El nacionalismo y el Ejército (1)
Primero lo condenaron a la prostitución. Y luego lamentaron que tenga tan poco arraigo. Una lección de hipocresía y doble lenguaje, la del nacionalismo cuando habla del ejército.
Desde que CiU perdió la poltrona andan los convergentes multiplicando sus publicaciones digitales etnicistas y montando todo tipo de tinglados con los que tratar de influir en la opinión pública. Así el Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña, una web con vocación de think tank que en realidad es una forma de propagar el mensaje nacionalista con otra apariencia.
El interés del CEEC por los asuntos que dice que le interesan es más bien escaso. Por ejemplo, en el apartado de terrorismo en el País Vasco hay un solo artículo. En cambio disfrutan colgando cosas que deben considerar muy sesudas, como el artículo sobre el racista Iu Forn, el que toma a las madres de los militares por prostitutas (nada que envidiar a Oriol Malló), y que está firmado por el director de la publicación.
El director del Centro de Estudios Estratégicos de Cataluña no es otro que Miquel Sellarés, el cofundador de Convergencia Democràtica de Catalunya, que fue director general de Seguridad Ciudadana y bajo cuyo mandato se puso en marcha el cuerpo de Mozos de Escuadra. Sellarés es el autor del texto que se reproduce más abajo, en el que, como es costumbre en el nacionalismo, tira la piedra y luego esconde la mano.
Para los nacionalistas, el Ejército es una fuerza de ocupación. Pero son incapaces de articular un solo argumento sólido que pueda sustentar tal aseveración. Las apelaciones al supuesto lenguaje rancio del ejército que hace Sellarés (¿qué decir entonces de panfletos como Deia o Avui?), o su presunción de que los catalanes son seres superiores que requieren planteamientos más complejos a la altura de su inconmensurable coeficiente intelectual, resultan sencillamente ridículos.
El nacionalismo aprovecha la menor oportunidad para insultar y/o ridiculizar a las fuerzas armadas, para presentarlas como el enemigo de su inventada nación y para generar un sentimiento de odio ciudadano hacia ellas. Pero los presidentes regionales nacionalistas acuden hipócritamente a fiestas y recepciones oficiales de carácter militar, recurren a las FF AA cada vez que una catástrofe deja en evidencia la pésima organización de las estructuras autonómicas de protección civil, y muestran una actitud aduladora hacia los mandos de las regiones militares de sus autonomías con la que tratan de ocultar su verdadera opinión.
Estos son los “argumentos” del nacionalista Sellarés, que trata inútilmente de disfrazarse de analista riguroso para exponer con hipócrita descaro sus opiniones sobre el Ejército recurriendo al habitual doble lenguaje étnico:
“En Catalunya las FAE, a pesar de no causar animadversión desde hace unas décadas, causan frialdad y desinterés y son consideradas ajenas a la sociedad catalana. Y en los sectores universitarios y juveniles hay cátedras por la paz y mil iniciativas ‘pacifistas’, pero ningún planteamiento serio de estrategia o defensa.
“Si alguna vez el Ministerio, su ministro o algún alto mando hacen alguna intervención en Catalunya, la hacen desde la retórica rancia de salvadores de no sé qué ‘patria’ o en base a unos planteamientos ininteligibles para una sociedad moderna, europea y con criterios propios como la catalana.
“El asunto de la lengua catalana en las casernas y el caso del periodista Iu Forn requieren que el ministerio de Defensa disponga de un equipo de comunicación y estrategia capaz de comprender la realidad catalana.” Miquel Sellarès, El asunto Iu Forn, Bono y Catalunya.
Y aquí llegamos a la cuestión de fondo: “una estrategia capaz de comprender la realidad catalana”, dice Sellarés. O sea, un cambio en el Ejército que pase por tragarse la rueda de molino de la inexistente nación. Si así actuaran, si el Ministerio de Defensa ordenara abandonar la lengua común, el castellano (el español, para los amigos latinoamericanos), y emplear las lenguas regionales, si a las FF AA se las sustrajera, previa reforma constitucional, de una de sus funciones elementales, la de garantizar la unidad e integridad territorial (como sucede en todas las naciones democráticas), los nacionalistas estarían encantados con los militares y tal vez así podrían incluso dejar de ser hijos de prostitutas. A eso le llaman “diálogo”.














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