoritario), casi todas las grandes nacionalidades podían esperar conseguir su objetivo por medio de la secesión. España, por contraste, es un Estado nacional pluralista y asimétrico que contiene un número comparativamente reducido de grupos étnicos separatistas o cuasi separatistas, aunque la sensación de identidad nacional es más débil que en la mayoría de los Estados europeos. En España no hay ninguna posibilidad de un colapso del Estado nacional mientras las fuerzas separatistas no tengan la fuerza de escindirse por sí solas.
Queda el tema de «facilitar» el separatismo por parte de otras fuerzas españolas, lo que cambiaría radicalmente la ecuación. No existen precedentes de ello en la política europea contemporánea, pero —hipotéticamente— España podría ser «diferente». Esta facilitación sería de algún modo equivalente a la que los republicanos de izquierda proporcionaron a los revolucionarios en 1936. No es probable que esta facilitación llegara al extremo de permitir el separatismo total, aunque puede alentar, sin embargo, un buen número de problemas a sólo un paso del separatismo.
Un factor decisivo cuya influencia no puede determinarse de antemano es el de las condiciones y los conflictos internacionales. Las condiciones internacionales favorecieron el separatismo y la independencia nacionalistas en los años noventa. Los nacionalistas vascos y catalanes esperan y suponen que la globalización del siglo XXI tendrá efectos igualmente benéficos para ellos, aunque no está claro que las cosas vayan a ser así.
Además, no puede predecirse cómo afectarán a España las tensiones intercontinentales e intercivilizacionales, que es probable que se agudicen en años venideros. En Rusia ya han tenido el efecto de exacerbar el nacionalismo y el control panruso, pero Rusia no ha llegado a ser nunca un país plenamente democrático. Los pesimistas podrían argüir que España ya ha pasado una especie de «umbral negativo» de secularismo, hedonismo y cosmopolitismo más allá del cual es imposible cualquier reacción patriótica, aunque se trata probablemente de una exageración.
Aunque España no haya de compararse con la Unión Soviética o con Yugoslavia, habrá de seguir enfrentándose, sin embargo, a una combinación única de desafíos sin parangón en ningún otro país occidental. Aquélla está integrada, por un lado, por poderosas fuerzas separatistas dentro de casa, a lo que se une un problema creciente de inmigración no asimilable y, asimismo, una frontera meridional turbulenta. La simultaneidad de los tres factores es única y bien puede significar que la próxima generación de la política española será más tensa y conflictiva de lo que lo han sido los últimos veinte años.
El documento íntegro se puede leer en Fundación para la Libertad.















Al hilo de este texto, aporto el siguiente de un debate:
“Aunque en mi opinión el articulísta es tendencioso como comentarista político, el artículo, basado en libros, es un maravilloso ejemplo de cómo trabaja la ciencia. Se analiza con precisión clínica los detalles de todos los movimientos nacionales surgidos a raíz de la desaparición de la URSS, cotejándolos con la primera ola de esos movimientos 1789-1871 y posteriores. Se concluye nuevamente que los nacionalismos tienen leyes internas, obedecen a unas causas, se forman alrededor de una lengua, etc. El colmo es que llegan a medir los requisitos indispensables para poder aspirar a ser Estado, 560.000 habitantes, 85 % porcentaje de población lingüística, grado de urbanización, etc. eso para empezar, luego llega el turno del papel dentro del sistema productivo mundial, vecinos, situación política y fuerza del Estado dominante, etc. Como se sabe, el tema está estudiado desde hace al menos 150 años. Y si comparamos la situación de Cataluña, según lo que sabemos, los catalanistas no llegarán ni a la esquina. Si llegan habrá que darles el Nobel por haber sido los primeros del mundo y la historia mundial. Y dejando los estudios pero reteniendo su saber, hagamos una pregunta sencilla, ¿A quién beneficia el catalanismo además de los funcionarios de la administración y los medios? A nadie más. ¿Porqué entonces siguen en el poder? A) por la paciencia de la mayor parte de la población. B) Porque el Estado español tiene peculiaridad histórica y origen confuso pactado en el 78. C) porque los ciudadanos españoles todavía no se han enterado del todo que les quieren robar. Este es el panorama. ¿Cuál el de los catalanistas? Más doctrina en las escuelas, más multas a las tiendas y más valor para defender en la calle su lengua. Poca cosa para afrontar el global y vigoroso viento de la historia que lleva en volandas los intereses mayoritarios.”
Publicado por:Jaume | miércoles 20 de abril de 2005 a las 20:15