El negociador y sus planes
Rafael Díez Usabiaga, secretario general del sindicato étnico LAB, ha sido acusado de pertenecer a ETA pero tras su paso por la Audiencia Nacional no pisó la cárcel. El fiscal no lo consideró necesario, dejando claro que al negociador de ETA con el Gobierno no se le toca.
La impunidad de Díez no es nueva y tampoco sorprende después de dos años de una legislatura comandada por el socialismo nacionalista, empeñado en desmantelar el Estado constitucional.
El secretario general de LAB no oculta ni sus intenciones, ni lo que el nacionalismo vasco pretende obtener en su negociación con el Gobierno:
“Si se habla de la necesidad de diálogo y negociación y de una mesa de partidos, eso es por la batalla política que la izquierda abertzale ha venido desarrollando y que ha hecho fracasar los proyectos de Madrid y París para la asimilación de Euskal Herria. Ahora, la izquierda abertzale tiene que ser el dinamizador del proceso. Hemos traído el proceso hasta aquí, y la izquierda abertzale, con su voluntad de abordar soluciones estables y estrictamente democráticas al conflicto, tiene que ser el sujeto social que mayor nivel de aportación y dinamismo tenga en este momento. Siendo conscientes de que un proceso de diálogo y negociación va a ser largo y complejo, tenemos que abordar este espacio como un frente más de lucha política, interrelacionado con nuestra actividad de masas e institucional.
“Estamos actuando con un nivel de responsabilidad, seriedad y prudencia política realmente ejemplar. La izquierda abertzale en su globalidad ha presentado propuestas y ha dado pasos reales para construir un proceso hacia soluciones definitivas. También ha dicho que está dispuesta a adoptar más decisiones y a ser flexible en ese proceso. Pero, eso sí, no se va a mover ni un milímetro de la cuestión básica: que aquí hay un pueblo, un único conflicto político con dos estados basado en sus derechos democráticos, y que eso tiene que vehiculizarse a una mesa de carácter nacional, para abordar una negociación que dé un acuerdo.
“Para que la mesa de partidos tenga un anclaje, no nazca en el vacío, es necesario que se pueda dar algo similar a lo que en Irlanda supuso la Declaración de Downing Street, en la que el Gobierno británico reconoció que el futuro del norte de Irlanda iba a recaer exclusivamente en la voluntad de su ciudadanía. Eso fue como un abrelatas del proceso.” («La mesa no puede nacer en el vacío, debe tener anclajes sólidos»)















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