Parece que España ya no es una nación… pero solo lo parece
¿De veras creen que ha ganado el sí? ¿De veras creen que ha nacido jurídicamente la nación catalana? ¿De veras creen que hemos comprado su lamentable mercancía?
Las cifras son por supuesto provisionales pero van a variar ya muy poco. Y con un resultado tan significativo, el triunfo del sí es absolutamente democrático. Pero la altísima y rotunda abstención obliga a una rectificación en toda regla de la política gubernamental. No hacerlo sería irresponsable, por más que socialistas y nacionalistas lleven años diciendo que a la hora del recuento, les vale la mitad más uno.
Si socialistas y nacionalistas creen lo que andan diciendo y se comportan como si realmente hubiera ganado el sí, tendríamos que pensar que, a partir de ahora, los ciudadanos catalanes son partidarios de que en este país haya dos naciones, Cataluña y España, dos soberanías distintas, la una emanada del Congreso de los Diputados, la otra del parlamento catalán.
Este estatuto aprobado de manera harto discutible rompe la unidad judicial, quiebra la unidad de mercado restringiendo las libertades del nuevo mercado catalán, limita las libertades públicas al imponer una lengua en una parte del territorio, establece unos derechos ciudadanos distintos a los reconocidos para los ciudadanos españoles; y permite la aparición en el terreno internacional de una nación con representantes propios. ¿De veras piensan que eso es lo que hemos elegido hoy?
Dicen quienes celebran tan vergonzosa aprobación del estatuto catalán que España no se va a romper. Decían lo mismo (los mismos) en el 78 cuando algunos señalaban los riesgos del estado de las autonomías. Tuvieron razón entonces: España no se rompió a finales de los 70. Lo empezó a hacer 20 años después. Está por ver cuántos años quedan para que suceda la próxima y, para los planes de socialistas y nacionalistas, definitiva disolución final.
Que los documentos históricos medievales que reclaman como propios los catalanes, los vascos, los gallegos y demás tribus étnicas estuvieran escritos en castellano, que los decretos altomedievales hicieran expresa referencia a España y que los gobernantes de hace más de 1.000 años se declararan españoles, con independencia de que vivieran en Barcelona, en Vizcaya, en Santiago o en Valladolid, quedará borrado de la memoria de las nuevas generaciones si se aplica este estatuto deslegitimado por el abrumador desinterés de la ciudadanía.
Que la única realidad nacional documentada que ha existido en este país desde los tiempos de Julio César sea España es circunstancia que será suprimida de archivos y bibliotecas si se consuma la patraña estatutaria que, según ha quedado demostrado, no interesa a los supuestamente interesados.
Que desde un momento tan remoto como el de la desaparición del poder romano, en los cuatro costados de este país se izara el sueño de la recuperación de la unidad perdida a manos de los sarracenos, se considerará un episodio xenófobo si Maragall, Mas y Rodríguez deciden seguir hacia delante como si la ciudadanía hubiera aplaudido su gestión etnicista.
Cuando habíamos conseguido alcanzar niveles de desarrollo y prosperidad inimaginables para nuestros mayores, nos hemos empeñado en lanzarnos al abismo con los ojos vendados. Entre otras cosas, un mínimo porcentaje de catalanes, 1.881.765 votos, frente a un electorado regional de 5.300.000 votantes (el resto de españoles no hemos sido consultados), ha aprobado tapándose la nariz el fin de la libertad lingüística, la renuncia de los castellanohablantes a la educación en su lengua materna, la cesión del control de la política de inmigración al gobierno regional, la imposición lingüística en la Justicia y el funcionariado, y el fin de la unidad judicial. Pero con los resultados obtenidos no se puede considerar que haya sido la ciudadanía, la sociedad catalana, quien haya optado por todas esas cosas.
Con unos resultados negativos y una abstención que reflejan una peligrosa división y una más que discutible legitimidad, socialistas y nacionalistas pretenderán empezar mañana por la mañana la siguiente fase. Los nacionalistas armados esperan ya que la democracia española se siente con ellos a la mesa para negociar cuánto tardamos en autorizar el referéndum de autodeterminación vasco. Los gallegos calcan punto por punto el pasteleo étnico recién aprobado en Cataluña.
¿De veras creen el Gobierno y sus socios nacionalistas y comunistas que están legitimados por las urnas para emprender semejante camino? Creían que no había más nación que los variados productos de su imaginativa mente pero resulta que donde menos lo podían esperar, aparece la bicha: la abstención ha ganado en Cataluña para recordarles a los granujas políticos que todavía queremos ser una nación única, unida, libre y solidaria.














Totalmente de acuerdo. Los resultados del referendum no son halagüeños pero eso no será obstáculo para proclamar la victoria a unos cuantos oportunistas. Llámense Maragall o Pepe Montilla (el de las raíces catalanas o el Propio Carod Rovira) otro oportunista y trepa donde los haya.
No sabemos que nos depara el futuro. Fracaso escolar en el cinturón industrial. Obligatoriedad del catalán, etc. etc. Etiquetaje.... Omnium Cultural recomendándo no comprar productos NO catalanes
Publicado por: Pepita Jimenez | jueves 22 de junio de 2006 a las 16:07
Lamento decir que pienso que os equivocais: Han ganado.
Y lo saben.
(Hoy estoy poco animado).
Publicado por: Noroeste | jueves 22 de junio de 2006 a las 17:35
Parece que a los españoles les gusta de criticar el estatut de Catalunya, sin conocerlo siquiera y a decir verdad, apenas hemos conseguido nada de lo que realmente necesitamos en Catalunya, gracias todo al tripartit que han conseguido que en Catalunya se gobierne desde Madrid y no desde Barcelona. Y el estatut lo hemos de votar los catalanes y no el resto de los españoles, ¿o yo tengo derecho a decir lo que han de hacer los gallegos o los andaluces? creo que no tengo derecho a ellos,son ellos quien han de decidir su futuro, como autonomia y como cultura propia.
c
Publicado por: Josep Monsó Castells | domingo 6 de agosto de 2006 a las 20:53
Josep, ¿eso es lo que llega a sus oídos? Pues estamos apañados.
Corrección: Evidentemente, los catalanes votan para su estatuto y los ciudadanos de otras comunidades hacen lo propio con el suyo, pero si se elabora un estatuto unilateralmente al contenido de la Constitución, rompiendo varios de sus artículos más elementales, entonces se está forzando un cambio de la Constitución a través de un estatuto. En ese caso, deberían votar todos los ciudadanos españoles.
Así como en el fútbol un árbitro es quien vela por las reglas del juego, los jugadores, dentro de esas mismas normas, pueden jugar como quieran (jugando por las bandas, por el centro, fortaleciendo la defensa, etc.). Supón que un equipo decide meter goles con la mano y el árbitro, sea porque está comprado o por otros motivos no pita falta, lo normal sería que el resto de clubes se quejaran para, o bien dejarles también meter goles con la mano o simplemente, que se respete la regla anterior.
Capicci?
Publicado por: Telemakhos | domingo 6 de agosto de 2006 a las 23:30
Siguiendo al hilo anterior,
si a pesar de todo, los clubes no consiguen lo que piden y a ese otro club se le sigue permitiendo meter goles con la mano, lo normal es que los otros le cojan antipatía. Este, se defenderá diciendo que le tienen manía persecutoria, eso encabritará a sus seguidores (que sólo les importa lo suyo, su club, ganar sea como sea) que se encargarán de presionar al colectivo de árbitros para que les arbitre "bien", bajo la amenaza de acusarles de actuar presionados por las demandas de los otros clubes.
Publicado por: Telemakhos | domingo 6 de agosto de 2006 a las 23:40
Cuando se redacta un estatut o cualquier ley,
sea nacional, autonomica o local, ello siempre ha de pasar por el gobierno y otros organismos superiores, precisamente para comprobar que ese estatut o esa ley, sea constitucional y no este por encima de la constitucion española, que es lo que si votan todos los españoles y lo que se ve que no esta bien, se corrigue o se elimina, el estatut de Catalunya cuando salio de Madrid, era muy diferente de cuando entro.
Publicado por: Josep Monsó Castells | domingo 13 de agosto de 2006 a las 7:53
de todas maneras la constitucion la aprobaron en unos tiempos muy diferentes a los de hoy gente que muchos de ellos ya no estan...y muchos la hemos heredado sin que encaje en la realidad de hoy en dia.
Publicado por: josep | domingo 13 de agosto de 2006 a las 10:16
Y tú y tus amigos, que sois muy guapos y teneis un ADN diferente, la cambiais y ya está. 40 millones de personas deben entender que los vuestro es lo bueno y si no, es que son unos "fascistas".
Nazis, que sois unos nazis y España entera lo sabe. Además de carne de cañon, naturalmente.
Publicado por: Sergi Colomer | domingo 13 de agosto de 2006 a las 11:45
La "realidad de hoy en día"
PATENTE DE CORSO
La boquita del senador
ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal | 18 de junio de 2006
En capitanalatriste.com reproducimos las columnas publicadas por Arturo
Pérez-Reverte en "El Semanal". En el nuevo número de la revista comenta:
"Todos somos nacionalistas de algo: la lengua, la cultura, la infancia, el
fútbol. Pero él hablaba de otra cosa.".
Si algo me fascina de los políticos españoles es su capacidad de rizar el
rizo con tal de no bajarse de los carteles. Y la verdad es que algunos
domingos me dan esta página hecha. Hoy se la debo al senador del PNV Javier
Maqueda, quien opina, literalmente, que «el que no se sienta nacionalista ni
quiera de lo suyo no tiene derecho a vivir». Sí. Eso fue lo que el senador
-que viene del latín senatus, senado, consejo de ancianos sabios y
venerables- largó hace unos días, durante un acto al que estaba invitado en
Mallorca; donde, por cierto, se le jaleó la ocurrencia con aplausos.
Faltaría más. En España los aplausos van de oficio. Es, salvando las
distancias mínimas, como en los programas bazofia de la tele, donde eructa
cualquier pedorra, y el cuerpo de marujas de guardia rompe aguas en aplausos
entusiastas, que para eso están allí. Para aplaudir lo que le echen y decir
te queremos, bonita.
Con lo del senador, sin embargo, albergo un par de dudas. Lo de nacionalista
es un concepto complejo, pues abarca demasiadas cosas. Todos somos
nacionalistas de algo: la lengua, la memoria, la cultura, la infancia. El
fútbol. Pero creo que el senador Maqueda hablaba de otro nacionalismo: el
que se envuelve en la bandera local, el exclusivo y excluyente, el de
nosotros y ellos. El patológico. El que manipula instintos y sentimientos
para conseguir perversa rentabilidad política. Y por ahí, no. En ese
sentido, algunos no nos sentimos nacionalistas en absoluto. A mí, sin ir más
lejos, no se me saltan las lágrimas cuando oigo una minera en La Unión, ni
cuando veo saltar un salmonete en la punta de Cabo Palos, ni cuando le
cantan -lo siento paisanos, pero ya no- la salve a la Virgen el Lunes Santo
por la noche. He visto demasiadas veces cómo lo noble, lo legítimo, termina
en manos de gente como el senador Maqueda. Si alguna vez aflojo, será por
otras cosas. Por mi infancia perdida, tal vez, y por las sombras entrañables
que la acompañan. No porque me emocione el cantón nacional de Cartagena o su
independencia de la mardita y opresora Mursia. Por ejemplo.
Aclarado, pues, que me incluyo en las palabras del senador Maqueda, quisiera
que un experto en nacionalismos y en derecho a la vida, como él, aclare un
par de cosas. Imaginemos que decido establecerme en Bilbao para pasear por
el Guggenheim cada mañana; o en Barcelona, por ir de noche a la calle
Tallers y calzarme un martini seco en Boadas; o en Cádiz, puntal
indiscutible de la nación andaluza, para ponerme de urta a la sal en El
Faro, un día sí y otro no, hasta las trancas. Supongamos, como digo, que
opto por alguna de esas alternativas, sin sentir, respecto a Bilbao,
Barcelona o Cádiz, más cosquilleo nacionalista que el que proviene de la
atenta lectura de los libros de Historia, el aprecio por su gente, y la
certeza de compartir una memoria colectiva en la compleja y mestiza plaza
pública -llamada Hispania por los mismos que inventaron la institución de la
que trinca el senador Maqueda- donde, unas veces por suerte y otras por
desgracia, el azar puso a mis antepasados. Entre los que lamento, por
cierto, no figuren unos cuantos jacobinos, guillotinadores, con un «todos
los ciudadanos son iguales ante la ley» bajo el brazo y con las cabezas de
Carlos IV y Fernando VII metidas en un cesto. A lo mejor no estaríamos
hablando de estas gilipolleces.
Y ahora, las preguntas. ¿Cómo se articularía, a juicio del senador Maqueda,
mi falta de derecho a vivir? ¿Mediante la prohibición, tal vez, de
establecerme donde vivan nacionalistas? ¿Quemándome la ferretería si
decidiera hacerme ferretero? ¿Pegándome un tiro en la nuca?. Como ven, las
posibilidades que abre la afirmación senatorial son curiosas. Y pueden
aderezarse, además, con matices interesantes. ¿Echar la pota -por ejemplo-
cada vez que oigo a un cateto cantamañanas manipular la Historia y mi
inteligencia haciendo comparaciones con Irlanda o con Montenegro, es un tic
franquista? ¿Saber como sé, porque viajo y leo libros, que no hay nada más
conservador, inculto y reaccionario que un nacionalista radical, me hace
acreedor al epíteto de fascista?. Y ya puestos a preguntar, ¿se ocuparía,
llegado el caso, el senador Maqueda de explicarme personalmente mi derecho a
vivir? ¿Él y cuántos más? ¿Vendrían de día, o vendrían de noche? ¿Vendrían
juntos a explicármelo, o vendrían de uno en uno?. Porque me parece que el
senador Maqueda está mal informado. No todos somos Ana Frank.
Publicado por: jfk | domingo 13 de agosto de 2006 a las 11:55
puede ir usted a vivir donde le apetezca,incluso tomar o pasear lo que quiera,a barcelona,bilbao,moscu o tbilisi...siempre que no intente cambiar a sus gentes.
si tanto le gusta disfrutar de las joyas de cada uno de esos lugares,vamos a mantenerlos,¿o lo que usted quiere es disfrutar de la feria de abril en barcelona y un pescaito frito en el guggenhein.
respecto a los comentarios sobre el senador...creo haber leido algo sobre este sindrome en algun sitio...agaselo mirar.
Publicado por: joub | lunes 14 de agosto de 2006 a las 21:12
Dice Joub: "puede ir usted a vivir donde le apetezca....siempre que no intente cambiar a sus gentes"
Luego añade Joub: "¿o lo que usted quiere es disfrutar de la feria de abril en barcelona y un pescaito frito en el guggenhein."
Que barabridad!!!, que locura!!!.....tomarse un pescaíto en el guggenheim...........en qué cabeza cabe?. Hasta ahí podríamos llegar. Se empieza por un pescaíto frito y se termina congeniando con españoles...... intolerable de todo punto..... No hemos matado a mil personas, ni mutilado a diez mil, para esto.
Joub, amiguete, estudie más, lea y viaje, ya verá como de repente la palabra libertad recobra significado más allá del uso que le dá usted: libertad para prohibir, libertad para perseguir y finalmente libertad para matar.
Es usted el que tiene que hacer que se lo miren, me refiero a ese objeto redondeado que tiene encima de los hombros.
Publicado por: Zapatiesto | miércoles 23 de agosto de 2006 a las 18:54