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lunes 12 de junio de 2006

El "proceso de paz", o cómo organizar el nuevo estado

"El siglo XXI tiene que ubicar a Euskal Herria como una nación libre y democrática en el firmamento de los pueblos y estados de Europa."


Mientras Rodríguez dice que va a negociar, o nos quiere hacer creer que va a negociar el fin de la violencia y la integración del nacionalismo en el sistema democrático sin precios políticos, uno de los que dirigen la negociación del otro lado de la mesa, Rafa Díez Usabiaga, el secretario general de LAB, vuelve a repetir por enésima vez de qué va toda esta historia y sitúa precisamente en el precio político la clave del asunto:


“El «tren» de la paz en Euskal Herria tiene unos raíles muy claros: un diálogo incluyente, en una mesa de partidos sin exclusión ideológica y territorial, como instrumento para definir un acuerdo que permita a los hombres y mujeres del conjunto de Euskal Herria disponer de capacidades reales para decidir democráticamente sus relaciones internas y externas sin injerencia e hipoteca alguna." Rafa Díez Usabiaga, Autodeterminación.


Rodríguez sabe perfectamente, como sabemos todos los ciudadanos españoles, que a cambio de su colaboración, el nacionalismo, el "amable" o el etarra, va a exigir su precio en la moneda de curso más utilizada en la actual política española: la territorialidad, la autodeterminación y un inevitable cambio constitucional. ¿Entonces por qué quiere sentarse con ETA-Batasuna? La respuesta es tan obvia que avergüenza referirla: porque el objeto de la negociación no es el que indica Rodríguez.


Durante años el nacionalismo vasco con escaño parlamentario obstaculizó cualquier posibilidad de acabar con ETA mientras de su derrota no pudiera extraer claras ventajas para el PNV. Ahora el PSOE de Rodríguez cree poder sacar grandes beneficios del fin de ETA, aunque sea un desenlace pactado con los propios asesinos y en él haya que dejar parte del estado de derecho.


El objeto de la negociación con el nacionalismo armado que plantea Rodríguez no es el fin de la violencia sino el reparto del nuevo poder que fundamente un nuevo estado. Un estado basado en el pensamiento único nacido de la alianza entre socialistas y nacionalistas y construido sobre las ruinas de una Constitución que firmaron todos los partidos políticos.


Rafa Díez Usabiaga:


"Es decir, configurar el suelo democrático donde la pluralidad de la sociedad vasca y los distintos proyectos políticos puedan desarrollarse y legitimarse democráticamente. Esta es la clave. Los dirigentes del PSE, PSN, PSF... saben, o deben saber, que el derecho de autodeterminación es sólo un derecho democrático, que no forma parte de una ideología específica y que, por ello, está ubicado en el derecho internacional siendo una parte determinante de la Carta de Naciones Unidas y del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos de la ONU.


"Por tanto, no hay solución política al conflicto sin pasar por el reconocimiento de la existencia del pueblo vasco (Euskal Herria) y el respeto a su voluntad política. La «vía catalana», con un poco más de «prólogo» y algo más de «agua autonómica», no tiene futuro como base para establecer en Euskal Herria un marco democrático de confrontación de ideas y proyectos políticos. Es decir, para abordar el conflicto político de fondo.


"La izquierda abertzale, en este sentido, no va a diluir su proyecto con planteamientos autonomistas o federalistas ­todos legítimos­ en ese falso ejercicio de mestizaje político. Ese no es el proceso de negociación. Debemos compartir principios democráticos y, a partir de esa base común, todos los proyectos políticos sin exclusión podrán ser desarrollados sin cortapisas.


"La negociación no es una convergencia de proyectos y culturas políticas, sino establecer una reglas democráticas donde todos los hombres y mujeres de Euskal Herria tengan garantizado su derecho a definir su estatus jurídico-político interno y externo desde el respeto a los derechos individuales de todas las personas.


"Así pues, el nuevo ciclo político abierto no debe diluir el factor central que generación a generación se viene planteando: la existencia de un pueblo y su legítimo derecho a decidir su futuro en libertad. No hay tres pueblos ni tres conflictos.


"Un pueblo con realidades sociopolíticas e insti- tucionales diversas, que exige una transición nacional y democrática. Agarrémonos a esto como a un clavo ardiendo y no lo sol- temos hasta el final por muy duro y complicado que sea. Para ello, desde luego, será indispensable el impulso desde ámbitos políticos, sindicales y sociales de un sirimiri ideológico y una movilización permanente que hagan irreversible la oportunidad histórica construida con mucho sufrimiento y sacrificio.


"El siglo XXI tiene que ubicar a Euskal Herria como una nación libre y democrática en el firmamento de los pueblos y estados de Europa." Rafa Díez Usabiaga, Autodeterminación.

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