En España quedan dos vestigios del franquismo: por un lado el terrorismo, por otro el nacionalismo. Claro que ambos constituyen dos caras de una misma realidad. Y hoy tenemos una prueba más.
Causa vergüenza (y ni siquiera ajena), desasosiego y mucha tristeza constatar que convivimos con personas que, 30 años después de la muerte de Franco, se comportan exactamente igual que Girón o Blas Piñar.
Lo único que estas tres décadas han reportado a algunos ha sido un ligero maquillaje. Pero las gruesas, pegajosas capas de rimmel no consiguen ocultar ese chapapote ideológico que conocemos como nacionalismo.
Refiriéndose a los firmantes del manifiesto que reclama en Cataluña la formación deun nuevo partido no nacionalista, un individuo de nombre Oriol Malló, que se define como periodista y escritor, firma esta cosa:
“Son la nueva falange. Los falangistas, gente culta, intelectuales puros, sólo querían que fuéramos buenos españoles, católicos, viriles, pero éramos sucios, republicanos, herejes y queríamos dividir y no unir, que esto es España; una unidad mística fraguada sobre el linchamiento y el genocidio o, para ser más finos, una hermandad a base de hogueras purificadoras.
“Quién no lo entienda tiene que morir y los falangistas querían que los catalanes nos apuntáramos sinceramente al carro de la victoria.
“Mis buenos amigos Espada, De Azúa o Boadella ya lo saben porque ya se lo hemos explicado cuando hacíamos piña en foros babélicos: el fascismo también nace en Catalunya, nuestro catolicismo, teñido de falso progresismo, odiaba la religión republicana catalana y encontraron con Franco la excusa ideal por someter el país a una purga expiatoria de la cual saldríamos limpios de culpa, robotizados e idiotas, serviles y maleables.
“Pero los románticos de la Falange esperaban más y yo los entiendo: que el catalán se hablara flojito y en la intimidad, que los catalanes se entregaran, felices, a la nueva España y que la cuestión catalana, este estorbo perpetuo, desapareciera una vez liquidados, físicamente también, sus usuarios, como por ejemplo los intelectuales catalanistas.
“Ahora exigen que se los escuche y se los abren las tribunas públicas. Pero yo, al contrario, pienso que tenemos que respetar su espíritu romántico.
“Más franqueza, amigos Boadella, Espada y De Azúa, jodido Félix, que sacabas los ojos de las cuencas, allá al Antiguo Horno, mientras nos decías que la humanidad tenía que volver a los sacrificios humanos y al canibalismo por recuperar la virilidad de la masa que como buen hijo de franquista sabías criminal y española.
“Ay, demonio Boadella, como nos conocemos, yo que tanta propaganda te he hecho, Dios y el pueblo me perdonen, que por no tener narices de matar a los militares que te perseguían te conviertes en un de ellos.
“Y, como no, querido Espada, comisario Espada, hijo de portero, el típico repelente espía que en una Catalunya sana nos haría de comisario en Vía Layetana, en la Brigada Social.
“Queréis que los catalanes, si todavía quedan, se suiciden en grupo o abracen la fe española. Perfecto. Pero yo os pido coherencia. Haberlo dicho durante la Segunda República y haberos expuesto que gente como yo, gente mejor que yo, perdón, os metiéramos el tiro de gracia antes de que vosotros, sin cojones para disparar, delegarais en la chusma las órdenes de asesinarnos.
“No delegáis más ni dais lecciones de democracia y de respeto. No exigís los que vuestros mentores nos negaron. Decidlo claro, amigos de apacibles conversaciones y visiones magistrales, nos queréis exterminar, ahora que sabéis, además, que somos pocos, cobardes y débiles y que todo el mundo os escucha con temor reverencial.
“Pues nosotros también queremos exterminaros. Qué caray. Divirtámonos hasta morir que la guerra, a cara descubierta, quizás ya ha empezado.” Oriol Malló, Falangistes taxidermistes.
Molló, maestro de la pedagogía del odio, es autor de un librito sobre ERC, De les armes a les urnes, en el que demuestra sus muchos conocimientos acerca de los episodios terroristas del nacionalismo catalán.
Su actividad se centra básicamente en la exaltación del etnicismo a traves de sus personajes más señeros. Sus textos suelen estar dedicados a ERC, sus líderes y el entorno sociológico que empapa a los muy xenófobos republicanos catalanes, a los que, como se puede apreciar, no tiene nada que envidiar.










