Lluís Companys, presidente de la Generalidad catalana durante la República, fue el protagonista de dos episodios lamentables de desestabilización que los nacionalistas presentan como heroicidades patrióticas cuando no fueron más que puros y simples ataques a la legislación de la época y a la Constitución en vigor.
En 1931 y en 1934 Companys protagonizó dos golpes de Estado que fracasaron pero pusieron en serios apuros al Gobierno de la segunda República.
El primer intento, que recuerda los delirios cantonalistas del siglo XIX, condujo a la proclamación de la "República Catalana", que se disolvió con la rapidez de un azucarillo. El segundo alumbró el "Estado Catalán". Por este último Companys, fundador de ERC, fue condenado a 30 años de cárcel. Pero la Justicia española, que en los años 30 del pasado siglo era al parecer tan voluble como en la actualidad, amnistió al golpista Companys para celebrar el triunfo del Frente Popular. Los treinta años se convirtieron en apenas dos.
Luego Companys vivió la crueldad del exilio y terminó fusilado por los franquistas después de la guerra civil. Pero su final trágico, basado en una sentencia sin la menor validez jurídica, no justifica que su partido exija al Gobierno de Zapatero que pida perdón por aquel fusilamiento.
Tan solo desde el delirio secesionista se puede entender semejante reclamación. Pero por más vueltas que le den los actuales dirigentes de ERC, en la España de los años 30 tampoco Cataluña estaba ocupada por un ejército extranjero. La única fuerza de ocupación que Cataluña ha conocido a lo largo de la Historia fue la de Francia, que en dos ocasiones ocupó el territorio. Y ninguna de esas veces los ocupados recibieron bien el cambio de soberanía.
Además empieza a ser hora de revisar el mandato de Companys en la Generalidad, bajo el que se cometieron grandes tropelías, execrables crímenes políticos y persecuciones y represalias genuinamente fascistas. Los "historiadores" nacionalistas defienden a su patrocinado con la excusa tradicional: los crímenes los cometían otros, la situación era incontrolable. Pero este no parece un gran argumento.
Lluís Companys fue un más que regular presidente de la Generalidad catalana al que tan solo una muerte trágica y cruel salvó sus acciones politicas de la deshonra.
"Hoy hace 65 años que asesinaron el residente de la Generalitat, Lluís Companys, después de una farsa de juicio y como pura revancha contra Catalunya. La revancha contra Catalunya está vigente, y aunque ya no asesinan presidentes (toquemos madera), la mala baba es la misma." Isabel-Clara Simó, Avui fa 65 anys (Avui, 15.10.05)










