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miércoles 19 de julio de 2006

Nacionalismo y 18 de julio: mienten

Cantamañanas nacionalista con acreditación académica hablando del 18 de julio de 1936: “En Euskadi se vive [el 18 de julio] una situación bastante plural. Los que habían sido enemigos políticos pasan a formar un mismo sector a favor de la democracia.” Pues resulta que no.


Dice el etnicista de guardia de una de esas universidades donde aceptan estudio del ombligo como conocimiento:


“[El 18 de julio de 1936] todas las diferencias políticas pasan a un segundo plano y todos los partidos pasan a formar un mismo sector a favor de la democracia.” (Deia €)


Nuestro etnicista del día es Josu Chueca Intxusta, al que el órgano oficial de PNV, conocido en el siglo con la cabecera de Deia, define como “historiador y profesor de la Universidad Pública Vasca, autor de numerosos estudios sobre la influencia que tuvo en Euskadi la Guerra Civil española”.


Otro xenófobo, Mikel Arizaleta, del que Gara dice que es “traductor” (en la Cataluña del tri, bi o pentapartido, que lo mismo da, los llaman “lingüistas”), observa con la agudeza de una ballena ciega:


“Quien es abertzale y de izquierdas y nació en el 36 lleva setenta años preso en su tierra. Hoy hace setenta años que en el Estado español se dio un golpe militar contra la II República. Yo nací en Navarra, en una familia requeté en la que se leía «El Pensamiento Navarro». Nos hablaban de Franco, de Queipo de Llano, de Sanjurjo y Mola, de Jaime del Burgo... Estábamos gobernados por un puñado de asesinos y matones.

“No fue ni la escuela, ni el cura, ni el Pensamiento navarro ni, tampoco, la familia.... A mí ETA ¬a la que algunos llaman banda¬ me descubrió que Euskadi es un pueblo, una nación. Soy agradecido. A mí ETA me abrió los ojos. Y comencé a mirar la historia de otra manera, sin anteojos y no al dictado. Y descubrí a los libertadores y a los opresores de Euskal Herria. Porque ya es hora, como dice el historiador Lorenzo Espinosa, de que «hablemos de la participación vasca en la guerra como nacionalistas y no como colaboradores sacrificados del gobierno de España».” Mikel Arizaleta, Setenta años.


En cuanto al “análisis” que del 18 de julio hace el peculiar nacionalismo gallego, renuncio a los adjetivos:


“Para Galicia, como para otras naciones sin estado, la imposición del franquismo supuso un modelo represivo adaptado a las particularidades de un pueblo que avanzaba hacia la toma de conciencia nacional.” (70 anos depois do golpe fascista que abriu as portas ao franquismo, a luita continua)


El historiador, profesor y blablablá Chueca, el visionario traductor filoetarra Arizaleta y el anónimo fabulador gallego no se limitan a tratar de ocultar los hechos del pasado a base de soltar tinta negra. Además mienten con entusiasmo.


El gobierno regional vasco nacido del estatuto de autonomía que los nacionalistas apañaron en el 36 traicionó en toda regla al gobierno de la república. Lo demás, Chueca, es imaginaria reconstrucción. Lego, Mecano o Mattel.


En cuanto a su enfrentamiento con el franquismo, el PNV estuvo negociando con Calvo Sotelo hasta el último momento su participación en el bloque de fuerzas conservadoras y católicas. Solo cuando, en vísperas del levantamiento militar, el líder de la CEDA dejó claro que no apoyaría el estatuto, los nacionalistas empezaron a inclinarse por la izquierda. E inmediatamente se dedicaron a traicionarla. Juan Ajuriaguerra, a la sazón presidente del PNV, escribió:


“Tenía la esperanza de escuchar alguna noticia que nos ahorrara el tener que tomar una decisión: que uno u otro bando ya hubiese ganado la partida. A las seis de la mañana, tras una noche en blanco, promulgamos una declaración dando nuestro apoyo al gobierno republicano. Tomamos esa decisión sin mucho entusiasmo.”


Pocas horas después el PNV hacía público este comunicado:


"Ante los acontecimientos que se desarrollan en el Estado español, y que tan directa y dolorosa repercusión pueden alcanzar sobre Euzkadi y sus destinos, el PNV declara -salvando todo aquello a que le obliga su ideología, que hoy ratifica solemnemente- que, planteada la lucha entre la ciudadanía y el fascismo, entre la República y la Monarquía, sus principios le llevan a caer al lado de la Ciudadanía y de la República, en consonancia con el régimen democrático y republicano que fue privativo de nuestro pueblo en sus siglos de libertad."


La desfachatez roza el sainete ante semejante declaración. ¿Así que in illo tempore el País Vasco vivió "sus siglos de libertad" bajo un "régimen democrático y republicano"? De qué cosas se entera uno repasando páginas viejas. El caso es que la Historia no recuerda, por más que se la retuerza, ningún reino democrático y republicano vasco en la edad media. Tampoco antes, cuando supuestamente los romanos luchaban contra los indómitos vascos (en realidad lo hacían contra los cántabros y entre las huestes de Roma figuraban como aliados los vascones). Ni después, ni nunca hubo en España "un régimen democrático y republicano que fue privativo de nuestro pueblo en sus siglos de libertad".


El poco entusiasmo del que hablaba Ajuriaguerra se tradujo enseguida en el campo de batalla y en el terreno político. Los nacionalistas vascos y sus poco ejemplares “gudaris” se comportaron con cobardía reconocida, pactaron en secreto con las fuerzas fascistas de Mussolini, facilitaron con su traición la conquista franquista del norte de España, y cuando rindieron Bilbao sin disparar un tiro, se encargaron de que toda la industria de la margen izquierda, la más importante de la España de aquellos días, llegara intacta y en perfecto funcionamiento a manos de Franco, que supo aprovecharla para la guerra.


Por cierto, el susodicho estatuto fue rechazado por los navarros, se aprobó en referéndum gracias al pucherazo que organizó el PNV y que años después sus propios dirigentes reconocieron y no logró convencer a los alaveses, que se excluyeron. Esos son los bonitos años de relumbrante democracia que los nacionalistas tanto homenajean estos días.


Como sucede con el nacionalismo vasco y el catalán, el gallego sustenta buena parte de su argumentación etnicista sobre la existencia de la lengua regional. Nuestro analista gallego del 18 de julio habla de la toma de conciencia nacional en la Galicia de finales del XIX y principios del XX. Sin duda por eso escribía el malogrado Juan Ramón Lodares:


“El gallego no servía para nada que no fuesen las inspiraciones poéticas de unas personas acomodadas de la ciudad que hablaban español.” (El paraíso políglota)


A eso le llaman “toma de conciencia nacional”. A eso y al digamos pensamiento “nacional” del santón nacionalista gallego. Decía Castelao:


“La teoría de Stalin sobre el problema nacional concuerda con los sentimientos permanentes de Galicia. He aquí una concordia que yo reputo venturosa porque me hace suponer que la unión de los gallegos antifascistas queda consolidada por un programa único de reivindicaciones.” (Sempre en Galiza)


Los nacionalistas catalanes no se quedaron atrás en cuanto a deslealtad y cobardía. Estrenaron la república con un intento de golpe de estado, el de Macià y su patética “República Catalana”, y culminaron la faena con otro golpe, el del muy alabado Companys, político cuyo único mérito parece haber consistido en sufrir una muerte del todo injusta (con Blas Infante sucede lo mismo). La labor golpista se convirtió así en la actividad principal del nacionalismo catalán en los años 30 del pasado siglo. No resulta pues extraño el comportamiento actual de sus herederos.


¿Resistencia nacionalista al alzamiento militar? La sociedad catalana nutrió de insignes nombres las filas del franquismo. El venerado (por los nacionalistas) Cambó se convirtió en colaboracionista entusiasta del “caudillo” y en su agente en el extranjero. Los obispos Plà i Deniel, Gomà y Cartañà sentaron las bases del nacional catolicismo franquista y promulgaron la idea de cruzada. Una parte sustancial del dinero para el alzamiento procedía de Cataluña vía Juan March. Y algunos de los más insignes escritores, intelectuales y artistas que Cataluña ha dado (Dalí, D’Abadal, Pla, Mompou, D’Ors) se pusieron al servicio del ejército de Franco.


Algunos de los citados, con Cambó a la cabeza, dirigieron a Franco un escrito:


“Como catalanes, afirmamos que nuestra tierra quiere seguir unida a los otros pueblos de España por el amor fraternal y por el sentimiento de la comunidad de destino. Como catalanes saludamos a nuestros hermanos que, a millares, luchan en las filas del ejército libertador.”


No está mal para quienes estos días defienden la memoria histórica y las excelencias de los años 30 del pasado siglo, unos años que, en sus aspectos más negativos, recuerdan de manera tan viva como siniestra algunos de los comportamientos políticos de nuestros días.


El franquismo fue un régimen autoritario y condenable. Pero desapareció, por más que los etnicistas, los de las pistolas y los otros, se empeñen en mantenerlo vivo a toda costa: es su gran coartada. Y si el franquismo resultó execrable, los nacionalistas de todas las regiones, que hoy se presentan como paradigmas de la modernidad y el progresismo, eran en los años de la “memoria histórica” tan casposos como en la actualidad.


Constituían la reserva fundamentalista de la religiosidad más intransigente, precisamente aquella que dio origen al nacional catolicismo franquista, y alardeaban de sus ideas raciales y de su defensa de la pureza étnica frente al deterioro de la raza española. Sabino Arana, Almirall y Prat de la Riba no se recataban de propagar sus escritos xenófobos y las propuestas políticas más autoritarias y antiliberales formaban parte de su ideario. Y el carlismo fue el caldo de cultivo de sus apestosas huestes nacionalistas.


A la vista de los acontecimientos históricos, constituyen una inmensa muestra de sarcasmo las críticas actuales del nacionalismo al régimen franquista o a los falangistas de los años 30.

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Comentarios

Esta anotación, sin el recurso de un lenguaje descalificatorio (apestosos) tendría más empaque.

Cuando se escribe en público hay que guardar las formas.

Al navegar contra corriente, es importante que los contenidos generados sean INATACABLES, que no es el caso.

Pues eso, crítiquese, denúnciese, arguméntese, pero sin caer en la descalificación.

Lo dicho, adjetivos como "apestoso" sobran en un discurso serio.

Por lo demás, SUBSCRIBO el artículo, a pesar del lenguaje. Yo siempre prefiero centrarme en los hechos, limitando la adjetivación, y mucho más la descalificatoria/insultante, es más elegante y más útil para que los contenidos sean leídos por el mayor número de personas.

Para descalificar y soltar improperios ya están "nuestros" políticos y numerosos visitantes en los comentarios de muchas bitácoras. No hace falta animarles, digo.

- Un saludo -

Mmm...¿a que no adivináis cuál fue el primer destino de exilio del lehendakari Aguirre ? ¡La Alemania gobernada por quien ayudó a Franco!
Según se recoge en su "famoso" libro "De Berlín a París pasando por Nueva York", dice que en un principio estableció relación de amistad con los Nazis, iba a sus mítines cargado del mismo orgullo nacional y racial que ellos y dijo "Los vascos aspiramos pronto a ver cumplido nuestro sueño de Nación Vasca de la misma manera que los alemanes luchan por la defensa de su nación y su raza". Si no es literal, decía algo por el estilo.
Sin embargo, este Aguirre se piró de Alemania tras arrepentirse de haberse codeado con "quienes bombardearon la villa de Gernika y ayudaron a Franco a invadir Euskadi".
Eso sí, en su casa en centroeuroopa, con su familia, hablaba en euskera para que nadie los entendiera.

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