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lunes 1 de agosto de 2005

BBS trivial

¿Qué ministro/a considera que lo importante es el “Estado” español, como decía Franco, y no la nación, que da igual si es española o egabrense?

¿Qué miembro del Gobierno considera que el concepto de nación no es más que un comodín terminológico? Pues va a ser este.

Y uno se pregunta, ¿a fuerza de decir tonterías similares, se estará convirtiendo la izquierda en una ideología comodín, cuyo único principio es la ocupación del poder?

Comentarios

“En cualquier caso, considera que es bueno exorcizar las palabras y que salgan, recalcando que "aquí la palabra que importa es la del Estado".

Pero sabemos que el “Estado somos todos”, principalmente las Autonomías. Que tendrá que hacer un Estado que decide sólo sobre el 19 % del presupuesto, que muestra tales condescendencias ante las castas regionales, que permite tantos atropellos, que promueve tantas diferencias. La palabra talismán que “garantiza” lo demás: “Estado”…de desguace.

“Carmen Calvo manifiesta que en el debate es legítimo que se proponga "casi todo", aunque señala que es evidente que hay cosas que no se pueden saltar "como la igualdad de derechos" y de prestaciones sociales independientemente del lugar en el que se resida.

La señora Calvo, conocida por su “nacionalismo” infructuoso aunque pertinaz durante su etapa de consejera andaluza de Cultura, comete un lapsus freudiano que es epidemia nacional, porque justamente el problema de esta gente es cómo colocar la “desigualdad de derechos” real y crecientemente existente, sin que sea insoportablemente ostensible para la ciudadanía, como se demuestra a diario con sus actuaciones y con sus faltas de actuaciones.

"El sistema jurídico español tiene suficientes mecanismos de defensa, de protección y de coherencia articulados por los políticos, por las instituciones e incluso por los particulares como para que las garantías de la igualdad de los españoles, que es lo que de verdad le da sentido a la unidad de España, estén por encima de todo eso", añadió.

El sarcasmo que no pare. Después de tantos despropósitos permitidos o cometidos por las instituciones, resulta que los “particulares” son los garantes de los derechos públicos. En sus devaneos semánticos algunas veces aciertan, lamentablemente es así. Y si la “unidad de España” está por encima de todo eso, ¿a qué tanta reforma para quebrarla?. ¿Cuántos ciudadanos la piden?. ¿Quién lo ha votado, en qué programa partidario?.

"los andaluces no hemos jugado a eso en la historia de España y ha sido muy importante que no lo hagamos porque somos muchos".

“Somos muchos” he aquí un problema porque además “no han jugado nunca al nacionalismo” y eso es un gran incordio para los planes del desguace. Lógicamente las Calvos no pierden las esperanzas, a ello se dedican y en ello están, en realidad y cada vez más, sólo se dedican a eso y sólo para eso están.

“también señala que "entiende perfectamente" al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el sentido de que se debe separar lo que son juegos de palabras de los hechos jurídicos concretos.”

Yo separo, tu separas…El primer malabar lúdico-semántico del Reino es ZP junto a su compadre Chaves, y al juego se apunta, como no, una ministra que lo “entiende perfectamente”. Los “hechos jurídicos concretos” bailando al son del merecumbé político, pero deben separarse de la polka vocabularia que los políticos españoles ejercitan a diario. Además de rateros, incompetentes y traidores a la España moderna y real, a la Constitución y a sus responsabilidades, esta gente desprecia nuestra sensibilidad e inteligencia. Irán a mas.

"A mí lo que me interesa es los derechos que marque ese Estatuto, el modelo de igualdad que marque ese estatuto con otros y con la igualdad del resto de los españoles", especifica la titular de Cultura.

Miente. Lo que le interesa a ella y a los demás, es que ese estatuto salga y marque un modelo oficial y legal de desigualdad entre los españoles, que sancione legal y políticamente la realidad social de falta de libertad y de escarnio público, porque la igualdad de los ciudadanos españoles ya está escrita y consagrada en el texto Constitucional y todo lo que no sea defenderla consecuentemente son maniobras, trucos, alientos de modificación por la puerta de atrás, con nocturnidad secreta y buscando alevosía. Lo de la “Carta de los derechos ciudadanos” en las reformas de los Estatutos es una burla inaceptable y denunciable donde se pueda.
Menos mal que el Estatuto catalán está muerto y lo que se discute ahora es quién lo carga sobre sus hombros y lo entierra. Pero tendrán más oportunidades, no cejarán.

Un ideólogo diletante de este equipo es nuestro conocido Javier Pérez Royo que se debate entre la obediencia debida al PSOE y su inteligencia informada por la profesión de catedrático de Derecho Constitucional. La situación lo tiene frenético. Últimamente se dedica a teorizar sobre la imposibilidad convivencial de tener un Estado centralizado ante la “vida política llena de conflictos que surgen en todos los rincones del país”. Pérez “Hamlet” inquiere: “¿Hubiera sido posible estabilizar un régimen constitucional con un Estado unitario y centralizado?”. La retórica pregunta no puede ocultar su verdadera duda llena de complejo y mala conciencia, porque basta mirar que países importantes son perfectamente viables, no existen problemas de convivencia derivados de su estructura “centralizada”. Y es que esta gente vuelve erre que erre a confundir y confundirse mezclando churras con merinas, porque NO PUEDEN HACER OTRA COSA QUE ESO. No es la misma cosa el poder político, el mando social, el que ordena, que las demás instancias responsables del funcionamiento político, como son los ayuntamientos y deberían ser los Gobiernos Autonómicos. No es lo mismo la soberanía nacional residente en el Parlamento, elegido en las urnas, del que emana el Ejecutivo, que los gobiernos regionales que, siendo Estado, se deben limitar a las funciones asignadas y no a ejercer el poder político del que carecen legalmente: son gestores en su ámbito. No es lo mismo mandar que ejercer de mandadero dentro de las atribuciones encomendadas. No es lo mismo una total descentralización técnica y de gestión, que dejar a cada cual poder de decisión. Habíamos tenido siempre la curiosidad de saber cómo sería la anarquía en la tierra y en España se está construyendo a petición de los políticos. Si una vez vivimos el cantonalismo popular, ahora asistimos al cantonalismo constitucional y estatutario, sin que el pueblo lo pida ni participe. No es nada moderno, en todo caso, varían las formas y el contexto, pero el invento autonómico es del XIX y antes, pura reacción tal como funciona.

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