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sábado 5 de noviembre de 2005

La permanente del puerco espín

¿Hasta dónde está dispuesto este Gobierno de socialistas nacionalistas (y sus no menos etnicistas socios) a llevar el recorte de derechos civiles?


En otros tiempos la izquierda presumía de eslóganes del tipo “socialismo y libertad”. Luego vino lo del muro y la perestroika. Gorbachov empezó a levantar alfombras y una nube pestilente, nauseabunda, cubrió las conciencias de quienes, in illo tempore, habíamos agitado banderas rojas.


Fue la primera vez que nos tropezamos con el palabro oxímoron. Socialismo y libertad. Y el ejemplo que utiliza la Real Academia Española de la Lengua para explicarlo parece pensado para las presentes circunstancias: silencio atronador. Como el que nos aguarda si las maniobras del Gobierno y sus socios conocen el éxito.


En la operación para limitar el derecho a la información y la libertad de opinión so pretexto de construir para los ciudadanos una España mejor (¿dónde he oído antes la palabra paraíso?), la avanzadilla corrió a cargo de Izquierda Unida, que presentó el curso pasado en las Cortes un proyecto de ley destinado única y exclusivamente a amordazar a los periodistas y a acabar con el derecho a la informacion de los ciudadanos. Lo llamaron “estatuto del periodista” y es un proyecto de corte franquista, o mussoliniano, que deja en manos del poder el control de la información.


Luego vino una oscura reglamentación de la publicidad institucional para evitar que las instituciones de la administración central, autonómica y local puedan comprar espacios publicitarios donde mejor les parezca, de modo que se corte el flujo de publicidad institucional a los medios que no jalean al Gobierno.


El siguiente episodio de esta operación de acoso fue la redacción del estatuto catalán, llamado a ser el germen de la futura nueva constitución española si no sabemos evitarlo entre todos. El texto que todos los partidos menos el PP admitieron a trámite en las Cortes establece la prevalencia de los intereses generales sobre el derecho a la información. Pero deja claro que quien define esos intereses es el poder.


Luego vino lo que denominan “campaña de catalanofobia”, un invento del nacionalismo para justificar sus propios excesos y sobre todo para intentar amordazar a los críticos so pena de excomunión. Para los nacionalistas y para los socialistas nacionalistas, es decir, para todos los socialistas con mando en plaza y escaño en Cortes, la crítica política no es lícita y quienes la hacen son enemigos de los catalanes y enemigos de la democracia (otra expresión que suena, incluso huele... a franquismo).


El penúltimo paso es la operación para acabar con una cadena de emisoras de radio, la COPE, crítica con el poder, utilizando para ello los instrumentos de la propia administración, paso necesario para culminar con éxito la permanente del puerco espín. Los pequeños anunciantes y algunos no tan pequeños huyen de las emisoras de la COPE en Cataluña tras una campaña de amenazas digna de las SA instigada por los nacionalistas y los socialistas nacionalistas. Eso sí, los promotores de la crispación, el enfrentamiento y el boicot somos los demás.


El final de este proceso es muy sencillo: tú, que has tenido la amabilidad de leer hasta aquí, vas a perder el derecho a ver, escuchar y leer lo que quieras. Vas a perder el derecho a opinar libremente.

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian La permanente del puerco espín:

Comentarios


Para los que crean que el stalinismo, el totalitarismo o el fascismo, tienen su propia patria y que la nuestra está por ahora a salvo de salvajadas sociales tan conocidas y también en nuestro suelo aunque hace años, les remito a los métodos usados por el nacionalismo catalán durante los últimos tiempos. Ocultación, censura, manipulación, opresión, delación, descalificación pública y otras actuaciones de tan reconocida bondad, han sido la moneda corriente utilizada por los políticos catalanes y vascos a través de verdaderas tramas que han dispuesto del dinero estatal para llevarlas a cabo y de comisarios altamente especializados en estas intrigas con el beneplácito y la no injerencia de los poderes estatales.

Todo ese bagaje se pone ahora en marcha por parte del PSOE porque habiendo pasado el Rubricón constitucional en los hechos, ahora estamos a punto de traspasarlo literalmente, oficialmente, “legalmente”. Han montado una reunión en el Senado donde invitarán a todas las comunidades a quedarse con todas las competencias que quieran, con el “límite” de no poner en peligro la “unidad de mercado” y la “cohesión social”, vacuos eufemismos que ocultan la desintegración total del Estado. La comisión constitucional del Congreso empezará el peinado del Estatuto en febrero 2006. Pero ZP ha montado ya una peluquería a la que ha invitado permanentemente a CIU, además del Tripartito, para hacer la permanente al Estatuto. Estas reuniones, que precederán a la discusión en la Comisión presidida por Guerra, durarán unos tres meses. Después de haber desacreditado a Guerra en el Congreso cuando aludió a sus palabras en las discusiones durante la transición (Guerra habló de “nación de naciones”), ZP y sus interlocutores hablarán en secreto, sin conocimiento público, es decir, ni más ni menos que conspirando contra los ciudadanos, con premeditación y supuesta alevosía. Y al final le darán a Guerra, a la Comisión, un texto pactado, “peinado”, que no tendrán más remedio que aceptar para que le den el visto bueno y vuelva al pleno, lo que ya habrá sido abrillantado ¿Qué hará Guerra?.

En conversaciones privadas con delegados del CSIC, acostumbrados a viajar y a comparar las situaciones políticas entre países europeos, se echan las manos a la cabeza con lo que ocurre en España. Las condiciones de su trabajo son completamente caóticas en nuestro país, sometidas a una red administrativa-política-clientelar-autonómica imposible no ya de impulsar con eficacia su labor, sino absolutamente inviable desde el punto de vista operativo. En cuanto a sus observaciones de la vida pública, no dan crédito a lo que ven en las TVs. Españolas, esa promoción de basura denigrante, de la incitación al consumo, de exaltación machacona y permanente de las más bajas pasiones, la descalificación o ausencia de valores sociales vigente en otras sociedades. Y cuando comentan la situación de la educación pública, la reestructuración del poder político o la perseguida arquitectura de poderes locales que determinen el funcionamiento general de la sociedad española, coinciden en nuestros análisis y miedos, contemplando, igual que nosotros, un destino fraticida.

El mundo no es lo que era y por eso la pretensión de volvernos al pasado desde el punto de vista político, no puede tener más que una solución violenta. Esa meta negra y segura, tendrá tiempo para montarse, de momento unos meses hasta que el Estatuto llegue a las urnas. Este es el tiempo que nos permitirá montar nuestra arma política, nuestros enemigos hace tiempo que las tienen operando y ahora han empezado a utilizarlas contra todos los españoles: más censura, más secretismo, más acusaciones a los discrepantes, más ilegalidades, más traiciones, más represión, en suma, más totalitarismo. Pero están equivocados, no se irán de rositas, y no es que seamos voluntariosos, idealistas o filántropos, sencillamente estamos obligados a luchar por la supervivencia. Frente a la vida, no pueden ni ladrones ni mentirosos.

Menos fundamentalismos, menos intransigencia, menos principios de "sacrosanta" unidad patria, menor imposición de teorías teocráticas, menos talibanes vendrían como anillo al dedo al común de la sociedad para una convivencia más suelta de ataduras, más libre, más segura de poder vivir cada uno a su gusto, sin molestar a los otros.

Diógenes tiene la la lámpara escacharrada y por eso no ve que la pasta es de todos. Quiere la libertad para él y la esclavitud y el gasto para los demás. La linterna de la libertad y de la democracia convertirá su luz en fuego resplandeciente y quemará las manos a los ladrones.

Quiero libertad para todos y esclavitud para nadie. Y mucho menos la esclavitud mental que promueven y agradecen ciertas asociaciones. Y, por cierto, no he mencionado a los ladrones. ¿Es que los hay?

El fundamentalismo está en las "comunidades naturales", en los "derechos históricos", en los "derechos colectivos", en anteponer "la lengua" y "la cultura" a los derechos individuales (recordemos el caso del niño sordomudo denunciado por la Asociación por la Tolerancia).
El fundamentalismo NO está en la racionalidad, en el estado de derecho, en fundar la ley en el ciudadano y no en el "pueblo", en la lucha por valores universales como la igualdad y la solidaridad.

Si intransigencia quiere decir ser intransigentes ante la vulneración de valores democràticos universales (igualdad, libertad, solidaridad), hay que ser intransigentes. si ciertos valores no son incuestionables, la convivencia no es posible.

Talibanes son los que defienden lo que antes se ha definido como fundamentalismo.

Tan solo podemos vivir en libertad si los valores básicos de la democracia son intocables (pensemos si no en la experiencia de Euskadi). El Estado de Derecho es el único marco que permite la libertad: es un marco de derechos y de deberes.

A ver diógenes, dónde tienes tú las ataduras, en qué no eres libre, cómo es eso de que no puedes vivir a tu gusto, quién te molesta. Me parece que eso es fruto de la intransigencia y del complejo de inferioridad, que son síntomas inequívocos de los separatistas recalcitrantes.

Es increible cómo azuzó el otro día el del PNV diciendo lo de talibanes de la constitución, comparando a ese ejército islamista en armas con los que defendemos nuestros derechos con la dialéctica y el derecho, valga la redundancia. Seguro que nunca en su vida ha proferido un calificativo más duro a sus muchachos de las pistolas, esos que ahora tienen un sueldo del Estado. Seguro que con ésos hasta toma café.
Como se siga hablando de talibanes constitucionales, se va ha hacer bueno el apelativo de talibán.

Diogenes:

Por curiosidad, ¿qué asociaciones promueven y agradecen la esclavitud mental? Posiblemente no coincidamos en su enumeración. O sí.

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