Se pueden quemar sedes de partidos y se puede amenazar a políticos de la oposición sin que haya detenciones. Pero no se puede andar por la calle con una bandera española. Es la forma nacionalista de entender la democracia.
Hace unos días surgió desde Si lo sabes, ven la iniciativa de una marcha por Barcelona portando banderas españolas coincidiendo con el día de la Hispanidad. Algo tan normal como los ciudadanos andando por las calles de su ciudad con la bandera de su país para celebrar una fecha significativa ha sido prohibido.
¿Los argumentos aportados para la prohibición por quienes sistemáticamente ocultan los símbolos comunes en autonomías como la catalana? A decir verdad es difícil saber cuáles son. Argumentos demasiado vagos, genéricos, tópicos y previsibles ocultan lo único cierto de esta historia: en los últimos meses, en Cataluña se han atacado numerosas sedes del único partido que se opone al estatuto. Nadie ha levantado la voz para condenar estas agresiones. Ni uno solo de los partidos catalanes, nacionalistas todos a excepción del PP. Ni uno solo de los dirigentes políticos. Por supuesto, nadie en el Gobierno autonómico.
En cambio sorprende (o no) la rapidez con que se ha atajado la posibilidad de que la gente se manifieste en una jornada festiva nacional con banderas nacionales por la calle.
Tampoco conviene olvidar que Cataluña es una de las regiones españolas donde las autoridades incumplen sistemáticamente la legislación ocultando la bandera española y sustituyéndola por la enseña autonómica. Claro que desde la llegada de Zapatero a la Moncloa, cosas así también suceden en Madrid, en León, en Toledo, etc. En casi todos los lugares a los que acude el presidente del Gobierno.










