Desde el Gobierno autonómico catalán se sigue alentando el boicot contra Iberia, esa compañía de "pilotos chulos salidos de una zarzuela que piensan que mean colonia."
Josep Huguet es el consejero de Turismo del Gobierno autonómico catalán y en el pasado ya ha dado muestras de su capacidad política e intelectual. Hace unos días, a propósito del dichoso estatuto, afirmaba:
"El país sabe y debe saber que, si esto falla, Cataluña entra en una dinámica de conflicto social creciente que, obviamente -y hago una lectura partidista-, irá en beneficio de los independentistas porque esto lo giraremos en contra de España."
Y a principios del verano, nuestro Le Pen con barretina hablaba de potenciar un nuevo tipo de turismo: el identitario. Conocíamos hasta ahora el turismo cultural, el de sol y playa, el sexual. De la mano de Huguet nos llega el étnico:
“Hasta ahora, la identidad de Cataluña no se había promovido en absoluto como producto turístico.”
A la espera de que empiecen a promocionarse las vacaciones identitarias, Huguet prosigue la campaña de boicot contra Iberia. Tampoco es de extrañar. El nacionalismo, como el leninismo o el fascismo, está acostumbrado a que las empresas sean meras correas de transmisión del poder político (no hay más que leer lo que propone el estatuto para las cajas de ahorros), de modo que Iberia no es una excepción y ha de cumplir lo que se le dicte desde la plaza de San Jaime. Y si no, palo:
"Iberia deberá rendir cuentas con Cataluña y devolvernos lo que nos deben, el beneficio que han acumulado gracias a la capitalidad política de Madrid, a donde se ven obligados a viajar los catalanes. Eso tiene un peso importantísimo. Haremos números y veremos qué beneficio ha obtenido Iberia gracias a la obligación de la mayoría de catalanes de viajar a Madrid y que eso sea monopolio de una sola compañía. Le debe mucho a Cataluña, tiene una importante deuda económica con ella. Si deja El Prat, deberá devolver el beneficio acumulado durante tantos años de explotación de uno de los puentes aéreos más rentables del mundo." («Iberia deberá devolver a Cataluña todo lo que ha ganado con el puente aéreo si deja El Prat»)
Desatar las bajas pasiones, como hace el Gobierno autonómico catalán y los partidos muñidores del estatuto, no es solo una irresponsabilidad. Es también destapar la caja de los truenos. El etnicismo, a diferencia de las guerras, se sabe cómo empieza (y en nuestro caso quiénes lo empiezan) y se conoce sin lugar a dudas como termina:
"Somos una empresa catalana dedicada a la venta de tejidos y ayer recibimos una carta por fax que dice: "Por la presente, me dirijo a ustedes para informales de que a partir de hoy, 30/9/2005, debido a la lucidez de sus políticos para no querer pertenecer como hasta hoy a España, yo estoy en mi derecho de comprar a fabricantes españoles y no querer hablar en catalán, como así lo dice el abominable estatuto que se ha aprobado por esa gente que tienen ustedes como dirigentes, y que ustedes no han hecho nada por que esto no se produjera. Mis impuestos me gusta pagarlos a quien no se lo pueda quedar como el 3% famoso. A partir de esta fecha les pido que no me visiten. Sin más por la presente, Serafín Segovia Vendrell (Sera's Tapicerías de Valladolid)". Por muy sorprendente que parezca, es real." Eva Rosell en las cartas al director de El Periódico.
Pues no, amiga Eva. No parece en absoluto sorprendente.










