El frente militar del nacionalismo catalán inició hace unos meses las enseñanzas prácticas. Cada semana hay una agresión o un ataque a sedes de partidos.
Cada semana los terroristas nacionalistas del catalanismo atacan las sedes de un partido democrático, en este caso el PP. Figueras, Barberá del Vallés, San Cugat, y Barcelona en dos ocasiones jalonan sus últimos ejercicios prácticos de kale borroka, actividad que tanto en Cataluña como en el País Vasco se ha multiplicado desde que el Gobierno decidió que había llegado la hora de sentarse con los terroristas.
Este fin de semana el ataque fue más lejos de lo habitual. Con la práctica de los anteriores asaltos, los terroristas catalanistas atacaron la sede central del PP en Barcelona y dejaron constancia de su paso pintando banderas estrelladas ("esteladas") en la entrada del edificio.
La bandera catalana con una estrella es la habitualmente utilizada por los grupos independentistas a los que el tripartito, con ERC a la cabeza, y CiU cuidan con esmero, alientan, comprenden y protegen.
En ninguno de los ataques anteriores a sedes del PP en Cataluña ha habido la menor reacción de las autoridades. En cualquier país normal y civilizado el asalto a un partido democrático constituiría un auténtico escándalo y un motivo muy serio de preocupación.
Lo lógico sería que las autoridades se solidarizaran con las víctimas de la agresión, que dieran explicaciones por la impunidad con la que están actuando los terroristas y que garantizaran a la ciudadanía la defensa a ultranza y con todos los medios de los derechos fundamentales, porque defendiendo a los partidos políticos, instrumentos esenciales de nuestro entramado constitucional, se protege y se defiende el sistema. Franco lo sabía bien: también los perseguía.
También sería esperable que el resto de formaciones expresara su solidaridad con los agredidos y saliera en su defensa. Y que los medios se hicieran eco del resurgimiento de este terrorismo catalanista y editorializaran a propósito de ello al día siguiente de cada uno de los ataques.
Nada de todo ello ha sucedido. El Gobierno autonómico no ha dicho esta boca es mia tras los ataques. El resto de formaciones miran para otro lado. Los medios catalanes apenas recogen la información.
A todos ellos les convendría releer algunos textos históricos relativos al advenimiento del fascismo en Italia y del nacionalsocialismo en Alemania.










