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lunes 27 de marzo de 2006

El momento del colapso nacional

Nos sucedió exactamente lo mismo hace 25 años. Entonces los pardillos políticos de la transición, con su sobrepeso de buena voluntad en la izquierda y su mala conciencia en la derecha, creyeron que los nacionalistas estaban a su lado y no enfrente y dieron en promover el mayor parto de los montes de nuestra historia. Lo llamaron “estado de las autonomías”.


Sostenían sus defensores que no pasaba nada, que aquel inmenso error iba a resultar positivo, que cohesionaría el país e integraría las aspiraciones nacionalistas, que la nación no solo no se rompería sino que resultaría fortalecida.


Dos décadas después empezamos a percibir las perversas consecuencias de aquel diseño de la transición.


Los nacionalistas y sus palmeros, los dirigentes del PSOE, suelen recurrir con creciente frecuencia a algo que consideran argumento y que no es más que otra estupidez muy repetida del pensamiento único: “¿Lo veis? ¡España no se rompe!” Y aluden a la aprobación del nefasto estatuto catalán para apoyar la sandez. Al día siguiente de su aprobación en la comisión constitucional del Congreso, los voceros del régimen liquidacionista instaurado por Rodríguez Zapatero volvieron a repetirlo: “Se ha aprobado el estatuto catalán y España no se ha roto”.


A estas alturas ya hemos asumido que el argumentario del socialismo liquidacionista y del nacionalismo es pobre de solemnidad, pero tanta estupidez agota al más paciente. Hablan de ello como si tuvieran que aparecer grietas en la meseta. En efecto, España no se ha roto por ningún lado, no falta ningún cacho, ni se ha rajado montaña alguna. Pero una nación no la hacen los montes y valles sino las personas y su forma de organizarse. Es decir, las leyes. Y en ese sentido, España se rompió hace unos pocos días. Aunque todavía no se aprecia porque la ruptura no supone agujero de ningún tipo.


Como sucedió con el autonómico parto de los montes de la transición, será la próxima generación quien pagará los platos que nosotros hemos roto hoy. Sucederá dentro de algunos años, cuando la estructura política del régimen liquidacionista de Rodríguez Zapatero empiece a reventar las costuras económicas por causa de la insolidaria financiación de las distintas regiones. Entonces será cuando descubramos que no hay forma legal de evitar secesiones y rupturas.


Alguien se acordará entonces de nosotros y de que fue nuestra actuación de estos días la que propiciará el colapso que nuestros hijos vivirán.


Aunque tal vez pecamos de optimismo. El proceso también podría acelerarse. En Yugoslavia lo lograron en cuatro días.

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Listados abajo están los enlaces de los weblogs que le referencian El momento del colapso nacional:

Comentarios

Ciertamente arcaica la frase de "España no se ha roto".

España no existe , es un concepto que solo se creen 4 gatos , por romanticismo o estupidez.

La mayor parte de lo que antes se llamaba España lleva ya decadas largandose del barco e intentando hundirlo aun con ellos dentro.

No hay nadie que crea en España, que crea en ningun proyecto compartido.

Aqui todo Dios tiene "deudas historicas", "siglos de opresion", "ofensas irreparables"....

En España quedaran los pobres de solemnidad, las CCAA que no puedan irse a ninguna parte.

El futuro es argentino o yugoslavo. Con actores marroquies.

"No hay nadie que crea en España, que crea en ningun proyecto compartido" (Indigena)

¿Y yo qué? ¿Es que yo no existo? Y como yo, muchos y potencialmente podrían ser muchos más en el futuro. Símplemente falta una voz fuerte que se habra hueco entre los medios de comunicación y entre la gente anestesiada.

BBS,

chapeau. Evidentemente, el suelo no se está agrietando, lo que se agrieta son otras cosas.

Es justo lo que yo opino y defiendo. Por entonces estaban los que se decantaban por las "regiones" y los que se decantaban por las "autonomías" para que los nacionalismos se saciaran definitivamente y dejaran de dar el tostón. ¿Resultado? Siguen negociando...más.

¡QUE NO SEÑORES, QUE YA NO HAY QUE NEGOCIAR NADA MÁS PORQUE YA ESTÁ TODO NEGOCIADO!

Seguir la corriente a las pretensiones de los nazionalistas es caer en un profundo error. Yo soy defensor de las autonomías siempre y cuando las respeten y no jueguen con ellas pero ahora bien, también sería justo pensar que si una de las partes que pactaron las autonomías rompen lo acordado en el 78 para buscar la independencia, también sería justo que la otra parte volviera a pedir lo contrario, LAS REGIONES.

Insisto, caer en la corriente nacionalista es un error. Ante una ofensiva nacionalista clara, decidida y radical no se puede responder con medias tintas. Se debería decir "OK, negociamos otra vez la Constitución y nosotros pedimos el Estado de las Regiones". Entonces los nacionalistas se lo pensarían dos veces y se darían cuenta que al fin y al cabo lo actual no está mal y que ya están bastante saciados.

Esto va para los nacionalistas:

En la Constitución del 78 cedieron TODOS, no sólo las aspiraciones nacionalistas sino también el brazo duro del españolismo; si unos deciden acabar con las autonomías para impulsar las "naciones-estado", los otros tienen el derecho de defender el Estado de las regiones.

Como dijo Ibarreche, "¿lo resolvemos a tortazos?". Espero que no; espero que algún día los nacionalistas sepan valorar el Estado de las Autonomías, como punto de encuentro, y dejen de jugar con la paciencia de muchas personas.

Ale, me largo con mis Walkirias.

Añado una cosita más,

¿Que pensais si en un partido de baloncesto a un equipo se le permite tirar de 3 puntos y al otro no? Que la lucha sería desigual y que no sería justo.

Y bien, ¿el nacionalismo, tira de dos o de tres puntos? ¿Y los que no somos taifeños? Me parece que queda claro.

Si se volvieran a pedir las regiones, seguramente no se conseguirían pero se conseguiría lo intermedio, las Autonomías. Si unos piden la independencia y el resto las Autonomías, la mitad de la balanza se decantará hacia el independentismo (lo de ahora) y no hacia las autonomías. Si no jugamos todos con las mismas reglas de juego estamos acabados...en manos de la ETA, Perpiñán, Carod, Mas, Pascualín...

Y lo dice uno, insisto, que prefiere que dejen las cosas como están pero que tampoco tengo un pelo de tonto y opino que no se están aplicando las mismas reglas de juego para todos y eso es peligroso, no se puede jugar con fuego. Los nacionalistas usan las reglas del "todo vale" y el resto mira de respetar en todo momento cada línea de la Constitución (que es como debería ser).

No; que no. Que la gente deje de tocar la lira y que abran los ojos de una puñetera vez.

Pues vaya lo que hace la verdad... Parece que desde que el estatuto catalán es plenamente constitucional se os acabaron las mentiras.
¡¡Que se os deshincha la página!!

Desde Madrid con amor.

Yo creo que esta legislatura, en la que Zapatero está dispuesto a "abrir el melón de la Constitución" sería perfecta para proponer una redefinición del Estado en términos más centralistas. Ya hemos visto lo bien que nos ha ido con el invento éste de las Autonomías, dándonos de leches un día sí y otro también. ¿Por qué no probar la otra opción, que tan malos resultados ha dado a países como Francia, Italia...?

Me parecería una idea estupenda que se consultase a la población a ese respecto.

Menos mal...seremos pocos,pero al menos hay gente que nos atrevemos a decir que el rey del cuento está desnudo.


Casi todo el mundo se mueve hacia la descentralizacion politica y administrativa. Y con buenos resultados: Alemania y EEUU. Mas federalismo, no menos.

El entreguismo de Zapatero

Stanley G. Payne, El Mundo, 27-03-06
La única sorpresa en el anuncio de un «alto el fuego permanente» de ETA ha sido el momento concreto elegido. Se llevaba esperando algo similar desde hacía mucho tiempo, pero nadie tenía ni idea de cuándo se iba a producir con exactitud. Es producto de negociaciones muy prolongadas entre bastidores, de corte similar a otras celebradas con anterioridad aunque siempre sin ese efecto del concepto «permanente». La «tregua indefinida» de 1998 quedó, a la postre, «limitada» a menos de 15 meses, que siriveron para que la organización terrorista volviera a coger aire para reorganizarse y volver a la acción.

Es importante recordar cuál era la situación hace un par de años, en el momento de las elecciones que dieron el triunfo al PSOE. ETA se encontraba arrinconada, con su brazo político (Batasuna) declarado ilegal y fuera de la circulación, con sus fuentes de financiación reducidas prácticamente al mínimo, con su nivel de reclutamiento en franca decadencia; en suma, en su momento más bajo desde que comenzó a matar, en la década de los 60.

¿Cuál es la situación después de dos años de gobierno de Zapatero? El movimiento terrorista ha sido capaz de reorganizarse y de recomponer parcialmente su brazo político bajo un nombre diferente al tiempo que está reconstruyendo sus apoyos, financieros y de otro tipo, en el País Vasco. La presión policial que había empujado a ETA al abismo se ha relajado y la organización ha sido capaz de mantener negociaciones con el Gobierno, que la han llevado a creer que va a estar en condiciones de lograr sus objetivos fundamentales por medios políticos.

¿Cuáles son exactamente esos objetivos? ¿Qué es lo más probable que vaya a suceder a partir de ahora? El Estatuto catalán no ha sido ni más ni menos que el primer paso, dentro del programa del Gobierno de Zapatero, hacia la demolición de la estructura actual de la Constitución y las instituciones de gobierno españolas.Lo que vendrá a continuación será la fase vasca. El primer paso será la legalización de Batasuna, que puede esperarse que se produzca más pronto que tarde. Esta medida estará precedida o seguida indistintamente de un plan de excarcelación de presos, para lo que se encontrarán algunas excusas o justificaciones convenientes. La excarcelación puede llevarse a cabo bien por fases o bien por categorías, y los presos serán encomendados a terceros, por así decirlo, quizás al asilo de países hispanoamericanos.A continuación se diseñará la nueva versión del Estatuto vasco.

¿Qué forma adoptara este Estatuto? Es excesivamente pronto para aventurarlo. Zapatero hará algunas concesiones básicas al mismo tiempo que tratará de minimizar el alcance de las exigencias vascas, muy en la línea del ejemplo catalán. El proceso puede avanzar por etapas, empezando por un nuevo estatuto que reconozca al País Vasco un cierto carácter de «nación», con un alcance parecidamente limitado, acompañado de nuevas negociaciones secretas que prometan considerar la cuestión de un plebiscito de «autodeterminación» una vez que los socialistas ganen las elecciones de 2008.

El objetivo es presentar un Gobierno elegido por el terrorismo internacional como el que ha resuelto el problema del terrorismo nacional y merecedor, por tanto, de la reelección, cualquiera que sea el precio.

Puesto que el socialismo español no cuenta con una mayoría natural, para el Gobierno de Zapatero ha sido de capital importancia ganarse el apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos a fin de conservar el poder. Podrá parecer nefasto desde el punto de vista del patriotismo español, pero tiene todo el sentido del mundo desde la posición ideológica del Gobierno de Zapatero, que es en una medida muy considerable la de esa religión política conocida como «la corrección política multicultural», la cual tiene como objetivo desmontar la cultura, la sociedad tradicional y la superestructura en la que ésta se han organizado históricamente. Esta sociedad está en vías de ser reemplazada por una sociedad fragmentada y atomizada, totalmente laica y relativista y, en consecuencia, más fácil de manipular políticamente.

¿Es posible que incluso alguien tan oportunista y falto de escrúpulos como Zapatero colabore con el nacionalismo vasco sin estrellarse? A largo plazo, dependerá exclusivamente de su grado de entreguismo.Durante la Guerra Civil, el Gobierno de la República concedió al PNV un generoso Estatuto de autonomía que acto seguido fue transformado por el partido nacionalista en una declaración de independencia a efectos prácticos. El Gobierno vasco traicionó sistemáticamente a sus aliados republicanos, negoció tanto con Mussolini como con Franco al mismo tiempo que perturbaba las operaciones militares de la República y terminó por presentar una rendición unilateral. Durante la última parte de la guerra, el PNV negoció activamente con París y Londres con el objetivo de conseguir la partición de España.

Posteriormente, a raíz de la caída de Francia, el dirigente vasco José Antonio de Aguirre puso sus ojos en la Alemania nazi como el protector más deseable. Buena parte del año 1941 la pasó en Berlín, pero no fue capaz de conseguir una audiencia con Hitler.Poco después, el PNV volvió su mirada hacia Washington y colaboró de manera muy activa con las operaciones del espionaje norteamericano en Francia, España y América Latina. En un determinado momento, el PNV falsificó información sobre movimientos de barcos españoles para que pareciera que Franco estaba a punto de entrar en guerra contra Estados Unidos. Su propósito era provocar un estado de guerra entre Washington y Madrid que, una vez más, condujera al final, según confiaba, a la partición de España. Afortunadamente, la embajada de Estados Unidos fue capaz de aclarar rápidamente la situación y de demostrar que no había prueba alguna de que Franco estuviera pensando en entrar en la guerra.

Durante 70 años, los nacionalistas vascos han traicionado constantemente a todos sus grandes aliados e interlocutores. Es posible que no haya en el mundo ninguna otra fuerza política que tan sistemáticamente haya exhibido tal grado de deslealtad y de espíritu traicionero durante un periodo tan prolongado de tiempo.

¿Por qué va a tener éxito Zapatero allí donde se han estrellado todos sus predecesores? En su condición de político de toda la vida que jamás ha ejercido ninguna profesión productiva, considera que en la vida todo consiste en una especie de manipulación política y está convencido de que ha adquirido una habilidad sin par en esta materia, aunque probablemente se haya formado una opinión excesivamente elevada de su talento. Lo que es más probable que ocurra, como se ha indicado antes, es que conceda enseguida las exigencias de menor calado de ETA al mismo tiempo que tratará de espaciar y de aguar las exigencias de mayor trascendencia de la organización terrorista y del PNV. Las negociaciones políticas fundamentales avanzarán, sin duda alguna, en la especificación de una serie de etapas, lo cual supondrá dar concesiones políticas importantes de constitucionalidad dudosa, aunque Zapatero parece seguro de poder mantener a todo el mundo unido en alguna especie de alianza o acuerdo de carácter político, por grande que sea el precio.

¿Va a durar esta tregua de ETA más que la anterior? Dependerá en último término de lo lejos que el Gobierno español esté dispuesto a llegar. Al mismo tiempo, desde el 11 de marzo de 2004 el terrorismo ha entrado en España en una nueva dimensión que ha hecho más difícil, incluso para ETA, justificar ese tipo de acciones. A la vista de este ambiente y de la debilidad a la que se vio reducida a principios de ese año, la política de negociaciones y concesiones de Zapatero les ha llegado que ni caída del cielo.

El Gobierno se ha colocado él solito en una resbaladiza pendiente por la que va a tener que continuar descendiendo si su intención es la de que se siga manteniendo la tregua. Quizá haya límites incluso para lo lejos que Zapatero esté dispuesto a llegar, pero, a corto plazo, el escenario está ya preparado para una serie de concesiones desoladoras. El Gobierno elegido por el terrorismo internacional está dispuesto en estos momentos a conceder una cierta forma de victoria a los objetivos políticos del terrorismo interno. Parece que aquí la línea directriz es la de la paz al precio que sea, aunque el precio que se pague es probable que resulte ser enorme.

Stanley G. Payne es historiador y autor de El Colapso de la República (La Esfera de los Libros, 2005).

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