El nacionalismo y la Historia
"Es lamentable para una nación el día en que el Gobierno tiene el poder para manipular su Historia."
El historiador Henry Kamen reflexiona sobre el nacionalismo y la manipulación del pasado:
"Hace algunos años, al recibir un premio en Leipzig, el historiador Eric Hobsbawm -de quien, déjenme que diga, he recibido infinitas bondades y cuyas obras han sido inspiración para muchos historiadores- comentaba los problemas que el fenómeno del nacionalismo ha causado al mundo moderno.
"Hobsbawm fue uno de los primeros estudiosos occidentales que intentó un análisis serio del nacionalismo como factor histórico, más bien que sociológico, en la creación del mundo moderno. En su estudio Naciones y nacionalismo exponía cómo la mayoría de ideologías nacionalistas intentan sostenerse falsificando la Historia.
"En su discurso en Leipzig, Hobsbawm decía: «Ernest Renan tenía razón cuando escribió, hace más de un siglo: 'El olvido histórico, incluso el yerro histórico, constituyen factores sustanciales en la formación de una nación, y -por la misma razón- el avance, el progreso de la Historia como ciencia es, con frecuencia, un peligro para la nacionalidad'. Esta es, creo, una bella tarea para los historiadores: ser un peligro para los mitos nacionales».
"Hobsbawm no dudaba de la ideología esencialmente destructiva y neo-fascista de la mayoría de nacionalismos. «En nuestra espantosa centuria -afirmaba-, el nacionalismo reaccionario y retrógrado se convirtió, en manos de políticos y fanáticos, en un instrumento sumamente peligroso, capaz de acabar con la civilización».
"Esta afirmación me trajo a la memoria un artículo publicado esta semana en la revista Newsweek, en el cual, el autor hace una interesante distinción entre nacionalismo y patriotismo, y concluye que el último es bueno y el primero es malo.
"Se refiere en particular al caso de Estados Unidos, que elogia por sus grandes ideales, cristalizados en su patriotismo, pero que también critica por su «nacionalismo», no siendo mejor que el de los enemigos que se supone que está combatiendo.
"El autor cita una frase de George Orwell, según la cual, «nacionalismo es hambre de poder atemperada por el autoengaño». La frase, ciertamente, es aplicable a Estados Unidos, que bajo el Gobierno de George W. Bush parece haber perdido su camino en el desierto y ha acabado en un espejismo de autoengaño sobre dónde se dirige realmente. Pero también se puede aplicar a la mayoría de otros nacionalismos de nuestro tiempo.
"La capacidad del nacionalismo ideológico para el autoengaño es ilimitada, y por eso negociar con ciertas categorías de nacionalistas es un viaje por el desierto. O, si abandonamos el espejismo del desierto por el de la montaña, el proceso de negociación puede ser algo como un baile con lobos. El proceso se hace más difícil por el hecho de que en tres puntos específicos no hay un lenguaje común entre nosotros y los lobos.
"Primero habría que añadir que el lenguaje del nacionalismo es profundamente antidemocrático. En ninguna época un movimiento nacionalista ha pensado si quiera que estaría satisfecho con la decisión electoral de la mayoría.
"Es simbólico que el resultado del referéndum de junio de 2006 en Cataluña (un desastre para los nacionalistas que ha provocado la retirada del teórico vencedor) fuera considerado una gran victoria del pueblo, cuando sólo el 36% del electorado dio su apoyo al nuevo Estatut.
"Una y otra vez, los movimientos minoritarios, representando algunas veces solamente una pequeña proporción del electorado, han afirmado hablar en nombre del «pueblo». La mayoría, sobre todo si es antinacionalista, queda descartada por irrelevante.
"La segunda diferencia en el lenguaje implica la dedicación del nacionalismo a la violencia, asesinato y extorsión, que se ven como expresiones necesarias de la voluntad del «pueblo». La violencia es presentada como una simple protección contra la violencia que ejerce el estado democrático. «El nacionalista», apuntaba Orwell, «no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su grupo, sino que tiene una notable capacidad para ni siquiera saber de ellas».
"En consecuencia, los portavoces de la violencia, ya sea en Chechenia, País Vasco o Irak, jamás expresan arrepentimiento por el asesinato, porque consideran que las víctimas son los culpables. La negociación con los que se sienten orgullosos de haber eliminado a hombres, mujeres y niños indefensos, es una estrategia que sólo los más bizarros se atreverían a emprender.
"Finalmente, el nacionalismo ideológico intenta construir una creencia que en realidad no tiene fundamento histórico. «El nacionalismo, señalaba Hobsbawm, se legitimiza a sí mismo y legitima también sus metas políticas invocando el pasado común de la nación que dice representar».
"Como un marxista que criticaba la mitología soviética, y un judío que criticaba el nacionalismo israelí, Hobsbawm estaba en una buena posición para exponer las ficciones de los grupos nacionalistas que afirmaban ser los ideólogos de la izquierda.
"De hecho, la diferencia entre una así llamada izquierda, y una así llamada derecha es totalmente ficticia. Los dogmas de la Historia nacionalista no tienen ese tipo de orientación. Deciden crear un pasado imaginario que nunca existió, ya que lo necesitan para justificar su política del momento.
"Cuando desafortunadamente (el caso de Esquerra Republicana de Cataluña es típico) no tienen historiadores que puedan crearles el pasado, y cuando sus líderes políticos no saben nada de Historia, entonces la consideran poco relevante y la dejan de lado. Esa ignorancia es la última degradación cultural del llamado nacionalismo.
"Sin embargo, la tarea de bailar con lobos no se limita sólo al problema de cómo los nacionalistas confeccionan la Historia. Otros grupos políticos, que no afirman ser nacionalistas, también se unen a los que intentan manipular el pasado para falsificarlo.
"Esta tendencia a la manipulación ha tomado recientemente en España la forma de una campaña para «recuperar la memoria histórica», que significa, en lenguaje común, un propósito de crear una falsa memoria y una Historia que nunca existió. Desafortunadamente, la propuesta ha recibido el pleno apoyo del Gobierno, con el intento de proclamar el año 2006 como Año de la Memoria Histórica.
"A bien seguro, es lamentable para una nación el día en que el Gobierno tiene el poder para manipular su Historia. Eso ocurrió con Stalin, y pasó con Franco. Ahora, parece que podría pasar con un Gobierno socialista, que tiene puestas sus esperanzas en financiar una imagen altamente ficticia de la Segunda República y de los años de la Guerra Civil.
"A mi entender, ningún historiador de prestigio ha respaldado al Ejecutivo. Uno de los principales hispanistas, Stanley Payne, ha mostrado en su más reciente libro, El Colapso de la República, que tanto los líderes republicanos como los de la derecha fueron igualmente responsables del desastre acontecido.
"Asimismo, Anthony Beevor, autor de una reciente Historia de la Guerra Civil, ha subrayado en un artículo en el The Washington Post de hace dos semanas: «Aún hoy, tal como los antiguos derechistas -los nostálgicos del franquismo- no admitirán ninguna culpa en la cruzada de Franco, la mayoría de socialistas todavía se niegan a admitir que el ala izquierda del Gobierno del Frente Popular de 1936 era cualquier cosa excepto una víctima inocente. Algunos incluso rehúsan admitir que las huelgas, disturbios, expropiaciones de tierras, y quema de iglesias contribuyeron al colapso de la ley y el orden en la primavera de 1936. En junio de ese año, España se hizo ingobernable, tan caótica que la derecha puede argüir que un levantamiento militar había de tener lugar de cualquier manera. Y, en efecto, Franco aprovechó para aplastar la democracia. Pero la irresponsabilidad de las facciones izquierdistas le dieron tal oportunidad».
"Una memoria histórica patrocinada por el Gobierno no conseguirá otra cosa que exacerbar tensiones que más vale dejar tranquilas. También demuestra claramente que la falsificación sistemática de la Historia no es sólo un monopolio de las minorías nacionalistas que buscan manipular el pasado.
"Beevor escribe en su artículo: «España ahora necesita un pacto de recordar, no de olvidar, pero debe ser una aproximación a la memoria completamente diferente, una que evite los fantasmas propagandísticos del pasado que se alimentan a sí mismos, una que reconozca libremente las peligrosas consecuencias de rehusar el compromiso».
"Ningún historiador profesional puede disentir de esto. Es adecuado terminar este artículo con las palabras de Hobsbawm: «Si no somos capaces de contrarrestar el abuso y la manipulación de la Historia y el peligro mortal que, con frecuencia, éstos traen aparejados en nuestros días, ¿no somos parcialmente responsables de lo que ocurra?»" http://www.elmundo.es/diario/opinion/2001944.html, Bailando con lobos.













Los pueblos que desconocen u olvidan su pasado están condenados a repetir sus mismos errores.
Publicado por: Posnik | viernes 28 de julio de 2006 at 17:06
Quizás soy un poco ajeno al problema; pero viendo las cosas desde fuera pueda tener una perspectiva más clara, les recuerdo que no he leído todos los comentarios, apenas algunos; pero me da una idea clara del problema que surge en España tras la denominación del castellano como lengua oficial del país. Qué es un país?, pues un conglomerado de gente que persiguen metas comunes. A las personas que dicen que debe existir una lengua oficial, pues cierto; pero se puede hablar en plural y decir "lenguas" garantizando la soberanía e integridad de cada sector poblacional. Las personas centralistas no pueden opinar, porque no ven perder la lengua de sus abuelos, desplazada por otra, pero en América veo como las lenguas ancestrales han perdido mucha de su magia y de como poco a poco los niños empiezan a hablar solamente castellano. Si queremos unificar, pues que sea con un idioma más general, y determinemos el inglés como lengua comercial, algo que han hecho en Singapore, y muchos más otros países con diversidad lingüistíca.
Que se hablen idiomas por regiones no lo hace menos país, pero que se irrespeten los derechos y tradiciones de una región, entonces le quita democracia al estado. Suiza posee 4 idiomas oficiales, incluso se le da el mismo caracter al alemán (hablado por más del 55% de la población) que al romanche, hablado por menos del 1%.
ESpaña es grande, y la hace grande esa diversidad, tanto idiomática, como cultural, sin embargo esa diversidad que de tanto se habla debe ser preservada y que cada comunidad reglé y norme el idioma que se habla y el que se enseña en las escuelas. Porque tienen los vascos que aprender castellano?, porque los parlantes del castellano no aprenden inglés para que se entiendan con los que no hablan su lengua?..... quizás cuando ambos tengan que aprender una lengua, entonces estarían en igualdad de condiciones.
En Malaysia, los Chinos poblaron el territorio y ahora son más del 30%, los hindues de igual forma y ahora son el 12%, todos por estar en territorio malayo, hablan como lengua oficial el melayu, pero el estado permite la coexistencia de lenguas, coexisten en paz, culturas que no solo difieren en idioma, sino en costumbre, religiòn...etc. mayormente las radios y canales de TV emiten en inglés, idioma que no es lengua materna para ninguna nacionalidad pero que alivia un poco los resentimientos de los nacionalistas.
Entonces amigos castellanos, sé cuan buena y rica es nuestra lengua, y me enorgullezco tenerla como idioma nativo, pero cuando te presionas a aprender una lengua impuesta recien entenderán el sentimiento de sus compatriotas en otras comunidades autónomas. Sin ser español, creo que es el país más bonito de europa, y fuera mejor si no se impusieran cosas en las minorías y hubiera más flexibilidad, y sin nacionalistas que luchan por la desintegración de este gran país... Que españa es grande con todos. Quien referencia a Barcelona como Cataluña? Bilbao como Euskadi?, o Santiago como Galicia?... fuera de España nadie... lo primero que se nos ocurre al oír estas ciudades es España, el gran país Ibérico.
Publicado por: Eduardo León | sábado 29 de julio de 2006 at 0:15