¿Dónde hay que firmarlo? Rodríguez Zapatero da por fin con una definición cabal de la nación. Es una pena que luego no sea capaz de aplicarla correctamente.
No podríamos estar más de acuerdo con el presidente del Gobierno:
“Yo no presumo para nada de españolismo porque me parece que el mejor patriota es el que no presume de patriota, sino el que trabaja por su país.”
Exacto. Seis años después de conocernos, por fin podemos coincidir en algo con Rodríguez Zapatero. No es preciso andar todo el día envuelto en la bandera para ser un patriota. Esa enfermedad infantil, irracional, llamada nacionalismo apesta. La supuración sentimentaloide del identitarismo que lo invade todo resulta asfixiante.
"La patria es la libertad, la convivencia, la justicia, la solidaridad y la igualdad."
Efectivamente, nuestra patria es la libertad, una libertad que está fundamentada en la igualdad ante una misma ley para todos los ciudadanos, que son justamente quienes la han aprobado.
Pero entonces, presidente, si el mejor patriota es el que no presume de ello, ¿qué decir de los ritos simbólicos que sustentan los poderes de algunas autonomías? ¿Es comparable el exhibicionismo patriotero de las supuestas “naciones” reclamantes con el comportamiento de quienes consideramos que España es una nación?
"Los debates esencialistas están cargados de simbolismo, de apelación a la historia y que casi siempre ponen una barrera al futuro y la convivencia."
¿Seguro que dirige su mensaje a quien debe dirigirlo, presidente?
Una gran frase, la patria es la libertad. Pero si cree en ella, presidente, debería explicar algunas cosas. Por ejemplo:
- ¿Por qué aspira a gobernar con un partido que ha dedicado el verano a aplicar medidas de discriminación racial y política?
- ¿Por qué gobierna con partidos que practican la discriminación étnico-lingüística en la escuela o alientan el racismo subvencionando a quienes lo promueven?
- ¿Por qué mantiene en su partido a quienes se proponen aplicar usos franquistas en el sistema educativo o persiguen a sus oponentes políticos con métodos que recuerdan los de la Italia de los camisas negras?
- ¿Por qué gobierna aplicando normas que permiten discriminar en el trabajo a quien habla español?
- ¿Por qué pacta acuerdos parlamentarios con quienes, en nombre de imaginarias patrias, defienden a los criminales por encima de las víctimas o marcan a los ciudadanos con nuevos tipos de estrellas de David?
- ¿Por qué consiente que no se apliquen las leyes que garantizan la igualdad de derechos en todas las regiones españolas?
- ¿Por qué permite que su partido subvencione a quien propone exterminar física y socialmente a quien discrepa?
- ¿Por qué es partidario de la existencia de organismos destinados al control lingüístico de los ciudadanos?
No bastan las palabras, presidente. Ni siquiera cuando suenan bien.










