Nacionalismo y crisis del sistema
"La reflexión de fondo es que la presión nacionalista ha hecho inviable al sistema."
"La descomposición política a que ahora asistimos es la expresión acelerada de un proceso que también habría ocurrido con el PP en el poder. Habrían variado los ritmos, no la conclusión del silogismo nacional.
"Imaginemos que no hubiese tenido lugar el atentado de marzo, y que hoy, 20 de noviembre del 2005, el PP estuviera gobernando con el apoyo de CiU. CiU no ha querido nunca, es verdad, una reforma estatutaria. Esta contención no reflejaba, sin embargo, una renuncia al esquema confederal. Se debía sólo al hecho de que los convergentes preferían eludir el desplante constitucional y llegar a la confederación por la vía de avances sucesivos, discretos, e irreversibles.
"El escenario más verosímil, en el caso de una victoria popular, habría sido el de concesiones peligrosas a Cataluña, en un clima, además, de radicalización nacionalista por parte de ERC, y también del PSC. Estaríamos, en fin, menos urgidos, aunque no mejor orientados, que en la hora presente. La conclusión es que hay que inventar algo, algo que infunda estabilidad duradera al sistema.
"¿Qué, exactamente? Montar una Gran Coalición para proyectos modestos, es un disparate. La suspensión de la alternancia sólo tiene sentido cuando, gracias a la irregularidad excepcional, se introduce una novedad también excepcional en la maquinaria pública.
"La novedad tendría que ser, claro, una reforma de la Carta Magna, concebida para cerrar el sistema autonómico y, a la vez, desactivar la capacidad de chantaje de los partidos pequeños con base territorial. Esto, en cuanto a los contenidos. No conviene, sin embargo, olvidar los tiempos.
"Sería preciso rechazar el Estatut en los meses inmediatos, devolver a su funda el estatuto valenciano y buscar una fórmula para suprimir, del modo que fuere, los privilegios fiscales del País Vasco y Navarra. Recuerdo lo último porque resultaría inexplicable, amén de poco realista, pretender que los catalanes se queden dentro de España en una situación de agravio comparativo respecto de otras regiones generadoras de renta.
"¿Se encuentra preparada la clase política, se encuentra preparado el país, para esta revolución? Me temo que no. La sensación cada vez más intensa de malestar, y el sentimiento difuso de que el Estado está descarrilando, no han cristalizado aún en actitudes ni conceptos claros.
"Y el tiempo aprieta. Tanto, que pudiera ser que en verano estuviese aprobado el Estatut, y las fuerzas centrífugas predominasen ya sobre las centrípetas. No parece probable que nuestro país consiga enquiciarse sin experimentar primero un periodo de caos." Alvaro Delgado-Gal, La hipótesis del caos.
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