La innecesaria reforma estatutaria
La reforma de estatutos emprendida en España con carácter universal por todos los partidos, incluidos los que dicen no ser nacionalistas, nunca se hubiera producido de no existir grupúsculos nacionalistas.
Es una prueba más de la innecesaria actividad reformadora en todas las autonomías. 600.000 votos en Cataluña (ERC) y 400.000 en el País Vasco (PNV) están condicionando la legislatura y toda la política nacional. A pesar de que los ciudadanos repetimos, cada vez que se nos pregunta, que nos importa un rábano toda la madanga estatutaria puesta en marcha.
Xavier Pericay escribe a propósito de toda esta insensatez:
"El acuerdo alcanzado en la Comunidad Valenciana no obedece a ningún estado de necesidad, a ninguna demanda social, a ninguna lógica interna; sólo al mero interés coyuntural. Los populares y los socialistas valencianos han llegado a donde han llegado no por méritos propios, sino porque así lo ha querido el nacionalismo."No el suyo, por supuesto. Ni siquiera el que a menudo se invoca como un fantasma y del que serían partícipes los propios partidos nacionales de los que dependen, respectivamente, populares y socialistas valencianos.
"No, aquí el único nacionalismo que fija el guión -con la aquiescencia, complacida o resignada, del Gobierno del Estado-, el único que desborda el cauce constitucional y arrastra o amenaza con arrastrar a los partidos políticos de las demás autonomías, es el periférico.
"Y en la periferia, aunque el nacionalismo vasco sea el que arme más ruido y aparezca, pues, como el más beligerante, es el catalán el que marca la pauta y contamina, con su ejemplo, al resto del Estado -del nacionalismo gallego, recién llegado a la fiesta, poco cabe decir por ahora-.
"Porque sólo en Cataluña el conjunto de la clase política se ha plegado a las reglas del juego nacionalista. Incluso el Partido Popular catalán, que el pasado 8 de julio votó en contra de la proposición de ley de reforma del Estatuto aprobada por la ponencia parlamentaria, decidió hace un año formar parte de dicha ponencia e intervenir en sus trabajos, con lo que, además de legitimar el supuesto carácter unitario de la reforma estatutaria, reconocía con su decisión que no puede existir en Cataluña vida política al margen del guión establecido por el nacionalismo.
"Huelga decir que lo afirmado anteriormente para la Comunidad Valenciana -a saber: que el proyecto de reforma no obedece a ninguna demanda social- vale lo mismo para el noreste peninsular. Una encuesta reciente encargada por el propio Gobierno autonómico situaba el nuevo Estatuto como una de las últimas preocupaciones de los ciudadanos del Principado.
"Y, aun así, entre la clase política catalana no parece existir demasiado empeño en tratar de reconducir la situación. Al revés: todo son prisas. En especial, entre quienes comparten gobierno. Y, en especial aún, entre los socialistas, conscientes sin duda del desgaste que una política atenta casi exclusivamente a lo simbólico está ocasionando en una parte considerable de su electorado.
"De ahí que la ponencia parlamentaria aprobara la proposición de ley con los votos de las tres formaciones que integran el Gobierno tripartito y renunciara, en consecuencia, a lograr un apoyo mayor.
"Lo que está pasando en Cataluña y que tan penosas secuelas puede llegar a tener en el resto de España -suponiendo que no las tenga ya- no es sino el corolario inevitable del pacto de gobierno alcanzado por los socialistas a mediados de diciembre de 2003 con independentistas y ex comunistas.
"El afán de Pasqual Maragall por hacerse con la Presidencia de la Generalitat y el cálculo interesado de Josep Lluís Carod-Rovira apearon entonces a CiU del poder tras casi un cuarto de siglo de monopolio, con lo que se impuso el espejismo de un ejecutivo de izquierdas allí donde no había otro ejecutor que el nacionalismo.
"Los propios socialistas quedaron presos de su ambición: gobernaban con y desde el nacionalismo y tenían enfrente, en la oposición, a otro nacionalismo, más moderado en teoría, pero cuyo comportamiento político era -y sigue siendo- incluso mucho más radical que el de ERC.
"Por lo demás, el vuelco electoral del 14 de marzo de 2004 y los pactos que el PSOE tuvo que establecer con ERC en el Congreso de los Diputados -unidos a los que el nuevo presidente del Gobierno había establecido ya con Maragall- acabaron de allanar el camino.
"Desde entonces España ha vivido un proceso constituyente encubierto, en el que la nave del Estado, sin timonel que la lleve, se ha ido moviendo a golpe de Estatuto. Y lo peor es que la mar está cada vez más encrespada." Xavier Pericay, El Estatuto catalán y sus secuelas.











Como dice hoy Santiago González en el Correo: "Parece, con permiso del clásico David Wark Griffith y el castizo Luis Ciges «el nacimiento de una descojo-Nación»."
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/pg050719/prensa/noticias/Articulos_OPI_VIZ/200507/19/VIZ-OPI-205.html
Publicado por: uno mas | 07/19/2005 at 01:58 p.m.