“¿Existe España? Y en el caso de que exista, ¿qué es?”. Estas preguntas se formula nuestro peneuvista, perplejo ante la persistencia de este fenómeno extraño: cuanto más la niega, más viva parece y más puñetera.
Vamos a ver, pensemos un poco, que tanto ruido tiene que deberse a algo:
“España es un Estado plurinacional, formado por una Nación mayoritaria de base castellana y al menos tres Naciones minoritarias: catalanes, gallegos y vascos. Puede ser que también alguna más.
“La realidad de España como Estado plurinacional deja sólo una puerta abierta a la sensatez: dar forma jurídica constitucional a su auténtica composición, es decir, a un Estado con cuatro naciones o, en su caso, las que se entienda razonablemente que existen en él; no las que se pretendan arbitrariamente por criterios de falsa igualdad, como refleja, p.e., la aspiración infantil del proyecto de Estatuto de Valencia de acceder a toda competencia que asuma cualquier otra unidad política del Estado.”
Bueno, algo hemos avanzado. Si es que cuando nuestro peneuvista tiene el día…
“Hecha esta aclaración, la pregunta inicial plantea una cuestión diferente: España, que es ciertamente un Estado, ¿es también una Nación?
Y como nuestro hombre se ha levantado esta mañana de buen humor, hasta está dispuesto a hacer alguna que otra concesión:
“Trescientos años y pico de historia -homogeneizante a veces por la mera dinámica de los acontecimientos y otras por imposición forzosa- necesariamente han tenido que dar origen a ciertos ingredientes comunes a toda la población del Estado. Creo, por ello, que España es también una Nación, aun cuando de carácter posterior y, al parecer, menos espontáneo que las cuatro antes indicadas.” J. Gabriel Mariscal, Estado y nación en España.
Otro nacionalista irredento, este sin credencial porque le basta el ejercicio diario de poner su pluma al servicio del etnicismo aranista, enfoca el asunto desde una óptica más... ¿cultural? Antonio Álvarez Solís:
"Intelectualmente España es una nación de carteristas. Se arrebatan las ideas al que pasa sin más interés que la habilidad del acto. Da lo mismo hacerse con una cosa que con otra. Ahora, en el escenario del colorido espectáculo del Estatut de Catalunya ha vuelto a repetirse esa afirmación de que España es una nación de naciones, frase que llevaba en su monedero emocional Walt Whitman cuando finalizaba la Guerra de Secesión en 1865 y que creo, si mi memoria es infiel, vio la luz en "Redobles de tambor".
"España, que no ha podido en quinientos años crear una españolidad integradora y cuyo Estado siempre sangra por la misma herida. Que España haya de confrontar realidades como la vasca o la catalana, y aún la gallega, en el siglo XXI prueba que por lo menos tres naciones engrilletadas en su Estado siguen conservando con vigor su singularidad. Por eso hablar aquí de nación de naciones es una mala ocurrencia, ya que expresa la incapacidad española para constituir una unidad y descubre un inmenso fracaso en este sentido." Antonio Álvarez Solís, Una nación de naciones.
Entre tanto "Zapatero insiste en que si ETA deja las armas la democracia sabrá dar «pasos inteligentes»."










