El nacionalismo y el Ejército (y 2)
Si no fuera por el Ejército español, totalitario y fascista, ¿de qué íbamos a estar los vascos todavía en España?
Cuando se trata del ejército, mientras el nacionalismo catalán utiliza sus retorcidos métodos, siempre a medio camino entre la cobardía y el cálculo frío del riesgo y el engaño, el nacionalismo vasco se decanta por el trazo grueso y el improperio.
Esas son seguramente las diferencias básicas entre una y otra corriente étnica. Los nacionalistas vascos disparan a todo lo que se mueve y no se preocupan demasiado a la hora de apuntar. Saben que con la recortada siempre se cobra alguna pieza. Mientras que los nacionalistas catalanes son más partidarios del arma blanca, con la que permanecen apostados tras la esquina esperando una distracción de la presa a la que nunca atacarán de frente.
Al analizar (permítaseme el exceso terminológico) el papel del ejército, el nacionalismo vasco pone en evidencia que jamás se para a pensar ni siquiera durante un instante lo que va a decir. Terminan soltando las mismas barbaridades que los nacionalistas catalanes pero estos las envuelven en celofán, mientras los nacionalistas vascos abren la perrera que tienen en el lugar antiguamente ocupado por el cerebro y dejan fluir el sonido de la barbarie más ignorante:
“No sé, pues, por qué se extrañan los nacionalistas españoles de que una gran mayoría de vascos aspiremos a nuestra propia nación y a nuestras instituciones. ¿Qué nos han dado y que nos ofertan, a parte de su gran entelequia imperial? Les diré: invasiones y ocupaciones, usurpación de bienes y patrimonios, franquismo, tribunales nefastos, destrucción de nuestra cultura o cuando menos poco respeto hacia ella, y la permanente amenaza de sus milicos y mercenarios. Eso siempre ha sido así. Así lo ve gran parte de la ciudadanía basca. Y no lo olviden: Carta de las NU, de obligado cumplimiento para un país democrático: ‘La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público’. Y ustedes, los españoles, lo saben: les acatamos y seguimos en sus instituciones exclusivamente por el miedo a la violencia de sus fuerzas armadas.
“Los vascos que tratamos de manifestar libremente nuestras aspiraciones nunca hemos podido evitar un extraño temblor. Siempre pensamos que nos podéis empapelar si expresamos nuestra opinión y declaramos que vuestro rey o vuestras instituciones son una... Eso lo dejo para esos tertulianos y fascistas coperos.
“El totalitarismo, como un nefasto virus, impregna las venas de la España cañí. Y los totalitarismos desprecian el derecho internacional público; se basan en la obediencia ciega del ciudadano y nunca entenderán que los derechos individuales puedan limitar los poderes de los gobiernos; y sobre todo que el ciudadano sea el artífice de la soberanía popular, la que legitima al estado. Por supuesto, para ellos, la autodeterminación de los pueblos habrá de ser una exigencia irracional, insolidaria, inmoral y como poco fuera de Derecho. No contemplan otro derecho que no se sustente en la violencia de las armas.
“Y si en esta España el gobierno no puede o no quiere enfrentarse con este fascio envalentonado, ¿qué? Si un simple juez es capaz de parir en unas horas instrucciones tan chapuceras y descabelladas, pero capaces de entorpecer la actividad social y política de la ciudadanía, ¿cómo? Y si los ciudadanos no podemos, como decimos en nuestra lengua, ‘antzarak ferratzera bidali’, o a sembrar fríjoles, a los que nos violan o nos amenazan con el artículo 8, ¿a dónde? Eso es; ¿qué estamos haciendo mal? ¿cómo vamos a desmadejar este dédalo? ¿a dónde hemos de lanzar nuestros caminos los vascos para liberarnos de esta España errática?” Josu Sorauren, La España errática (€).
Es ocioso advertir que las lamentables carencias ortográficas y sintácticas del texto son achacables solamente a su autor.














Pues está bien claro, porque desde el punto de vista estrictamente económico les resulta rentable a los nazionalistas.
Publicado por: jose | viernes 12 de mayo de 2006 a las 20:31