¿Dónde está la izquierda? ¿Sigue existiendo? ¿Alguien, en algún partido nominalmente de izquierdas, sigue creyendo en los principios de la igualdad, la solidaridad y la justicia?
Boadella y De Carreras han vuelto a tropezar con los grupos de asalto del tripartito en Gerona, mientras en el Congreso la izquierda y los nacionalistas, apelativos que cada día parecen más redundantes, se ensuciaban las manos definitivamente al no condenar las actividades fascistas de los grupos de asalto del tripartito catalán.
El ataque a los medios de comunicación, el señalamiento de personas que no piensen como dicta el nacionalismo, el acoso a periodistas y el intento de cercenar la libertad de opinión y la libre expresión de las ideas se han convertido para la izquierda española en actividades lícitas.
El Partido Socialista e Izquierda Unida no solo no han condenado en sede parlamentaria ninguna de esas actividades, sino que han rechazado la posibilidad de investigarlas. Y lo peor es que posiblemente no lo han hecho para no coincidir con el PP, lo que sumaría a la pérdida total de vergüenza ideológica, la cretinez más estúpida.
Para algunos ciudadanos, a partir de ahora, la credibilidad de ambas formaciones es similar a la de los grupos de asalto del tripartito. Oír hablar de libertad de expresión a un republicano causa tan solo risa: no sabe a qué se está refiriendo. Pues lo mismo con PSOE e IU desde la sesión del Congreso del día 13 de diciembre de 2005, cuando ambas formaciones votaron contra la propuesta de investigar y condenar el comportamiento de los líderes parlamentarios de los grupos de asalto del tripartito.
Decía Albert Boadella en el acto frustrado del nuevo partido no nacionalista en Gerona que la actividad de los grupos de asalto del tripartito constituye una nueva forma de fascismo. Te equivocas, Albert. No es nueva.
Se trata de la más vieja y genuina de las manifestaciones del fascismo europeo. Y la hemos visto muchas veces. En el País Vasco cuando queman librerías como Lagun o pegan tiros a los no nacionalistas. En Barcelona, cuando multan a quienes rotulan su comercio en español. En las calles de todas las ciudades de España durante los 40 y los 50, cuando las mujeres eran sospechosas por ser mujeres y en los cines se podía (se debía) ver Raza. En la Italia de las vísperas mussolinianas o en la Alemania de Weimar. Hoy las viejas prácticas del fascismo europeo reverdecen en la España “plural”. En cada una de las regiones en que el nacionalismo ha impuesto su ley.
La izquierda tiene las manos sucias.










