Tras proclamar que un equipo de fútbol, el Barcelona, es el equipo del régimen nacionalista catalán, ahora toca incorporar otra institución franquista: la Formación del Espíritu Nacional.
Los nacionalistas, genuinos herederos del franquismo y de sus facetas más dictatoriales, intervencionistas, inquisitoriales y casposas, dan dos nuevas muestras del entusiasmo que sienten por su antecesor: la recuperación de la idea franquista de “equipo del régimen” y la FEN.
Los más jóvenes no reconocerán una de las más apestosas asignaturas académicas del régimen en las siglas que en tiempos del franquismo anunciaban la Formación del Espíritu Nacional. En todos los colegios, todos los cursos, los niños debían aprenderse en clase de FEN las leyes fundamentales del Movimiento (el partido único del franquismo), los más insospechados “pensamientos” del general y demás zarandajas fascistoides.
Pues bien, los socialistas han decidido que los niños que vivan en Cataluña deberán aprender en los colegios el preámbulo del nuevo estatuto catalán, aquel que resume las esencias nacionales y los deberes y obligaciones de los buenos patriotas. Lo recitaran, como durante el franquismo sus abuelos recitaban las majaderías de Franco y José Antonio, y lo memorizarán. Hace unos meses anunciaron también que los niños debían aprenderse la letra del himno regional, ese lamentable texto que, en la tierra del talante y la tolerancia, habla del exterminio de los castellanos. No se puede ser más casposo. Tampoco más reaccionario.
Si a algún insensato de Moncloa (especie ahora abundante) se le ocurriera que en todos los colegios de España fuera obligatorio el aprendizaje de la Constitución o cantar el himno, a todos nos parecería una auténtica majadería. Pero basta que lo propongan los nacionalistas del PSOE, del PSC, de Izquierda Unida, del PNV o de ERC para que nadie se atreva a criticarlo para no ser tachado nada menos que de reaccionario. Vivimos un tiempo extraño en el que lo negro es blanco, pero se presenta como amarillo.
Junto a esta nueva prueba de gratitud al patrocinador de todos los nacionalismos que en España han sido desde mediados del siglo XX, el etnicismo catalán ha recuperado otra de las instituciones señeras del franquismo: la conversión de un equipo de fútbol en símbolo del régimen.
Con las declaraciones de Laporta, presidente del Barcelona, y con los eslóganes políticos que aparecerán estos días en el estadio, una actividad deportiva que siempre ha tenido veleidades identitarias pasa definitivamente a convertirse en lo que otrora se conoció como “el equipo del régimen” (muy reveladora la anécdota que al respecto ha contado Pelele).
Y es que ya lo dijo Maragall en México el año pasado: “El catalán es nuestro ADN”. ¿Cabe afirmación más racial? Ni Mengele hubiera llegado tan lejos, president.










