El hambre nacionalista con respecto a Navarra no conoce límites. Su incapacidad para justificar semejante pretensión, tampoco.
Los navarros disponen de instrumentos legales amparados por la Constitución a los que pueden recurrir cuando quieran si su deseo es unirse al País Vasco. Sin embargo no los han utilizado nunca. Pero el nacionalismo vasco, lejos de preguntarse por qué y extraer de ello las adecuadas conclusiones, mantienen anacrónicas posiciones expansionistas sustentadas en argumentos tan inverosímiles como los que expone este acabado ejemplo de la pobreza intelectual del etnicismo:
“La clave de la solución del conflicto vasco está en Navarra. ¿Por qué? Por una razón fácil de entender: Para cualquier abertzale, sea demócrata o radical, hablar de una Euskadi/Euskal Herria soberana, sin Navarra, suena a broma.
“Los navarros deben de tener la posibilidad de elegir en paz y tranquilidad, sin ninguna limitación externa a su libertad. Tendrían siempre dos opciones. Progresista e ilusionante la primera: trabajar en favor de una nación histórica como la Gran Navarra/Euskal Herria. Conservadora y timorata la segunda: conformarse con ser una provincia española más.
“¿No resultaría sumamente interesante poder pelear, desde Euskadi, contra un conformismo decadente armados únicamente de fantasía y esperanza? Con inteligencia, tesón y mucho trabajo político se puede mejorar fácilmente cualquier oferta de una España siempre altiva. Una vez unidas la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra, constitucional y estatutariamente, todo sería posible. Incluso la aceptación por parte de España del hasta ahora condicionante derecho de autodeterminación. ¿O es que españoles y vascos vamos a ser eternamente más incompetentes que británicos e irlandeses?
”¿Tiene alguna lógica una propuesta como ésta? Analicemos algunos datos. En estos momentos la Comunidad Autónoma Vasca, englobando Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, es nacionalista; disfruta de un alto grado de autogobierno y gracias al Cupo goza de una independencia económica considerable. ¿Por qué no equipararla cualitativamente a una nación como Eire (Irlanda republicana)? España sería entonces la Gran Bretaña y Navarra, la niña bonita, encarnaría al Ulster (Irlanda unionista).
“¿Puede la España democrática poner trabas a una propuesta de este tipo? ¿Esconde en la chistera alguna fórmula mejor para alcanzar una paz duradera en un plazo razonable? España quedaría totalmente liberada de este frente para dedicarse a los múltiples problemas del día a día.
“¡Parece todo tan sencillo echándole un poquito de imaginación! Y, sin embargo, seguimos mareando la perdiz. ¡Con qué gusto se siguen poniendo zancadillas a los mimbres del creativo Plan Ibarretxe! ¡Qué empeño en darle vueltas y más vueltas a una territorialidad hoy por hoy imposible! Por supuesto, estoy pensando también en Iparralde, pero con un poco de sensatez pragmática. ¡Arreglemos primero lo de Navarra y lo demás vendrá por añadidura!” Iñaki San Sebastián, El Ulster y Euskadi.
