El nuevo código de barras étnico
Los nacionalistas suelen comentar que los españolistas, es decir, los no nacionalistas, somos unos casposos, amarrados todo el santo día a imágenes del pasado más reaccionario:
“Ahora, como hace veinte años, se insiste en esto de la mitología de la nación catalana, de las raíces míticas catalanas o euskaldunas; pero callan las raíces míticas de la España que defienden. Tienes por ejemplo elevado a mito nacional a un señor denominado Cid Campeador que era un mercenario -luchaba en el bando donde le pagaban- y era un sanguinario; tienes por ejemplo a los Reyes Católicos, que eran los dos unos impostores dinásticos; tienes la famosa batalla de Covadonga, donde no pudieron luchar más de diez o doce personas.” Isabel Clará Simó, Que hem perdut el seny?Bueno, tal vez tengan razón. Los no nacionalistas, los que ellos denominan “españolistas” o nacionalistas españoles, porque no conciben el mundo más que dividido entre nacionalistas de un lado y nacionalistas de otro, quizá seamos todos un atajo de carcamales. Aunque últimamente no he visto por ahí muchas alusiones a Covadonga, a don Pelayo o al Cid Campeador. Digamos que en los últimos 30 o 40 años no nos hemos dedicado precisamente a salir a la calle gritando:
-¡Vuelva el Cid!
Tampoco hemos visto titulares en la prensa de la caverna mediática del tipo:
“¡Que viva la virgen de Covadonga!”
Mucho menos hemos escuchado en bares y mercados invocaciones españolistas de este jaez:
- ¡A ver! ¡Que pase Don Pelayo!
Pero en fin, si ellos lo dicen, igual es que soy algo duro de oído. El caso es que sí he escuchado y visto otras cosas. Y bien recientemente. El domingo, sin ir más lejos. Justo al día siguiente de la aparición del riguroso comentario de doña Isabel Clara (qué sarcasmo, el nomenclátor).
“El nuevo icono de los catalanes de hoy”, anunciaba en su edición dominical el racista Avui, el panfleto que edita la Generalidad catalana con el dinero de los contribuyentes, en colaboración con La Vanguardia y el grupo Godó (Antena 3, La Razón, Onda Cero).
Se refería el libelo a una de sus promociones, un código de barras patriótico, del que se ofrecen modelos para el coche, la moto, el casco, las carpetas, la bicicleta, el ordenador, los esquíes, como fondo de pantalla y para el teléfono móvil:
“El diario Avui apuesta para que todas aquellas personas que se sienten catalanas adopten el Código como una de los sus señales identificativas. Un nuevo icono que refleja el sentimiento y el orgullo de ser catalán y vivir en Catalunya.” (Parlem el mateix codi)
Bien, quizá tengan razón los nacionalistas. Lo suyo es pura modernidad, no como nosotros, que andamos todo el día llorando la desaparición de los reyes godos, que mira por dónde, reinaron sobre un país llamado España, ese invento tan falso como reciente.















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