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jueves 27 de julio de 2006

Lo que piensa el nacionalista después de disparar

"Su comparecencia ante el juez fue la de un joven envalentonado y desafiante. Su frialdad y arrogancia sólo se vieron amenazadas cuando descubrió en la sala la presencia del padre de esa persona a la que había asesinado cobardemente."


Profesor de ciencia politica, especialista en el terrorismo del IRA y en el conflicto irlandés, estudioso del terrorismo en España, autor de libros especialmente necesarios para entender lo que ha pasado en el Ulster, Rogelio Alonso reflexiona acerca de la actitud de los nacionalistas de ETA cuando se enfrentan a la Justicia y relata sus experiencias con los terroristas irlandeses:


"Un antiguo miembro del grupo terrorista norirlandés IRA, responsable del asesinato del protestante Kenneth Leneghan en 1976, revelaba años después el tremendo impacto que le causó la presencia durante el juicio del padre del asesinado, dejando en su memoria un imborrable y devastador recuerdo.


"Como explicó a quien esto subscribe en diversas entrevistas personales, el asesino de Leneghan reconocía no haber podido olvidar la imagen del cuerpo desangrándose y desplomándose a cámara lenta mientras vaciaba el cargador de su pistola.


"Su comparecencia ante el juez fue la de un joven envalentonado y desafiante. Su frialdad y arrogancia sólo se vieron amenazadas cuando descubrió en la sala la presencia del padre de esa persona a la que había asesinado cobardemente.


"Su mirada se clavó en aquel anciano para reparar en el rostro de un hombre triste, cansado, que acababa de recibir la noticia del asesinato de su hijo. Años más tarde todavía recordaría con absoluta nitidez su vestimenta: un abrigo deshilachado y una camisa vieja. Era un hombre pobre e indefenso que le hizo sentirse avergonzado de su crimen. Mientras estos pensamientos recorrían su mente su conciencia le atormentaba: había asesinado al hijo de ese hombre frágil que aparecía ante él completamente destrozado y con una enorme dignidad.


"Unas horas antes este mismo asesino se había sentido decepcionado porque únicamente había logrado asesinar a una sola persona. Siempre había pensado que si le detenían, al menos debía ser por el asesinato de más de una persona, pues, en su opinión, una pena en prisión no merecía menos.


"Sin embargo, ante la presencia silenciosa y humilde de ese anciano abatido tuvo que afrontar por primera vez sentimientos de culpa y de derrota. Reconocería posteriormente que intentó vencerlos con una actitud arrogante jactándose de nuevo de su crimen y de su hipotética efectividad.


"No obstante, treinta años después sigue sin olvidar el rostro arrugado de aquel anciano y desea que ojalá jamás le hubiese arrebatado a su hijo. Asegura que lo que entonces consideró como una hazaña, nunca lo fue y que no contribuyó un ápice al objetivo idealista y vago de liberar Irlanda. Sí sirvió en cambio para provocar otras muertes y para que otros desearan verse liberados de asesinos como él.


"Como en el caso de este ex preso del IRA, bajo la bravuconería que muchos etarras despliegan ante el juez se esconde una realidad escasamente romántica que objetivamente es susceptible de provocar un nulo orgullo o halago a pesar de sus intentos por demostrar lo contrario.


"En contraste con esa exaltación de la violencia en la que muchos etarras convierten sus juicios, es útil recordar las declaraciones de uno de ellos, Eugenio Irastorza, al abandonar la cárcel tras cumplir veintitrés años de condena, pues reflejaban un innegable fracaso que expone la patética teatralidad con la que a menudo ensalzan el terrorismo los integrantes de ETA.


"En una entrevista publicada en «Gara» en septiembre de 2003, respondía así a la pregunta de si creía que la situación política había cambiado durante su tiempo en prisión: «No mucho. Precisamente, durante la comida comentábamos que en el momento en que yo salgo entran otros cuatro. Los avances que ha conseguido la izquierda abertzale han supuesto una serie de cambios, pero en lo sustancial apenas ha variado. La negación de los derechos de Euskal Herria sigue siendo la misma que cuando yo comencé. Ves cómo nuevas generaciones se van incorporando. Yo entré siendo un chaval, y ahora están entrando chavales que no habían nacido cuando yo entré. Y eso se hace duro, porque ves el costo tan grande que supone reivindicar los derechos de nuestro pueblo. Pero sobre todo sientes orgullo del pueblo al que perteneces y de la gente que tienes».


"Ese cuestionable orgullo de pertenencia a un pueblo que rechaza mayoritariamente al grupo terrorista ETA es el pobre balance que a este antiguo activista le queda después de pasar media vida en prisión tras asesinar a Dionisio Imaz, propietario de un taller, en abril de 1979.


"Es muy revelador que la opinión de otros excarcelados atribuya una similar ineficacia a la violencia de ETA. Después de treinta años de terrorismo, pocos éxitos más allá del sufrimiento generado puede exhibir, al igual que Irastorza, el asesino de Miguel Ángel Blanco y Fernando Múgica." Rogelio Alonso, ETA: ¿triunfo o derrota?

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Comentarios

Lo cual les importa una mierda.

Y más ahora que ZP está dispuesto a cambiar esa dinámica de no avanzar en sus pretensiones.

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