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Escoger entre el Carmelo y el estatuto

Que los ciudadanos de Cataluña no muestran el menor interés por un estatuto que solo concierne a algunas élites políticas es cosa sabida. Ahora empiezan a manifestarlo públicamente.


Los medios de comunicación catalanes, fieles cortesanos y pendientes siempre de la subvención generosa de la Generalidad, defienden con denuedo y machacona insistencia que Cataluña necesita un nuevo estatuto que, curiosamente, coincide exactamente con el propuesto por el Gobierno autonómico.


Pero el número de discrepantes entre sus lectores ha empezado a crecer demasiado en las últimas semanas y como el negocio es el negocio y ya no es posible mandar a la papelera tantas airadas cartas al director, han empezado a publicarse con cuentagotas algunas protestas:


  • “El conseller Huguet nos amenaza con una guerra civil contra España. ¿Quiere decir que será contra L'Hospitalet, contra Cornellà, contra Santa Coloma? Los dirigentes de ERC están demostrando que más que políticos son simples agitadores de masas que continuamente dividen y enfrentan a la sociedad catalana. Inflan la soberbia patriótica de los unos y humillan a los otros. No sé si el Estatut solucionará mis problemas reales, pero el tripartito no ha mejorado ninguno.” (Robert Pérez)


  • “El Estatuto es la tapadera de todas las carencias reales que tiene nuestro país: paro, vivienda, sanidad... Estos últimos días han venido autoridades de los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, a darnos lecciones de política, de economía y de solidaridad. Nos lo merecemos: hemos dado una imagen patética, hemos provocado la crispación y hemos favorecido la animadversión. Los ciudadanos de Catalunya no nos lo merecemos. Para nosotros, los besos, abrazos y falsas promesas se limitan a la campaña electoral.

    “Estoy muy decepcionada, acabo de ser abuela y soy consciente de que mis nietos heredarán un país caótico y sin valores. Los partidos políticos han dejado de tener ideales por tener poder y algunos están obsesionados por pasar a la historia.” (Carme Casademunt Puig, Catalunya alterada)


  • “Querría saber si es legal que la Generalitat de Catalunya - directamente o indirecta- cuelgue pancartas por todo Barcelona y no ponga, al menos, su firma. ¿Hasta dónde hemos llegado? Es surrealista que pretendan crear un clima de expectación, de interés, de hacer creer que todo el mundo quiere el Estatuto. ¿Qué quieren? ¿Hacer creer que todo Catalunya los apoya?

    “Para mí es muy clara la lección de todo este vodevil del Estatuto, que es un tema muy serio: todos los políticos que participan no me merecen ningún respeto. Me parece vergonzoso que traten los votantes de idiotas, o de criaturas, sin criterio para decidir qué es importante y qué no.

    “Yo soy catalana y por eso me da pena que en mi país cada vez haya más gente durmiendo a los cajeros, que me hayan tratado como una delincuente cuando he intentado alquilar un piso (todo porque simplemente no quiero una hipoteca), que haya gente mayor que sobrevive con pensiones de miseria y que la policía no haga nada contra las mafias de mujeres y niños drogados pidiendo por la calle.

    “Esto me hace llorar y no los toma y daca de patio de escuela que nos hacen tragar los telediarios todos los anocheceres.” (Judith Escales, Pancartes anònimes)


  • “Hace dos semanas, aparecieron en el Eixample unas pancartas con la frase ‘Volem el nou Estatut’. Al no estar firmadas, parecían corresponder a la iniciativa privada, como las del AVE. Pero al preguntar a quienes colocaban una en Rambla Catalunya de dónde provenían, dijeron no saberlo, y que la única pista era que la Guardia Urbana no se las hacía quitar. ¿Quién, utilizando dinero público, coloca pancartas para crear sensación de que tots volem Estatut? ¿Por qué no lo firman? ¿Se están dando cuenta de que al ciudadano le afecta más las íes: inmigración, inseguridad ciudadana, infraestructuras, investigación e innovación?” (Beatriz de Barnola)


  • “Después de observar con detenimiento y valorar la evolución global e individual de la trayectoria de cada uno de los participantes en la actual reedición del Estatut (a cargo del actual Govern de la Generalitat de Catalunya), el jurado popular (o sea, el ciudadano de a pie) decide nominar para que abandone la academia a: a Artur (por sus acordes reiteradamente disonantes); a Pasqual (consideramos que está bloqueado; su evolución, a pesar de las buenas intenciones, está aún por descubrir); a Joan (sus agudos son todavía poco contundentes; ha de creer un poco más en sí mismo); a Josep Lluís (nos tiene despistados, no sabemos muy bien cómo evaluarlo). Como saben, existen posibilidades de salvar a alguno de ellos, por parte de los profesores (entendidos en la materia) y por los propios compañeros (a ver quién tiene más adeptos entre sus filas). Pero ¿quién salva a Catalunya?” (Tina Martínez, Estatut propio de 'OT')


La opinión de los ciudadanos no difiere pues de la que formulan los analistas:


"Mientras los nacionalistas continúan peinándose, la cruel realidad golpea Cataluña bajo la forma, recogida en un informe sobre envejecimiento y vivienda, de más de seiscientos mil ancianos que naufragan en edificios ruinosos, sin agua corriente ni ascensor. En las últimas elecciones generales ERC obtuvo la misma cifra de votos. Mientras más de seiscientos mil catalanes viven en la ignominia social en edificaciones no accesibles, Carod Rovira representa a otros tantos catalanes que consideran fundamental redactar un nuevo Estatuto y afirmarse como nación y que amenazan con una guerra civil si no se atiende a sus demandas.


"Se dirá que una cosa no excluye la otra, pero me atrevo a suponer que esos más de seiscientos mil motivos de vergüenza para Cataluña no suponen que la redacción de un Estatuto que afirme los derechos históricos del Principado sea aquello en lo que deba entretenerse la elite política. Me atrevo a suponer que a esos menesterosos les preocupa bastante más su insultante situación actual que los presuntos agravios sufridos por Cataluña hace trescientos años. Y que les costará mucho establecer una relación causal entre su miseria y el triunfo de Felipe V en la Guerra de Sucesión.


"Esa cifra de más de medio millón de personas que sufren y de más de medio millón de quienes reivindican una perpleja identidad marca una línea moral que asumo plenamente. No es, claro que no, la línea que separa a la izquierda y la derecha, términos demasiado manoseados para que sirvan de algo. Más bien tiene que ver con la solidaridad o el narcisismo, con la compasión o la indiferencia, con la ternura silenciosa de los humildes o la procacidad reivindicativa de los opulentos.


"Es la línea que obliga a escoger, que fuerza a una opción. Escoger entre los ancianos que habitan en una edad frágil a la que se añade la miseria, y jóvenes repletos de energía a quienes, al parecer, nada preocupa la suerte de sus mayores y mucho los himnos y banderas de su nación. Escoger a quienes sobreviven en condiciones ínfimas que arruinan la libertad y la soberanía individual y quienes residen en ámbitos confortables de seguridad económica desde los que sólo se contempla la soberanía colectiva. Escoger entre quienes hablan de derechos elementales vulnerados que pueblan la realidad cotidiana que les humilla o quienes se refieren a superticiosas identidades que sólo pueblan los recintos de una ilusión bien alimentada.


"Escoger entre el Carmelo y el Estatuto. No porque yo haya establecido esa elección, sino porque son los mismos nacionalistas los que han marcado un paisaje de preferencias que poco tiene que ver con lo que debería entenderse por una jerarquización de derechos humanos.


"Cuando un diputado de ERC hable en nombre de esos 650.000 catalanes que están en una de las líneas de sombra de nuestro tiempo, deberá recordársele a los 637.000 tan catalanes como ellos que habitan, como diría Gil de Biedma, «en el rincón más triste de mi cuarto». Habrá que hablarle de una España sin ingenuidad pero con inocencia, sin furia pero exigente en lo que atañe a la justicia; sin melancolía pero con dolor por un camino de perfección que asume lo imperfecto de nuestra vida en común. Un ángel, sí, pero fieramente humano." Fernando García de Cortázar, Himnos tribales y silencios ciudadanos.


Miquel Porta Perales:


"La pastelería y el pasteleo que se huele en la discusión del proyecto de nuevo Estatuto corrobora la idea de que los partidos se están convirtiendo en organismos autoreferenciales que se representan a sí mismos y cuyo interés es el de perpetuarse en el poder. Los partidos que impulsan el nuevo Estatuto aseguran que lo hacen por el bien de Cataluña. No les crean: lo hacen por su propio bien. Por el bien del partido y sus dirigentes." Miquel Porta Perales, Pastelería catalana.

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Comentarios

Todos los ciudadanos de Cataluña tienen obligación de conocer el catalán. Cataluña según el nuevo estatuto es una nación que pertenece a España (nacion de naciones). Como el tripartito ha pedido que el catalán sea idioma oficial en toda España, por extensión y dado que el valle de Arán es una nación dentro de Cataluña, y el aranés es el idioma de la nación aranesa, todos los habitantes de Cataluña deben conocer el aranés.
A mi desde luego me preocupa mucho más todo lo cotidiano, y mi intención es seguir siendo catalán y español.
¿A donde quieren hacernos llegar para defender esto?

Soy Valenciano y Español /Español y Valenciano sentiria verguenza de un representante llamado CAROT PEREZ ROBIRA , QUE PENA

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