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martes 1 de noviembre de 2005

La unidad que el país reclama

Nunca ha quedado más en evidencia el tiempo de división que vivimos como en estas vísperas del debate parlamentario sobre el estatuto (que no “estatut”) catalán.


Y sin embargo el Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene desde hace meses la solución, el remedio para la división y el enfrentamiento, la clave para frenar su huida hacia delante. El presidente tiene en sus manos la llave de la unidad política de los dos grandes partidos en los grandes asuntos de Estado. Se la proporcionó Rajoy el invierno pasado:


“Si Zapatero estuviese realmente dispuesto a escuchar el latido de la calle respecto al Estatuto de Cataluña, la hoja de ruta que debería seguir está en un cajón de su despacho de Moncloa desde el pasado 14 de enero. Se trata del documento que Mariano Rajoy le entregó durante la reunión convocada para discutir la respuesta al Plan Ibarretxe.


“Sucintamente, ese papel contiene una oferta de colaboración entre PSOE y PP para abordar las reformas estatutarias más desafiantes con la Constitución vigente y, en su caso, la modificación de la propia Carta Magna; a cambio de la formación de una mayoría cualificada de consenso entre los dos grandes partidos nacionales, Rajoy se comprometía nada menos que a garantizar la estabilidad del Gobierno en caso de pérdida de la confianza de sus actuales socios independentistas y nacionalistas.


“Un órdago tan arriesgado como generoso -y difícil, porque no toda la dirección popular lo compartía- ante el que al líder de la oposición aún le andan rechinando los dientes.


“Con ese papel en la mano, el presidente podría perfectamente ganar la votación del próximo miércoles en el Congreso para admitir a trámite el proyecto estatutario y a continuación aplicarse al «afeitado» concienzudo que el proyecto catalán requiere para encajar en el ordenamiento constitucional.


“La inquietud que ha suscitado el asunto entre la ciudadanía española quedaría amortiguada por la confianza que ofrecería a la opinión pública la existencia de un acuerdo mayoritario entre los dos partidos con posibilidad de liderar el Gobierno de la nación.


“Y los nacionalistas y demás aliados tendrían que avenirse a un consenso tan amplio o mayor como el que posibilitó la Constitución del 78, ante la eventualidad de encontrarse con una mayoría capaz de imponer su propio criterio con el respaldo del 90 por ciento, no del Parlamento catalán, sino del Congreso de los Diputados.” Ignacio Camacho, La hoja de ruta.


Rosa Díez se refiere también en un reciente artículo a la unidad de los partidos en los grandes temas:

"El Pacto Constitucional, la Transición y más recientemente el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo. Un Pacto que logró que los ciudadanos percibieran que la derrota del terrorismo era posible. Que unió a los demócratas y terminó con la impunidad de los terroristas y sus cómplices. Que fortaleció a las instituciones. Que nos hizo recuperar la esperanza.


"Mientras nadie cuestionó esos grandes pactos, mientras nadie se sintió propietario e intérprete exclusivo de ninguno de ellos, la democracia española fue más fuerte. Y los ciudadanos nos sentimos más seguros, más tranquilos, más identificados con nuestros políticos y con nuestras instituciones.Definitivamente, fueron buenos pactos." Rosa Díez, Desmitifiquemos la Vía Láctea (€).

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Comentarios

Cierto, BBS
Cuando se escribe en castellano se trata del Estatuto de Cataluña. Si se hace en catalán, entonces "Estatut" de Cataluña.
Sin embargo, incluso a mi, que me hago llamar aquí, Pedro, que no Pere, me asaltan algunas dudas cuando, en Cataluña, me tengo que referir a nombres de topónimos o de instituciones que se "autonombran" exclusivamente en catalán y a las que todo el mundo, hable en el idioma que hable, las nombra en catalán ( Ej: Generalitat, Síndic de Greuges, Mossos d'Esquadra, etc )

Y es que, así como con los nombres propios de personas, para mi está muy claro. sobre los nombres propios de entes "impersonales", el asunto tiene otras connotaciones que lo hacen más dependiente de la voluntad del que nombra y no del que es nombrado, entre otras cosas porque los lugares o las instituciones no tienen voluntad ni carácter própio.

En fin, no sé si me explico. Pero esto deberían aclararlo los lingüistas y no un simple profesor de matemáticas como yo.

Un saludo.

Respeto sus opiniones aunque no las comparta en absoluto. Leyéndoles he recordado que seguramente nadie tenga la verdad absoluta o que, en cualquier caso, es conveniente plantearse de vez en cuando que quien piensa distinto que nosotros puede que tenga parte de razón.

Lo suscribo.
Lo que usted dice es válido siempre, en todo lugar, con toda persona, para mi y para usted.

Pero si esa fuera la actitud de todos, nunca se dabatiría de nada y jamás se podría dialogar o confrontar opiniones.

En este caso, por ejemplo, usted no me dice en qué está en desacuerdo ni en qué está de acuerdo. Y así, la verdad, es muy difícil comunicarse, no digo ya, entenderse.

En todo caso, salud.

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