Como ladrones. De madrugada. Evitando testigos, cámaras. Como ladrones. El “heroico” desmembramiento del Archivo de Salamanca se ha cumplido. Al alba.
Policías por todas partes y los funcionarios escapando por la puerta de atrás con los “papeles”. Así son los triunfos del nacionalismo. Oscuros. Logrados casi en la clandestinidad del delincuente.
La misma técnica, los mismos métodos se están empleando en el nuevo estatuto étnico del nacionalismo y del socialismo nacionalista. Oscurantismo, secretismo, opacidad, puertas cerradas. Y todo patrocinado por el que iba a devolver la política y la democracia al Parlamento. El Zapatero de hace dos años suena hoy a cruel sarcasmo. A cinismo frío y calculador. A irresponsable inconsciencia.
Hace 20 años los socialistas no tocaron un solo papel, una sola caja. Con Felipe González no se les ocurrió ni asomarse al asunto. Hace un par de años los patrocinadores del saqueo étnico-lingüístico, los socialistas de Rodríguez Zapatero, también se oponían a la destrucción del Archivo de Salamanca. Estaban en la oposición.
Hoy tienen la ordinaria desfachatez de hablar de “las cartas del abuelo republicano”, como si la operación de intercambio de intereses partidarios en que viven sumidos desde que llegaron a Moncloa fuera un asunto sentimental
Mientras en Barcelona hay quien anuncia huelga de hambre por no poder elegir la lengua que desea hablar; mientras los bienes artísticos de las diócesis aragonesas siguen sin ser devueltos por la Generalidad catalana a sus verdaderos propietarios después de años de reclamaciones y sentencias; mientras a los valencianos y murcianos el presidente autonómico catalán, un racista llamado Maragall, les anuncia que del Ebro “no saldrá ni una gota de agua”; mientras los líderes balcánicos de los partidos catalanes, de todos ellos, preparan en complicidad con Zapatero una operación que les permitirá controlar la vida política de toda la nación; mientras se quedan con los recursos de todos; mientras todo eso sucede, los ciudadanos que nos oponemos a barbaridades como el desmantelamiento del Archivo de Salamanca somos una pandilla de fachas indeseables, insolidarios y golpistas.










