Peperos que se preguntan si no se estarán equivocando, socialistas que rezan a la virgen de su pueblo... Y la gente esperando a ver quién la saca a la calle.
Raúl del Pozo en una de sus brillantes crónicas parlamentarias que "nunca la izquierda española estuvo tan cerca de enmierdarse para los restos." Pero también señala la desazón de los socialistas que ven traicionados tods sus principios y cuya lealtad se va a tener que dilucidar en pocos meses:
"Los del PP están alelados. Un dirigente de ese partido comentaba hace unas horas, aunque no lo diga en maitines, si el PP se estará quedando fuera de juego. Se pregunta si los que se oponen al Estatuto son un reducto de puretas. Hasta el arzobispo de Barcelona -metáfora de Tarancón- encabeza el cambio de régimen.
"Hay gente que tiembla ante su propia imagen metida en la caverna, como si el nacionalismo tardío no fuera una vuelta a la covacha, dirigida por una oligarquía cebada, por un neocaciquismo corrupto, que utiliza las gatadas de filibusteros y los eufemismos de los sofistas. «A veces dudo si seremos» -sigue el dirigente del PP- «como aquellos procuradores que se resistían a los cambios; los que se hicieron el harakiri».
"No tienen nada que ver las situaciones. Combatir a los nacionalistas no es meterse en el fortín de los reaccionarios, ni defender la igualdad de todos los bodies es enarbolar la banderita de Maruja Díaz. Luchar contra los que proponen el desguace de una democracia no es meterse en la casamata de la Historia.
"La política en España siempre se hace por intereses o por odios; lo prudente para los ciudadanos es no fiarse de los que nos han engañado alguna vez, pero ahora hay gente en medio de la riada y no sabe a qué orilla debe nadar; los que no dudan nunca son los nacionalistas, nadan a la orilla de la deslealtad." Raúl del Pozo, Harakiri.










