¿En qué consiste el supuesto "proceso de pacificación"?
La izquierda optimista (¿u oportunista?), es decir, la izquierda que cojea del lado nacionalista, sostiene que vivimos los últimos coletazos del nacionalismo terrorista y que tan solo falta un empujoncito.
Es precisamente ese empujoncito lo que nos separa a unos y otros. Porque en él incluyen unas concesiones no aclaradas, muchas zonas de sombra, la moda de la temporada conocida como "política discreta", y un insoportable olor a cálculo electoral.
Se equivocan en el diagnóstico, en el procedimiento y en las conclusiones. Como se equivocaron en el pasado, no es la primera vez que patinan. Lo que está sucediendo en el País Vasco no es el fin del terrorismo sino su regreso por la puerta grande. En cuanto a la situación de los actores del drama, la describe muy bien José María Calleja:
"El nacionalismo en el Gobierno pretende que el eventual fin del terrorismo no sólo no le reste ni un ápice de su gigantesco poder político, económico y social; aspira a aumentar aún más su hegemonía, si esto es posible y queda algún hueco de poder por ocupar.
"Por su parte, los nacionalistas que durante treinta años han ensangrentado el país, y facilitado la creación de la enorme hegemonía de los nacionalistas gobernantes, aspiran a que la población no les vea como los criminales que son, a dar sentido heroico a seis lustros de crímenes y a rebañar también alguna porción de poder.
"Es posible que esté cerca el fin de ETA, pero la libertad no será real en esta tierra hasta que las gentes del PP y del PSOE no dejen de estar apestadas socialmente, no sean objeto de odio y puedan defender en voz alta sus ideas; como hacen, desde hace tantos años, todo el amplio catálogo de nacionalistas que se han quedado con esta comunidad." José M. Calleja, Amurrio, el pecado y el botín.















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