¿Qué está sucediendo con el boicot a pie de calle? ¿Se habla mucho y se practica poco? Esta es la experiencia real, cotidiana, de quien estos días se dedica a vender.
Mientras algunos sectores empiezan a mostrar una creciente preocupación por los efectos del boicot que está produciendo en muchos ciudadanos la actitud etnicista de algunos gobiernos autonómicos y de empresas e instituciones radicadas en autonomías "históricas", los profesionales de la venta comprueban a pie de calle lo que está sucediendo de verdad. Este artículo ha sido enviado por Noatxell Larrea:
Los datos que aporto son producto del trabajo que en estos momentos estoy desarrollando. Este trabajo incluye hablar con empresarios de todo tipo, desde pequeños negocios familiares a medianas empresas con treinta o cuarenta empleados, pasando por todo tipo de comercios y talleres de automoción, forjados, artes gráficas, informática, etc. Resumiendo, un sin fin de pequeñas y medianas empresas que son el motor de la actividad industrial de la zona de España en la que desarrollo mi actividad profesional.
Ésta actividad no es otra que vender a los posibles clientes productos pertenecientes a una gran superficie. Todos te reciben con buena cara y quieren estudiar los precios que tienes y las ofertas que aportas y escuchan con atención tu discurso de venta. En la selección de artículos que estoy promocionando se incluye una selección de vinos, licores y cavas. Es en este punto donde el cliente clama su malestar con los políticos catalanes y su estatuto.
La experiencia hasta el momento es la siguiente. De 250 empresas interesadas en nuestros productos, sólo una decena de ellas se han mostrado interesadas en la selección de cavas. En las demás, el cliente sacaba a relucir su malestar con la política catalana y aseguraba que este año no pensaba comprar este producto. La mayoría de las empresas aseguraron que este año regalarían sidra o “cestas” sin cava.
Algunas empresas dijeron claramente que si excluíamos cualquier producto catalán de nuestra oferta navideña, incluyendo embutidos, quesos, conservas, aparte por supuesto de los cavas, harían pedidos importantes con nosotros cubriendo la demanda de todos sus empleados.
Han ocurrido un sin fin de anécdotas, desde el que nos ha dicho que no le importa pagar más mientras los productos no sean catalanes, hasta el que asegura que su empresa ha dejado de ser cliente de Iberdrola desde hace escasos días y que sus más de 5000 metros cuadrados de superficie ahora son iluminados y alimentados por Endesa, que además como el hombre decía, “si te cambias ahora te hacen un 10% de descuento”.
Pero de todas las anécdotas surgidas, la que más me ha llamado la atención, no por el número de empleados que han tomado la decisión sino por lo drástico de la medida, es la de un taller de automoción en el que sus doce operarios, incluyendo jefes y personal de administración, un total de quince personas, se han puesto de acuerdo para sacar su dinero, sus fondos de inversión, y dejar de percibir sus nóminas en La Caixa. Cuando les pregunté por qué hacían esto, si no pensaban que estaban llegando demasiado lejos, la respuesta fue muy clara: “Nos sentimos indignados y dolidos”.
Como opinión personal, sólo añadiré esto: todos estos datos, ¿no deberían hacer recapacitar a alguna de las grandes mentes pensantes que han propiciado este malestar, antes de que la indignación general llegue más lejos?










