El PNV se queja de “la diferencia de trato dado en Madrid a las iniciativas catalana y vasca”. Y tiene razón.
¿Por qué el presidente del Gobierno sigue deshaciéndose en halagos ante la supuesta capacidad de diálogo del nacionalismo catalán y defiende la opción de aceptar a trámite el estatuto catalán en el Congreso, mientras rechazó de plano el vasco?
¿Por qué pide respeto y silencio ante el proyecto del nacionalismo catalán y despachó en una tarde el plan de Ibarretxe?
El contenido de la propuesta catalana va mucho más allá que la presentada por el nacionalismo vasco porque implica un cambio en la legalidad constitucional. Y el hecho de que todos los partidos nacionalistas catalanes hayan aprobado el proyecto no puede ser causa suficiente para discriminar entre las propuestas de reforma estatuaria.
“Desazón es la sensación que tiene el Partido Nacionalista Vasco ante las diferencias de trato que están recibiendo el Estatuto vasco y el catalán en el Congreso. No en vano, mientras la propuesta del Parlamento de Gasteiz ni siquiera se tomó en consideración, todo apunta a que la reforma que plantea Catalunya será admitida a trámite, estudiada, debatida y votada en Madrid. Un extremo que el portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, entiende como «trato discriminatorio».” (Erkoreka destaca la diferencia de trato dado en Madrid a las iniciativas catalana y vasca)
El diálogo, al que de forma manida y machacona apela Rodríguez Zapatero, nunca ha sido tal. Y siempre se ha aplicado de forma discriminada: solo con algunos.










