Felicidades a la Asociación por la Tolerancia. Su intenso y riguroso trabajo empieza a dar frutos. La movilización contra el nacionalismo, aunque difícil, termina dando resultado.
La Asociación por la Tolerancia lleva mucho tiempo denunciando los abusos que se cometen en Cataluña contra el derecho de los niños a elegir la lengua que mejor les parezca en el sistema educativo. Tan elemental derecho no se está respetando ni en la autonomía que preside Maragall, ni en el resto de autonomías "históricas".
Además la Asociación por la Tolerancia ha puesto en marcha una campaña para enmendar una laguna jurídica de la que se están aprovechando los nacionalistas: el derecho a recibir la educación en castellano no está garantizado en España por ninguna ley.
Los esfuerzos de esta asociación y los de tantos ciudadanos que llevan muchos años enfrentándose a la Administración en este asunto empiezan a dar frutos:
"El defensor del pueblo, Enrique Múgica, ha enviado una carta a la ministra de Educación, María Jesús San Segundo, para mostrarle su malestar y "creciente preocupación" ante la lesión de derechos que sufren quienes quieren usar el castellano "como lengua vehicular" y residen en comunidades autónomas con lengua cooficial. El defensor protesta porque, según relata, son cada vez más frecuentes las quejas en las que "se pone de manifiesto la nula efectividad de la opción lingüística de quienes desean recibir enseñanzas oficiales en lengua castellana", especialmente en Cataluña, Baleares o Galicia." (El Defensor pide que se proteja el derecho a estudiar en castellano)
Movilizarse contra el nacionalismo resulta eficaz, por más que parezca empresa imposible. El único secreto para obtener éxito reside en dos elementos clave: la tenacidad y la unidad. Es preciso mostrar una tozudez sin límítes, machacona y constante, dispuesta a alardear de toda la paciencia del mundo. Y junto a virtudes tan teresianas, la unidad.
Por encima de ideologías partidarias y de recelos más o menos justificados, en este terreno izquierda y derecha (los partidos, pero sobre todo los ciudadanos) tienen muchos más elementos comunes que discrepantes. Solo desde la unidad es posible adquirir la fortaleza necesaria para llevar adelante un proyecto que persigue algo tan sencillo como la justicia.










