Sobre todo y en primer lugar es oscuridad, silencio, omertá. Complicidad. Es tapar los trapos sucios de una clase politica que solo actúa en función de sus propios intereses. Es la peor forma de corrupción. Y hemos vivido ya muchos ejemplos.
Lo vimos de manera cruda, obscena y particularmente cínica en el episodio del Carmelo: la preocupación de políticos y medios de comunicación catalanes fue en primer lugar tapar el escándalo, no hablar de ello, silenciar a la prensa, mirar para otro lado. Todos se prestaron, desde los partidos políticos (a excepción del errático PP catalán) hasta la prensa, que a través del Colegio de Periodistas ofreció un espectáculo bastante repugnante. Y todo ello en nombre de la patria (catalana): no había que romper la imagen de un “país” civilizado y democrático gobernado por políticos honrados y eficaces.
Pero hemos seguido viendo esta forma suprema de la corrupción en todos los episodios desgraciados de los últimos años, en las catástrofes y los desastres naturales frente a los que se reacciona con insoportable torpeza. Y lo vemos ahora una vez más ante el numerito de los partidos políticos catalanes con motivo del estatuto.
Ahora nos llega nuevamente la apelación al silencio, a la omertá mafiosa de la vida política catalana, inseparable del nacionalismo más rancio. Desde el editorial de Tribuna Catalana-Servei d'Informació Català se exige silencio en nombre de la patria ante los famosos y patéticos informes encargados por los gobiernos de Pujol:
"Culminando una política sin el menor asomo de sentido de estado [se refiere a un imaginario “sentido de estado catalán”], vemos como nuestros políticos se entretienen reprochándose toda clase de informes y estudios que publicamos con gran inocencia y toda clase de detalles. Este espectáculo provinciano y lamentable degrada la confianza de los ciudadanos en sus instituciones." (Informes: som uns provincians.)










