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viernes 13 de octubre de 2006

El socialismo y la práctica del linchamiento étnico

Franco


El presidente del Gobierno tuvo a bien informarnos de que él se siente muy bien en Cataluña. Lo hizo mientras su partido organizaba un intento de linchamiento contra la oposición. (Ilustración publicada por El Periódico.)


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Toca excusarse, estamos en campaña electoral. Pero no nos engañemos. Ni Montilla, ni Mas, ni el resto de políticos etnicistas han pedido perdón por el intento de linchamiento que organizaron los socialistas en Martorell. Si lo quisieran hacer, tendrían que excusarse por los últimos 30 años.


Hay un apartado en esta página que no para de crecer. Se llama Pedagogía del odio. En el se hace un seguimiento (confieso que no tan riguroso como quisiera y como se merecen) de aquellas actuaciones de los nacionalismos que tienen como fin o como consecuencia fijar una diana sobre quienes no piensan como ellos.

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Desde las manifestaciones más violentas, al estilo de Oriol Malló, hasta las intervenciones del nacionalismo tío Tom de Montilla y similares, los etnicistas llevan tres décadas fomentando el odio. Para ello se han valido de la educación, de los medios públicos de comunicación y de las subvenciones. Ninguno de esos instrumentos habría existido a lo largo de estos 30 años si no hubiera sido por la Constitución y por los estatutos de autonomía. Los etnicistas abominan de ambas cosas pero se han aprovechado muy bien de ellas. Y no precisamente para aquello a lo que estaban destinadas, sino para generar rencor y para buscar el enfrentamiento.


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La pedagogía del odio, brillante expresión que debemos (creo) a Arcadi Espada, es uno de los ejes esenciales de la estrategia nacionalista. Producirse de manera violenta, que no otra cosa es la pedagogía del odio, es requisito indispensable a la hora de inventar un imaginario que pueda justificar injustificadas reivindicaciones. Y existe desde los orígenes mismos de los nacionalismos españoles.


Fue Enric Prat de la Riba, uno de los siniestros y mediocres padres del nacionalismo, quien en su libro emblemático, La nacionalitat catalana, reconoció la necesidad de generar odio en la sociedad como única forma para poder implantar con posterioridad sus “ideas”:


“Era preciso acabar de una vez con esa monstruosa bifurcación de nuestra alma; era preciso saber que éramos catalanes, sentir lo que no éramos para saber exactamente lo que éramos, lo que era Cataluña. Esta tarea no la hizo el amor sino el odio." (La nacionalitat catalana, Edicions 62, Barcelona, 1978)


Los nacionalistas que se esconden tras las siglas del Partido Socialista han ido pasando frente a las cámaras estos días para escenificar sus excusas ante el aquelarre étnico que su partido organizó en Martorell. Pero no nos engañemos. Si quisieran enmendar su comportamiento no se habrían limitado a hablar de Martorell, ni del PP. Se tendrían que haber remontado al momento en que cambiaron su ideología por su afán de poder, asimilando uno por uno todos los tics racistas del nacionalismo pujolista.


No olvidaremos nunca que, antes que Artur Mas, Maragall se convirtió en el hijo preferido del anterior presidente regional, en el verdadero hereu, a partir del momento en que este patoso de la política hizo pública profesión de fe étnica. Y su partido, todo su partido, calló y consintió.


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Y siguió callando y consintiendo cuando se sometió a las bajezas éticas y políticas de ERC, una formación minoritaria integrada por racistas confesos a la que ha encumbrado.


Maragall, Montilla, los líderes y todos los militantes del Partido Socialista prosiguieron su humillante silencio durante los años del tripartito, promoviendo y apoyando iniciativas tan próximas al fascismo como las oficinas de control lingüístico de la población, o la imposición de una lengua sobre otra por métodos coercitivos, o como el control de los derechos cívicos a través de la sustracción de historias clínicas, o como la intromisión en la vida privada y en la libertad individual de los ciudadanos por medio del control en el interior de las aulas de los colegios catalanes, o como la subvención con dinero público de todas las iniciativas destinadas a rescribir la Historia para que coincida con sus fines políticos segregacionistas o como el intento permanente de señalar, cercar y segregar al disidente, incluyendo el silenciamiento social y la clausura de medios de comunicación críticos, o como el sinfín de medidas de tinte racista impulsadas por los socialistas desde que llegaron al poder.


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Podríamos creernos las declaraciones de los socialistas a cuenta del intento de linchamiento de Martorell si Montilla, en lugar de aparecer balbuceando excusas con la boca pequeña, nos hubiera pedido perdón por lo que su partido ha hecho en los últimos años.


Nos lo hubiéramos creído si hubiera condenado todo lo que él y su compinche de Moncloa han estado haciendo desde marzo de 2004. Si hubiera adquirido un compromiso público de regeneración y limpieza a fondo de sus propias filas. Si nos hubiera jurado que jamás volverán a pactar con partidos racistas.


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Si Montilla y el Partido Socialista quieren que creamos sus excusas, lo tienen muy fácil. Basta con que convoquen mañana por la mañana una rueda de prensa y se comprometan públicamente a sentarse con el Partido Popular de manera inmediata y con una fecha concreta para presentar ambos un proyecto de ley orgánica que establezca, en las elecciones legislativas, que no tendrán representación quienes no alcancen un porcentaje mínimo de papeletas en todas las provincias de España.


Ni siquiera es una propuesta pepera. Se trata de una iniciativa salida de las propias filas socialistas, de Rodríguez Ibarra, así que no se les caerían demasiados anillos a esta pandilla de mentirosos compulsivos.


Así de fácil, Montilla, tío Tom. Así de sencillo, Rodríguez, el que se siente bien en Cataluña el mismo día que su partido intenta linchar a la oposición.

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Las ilustraciones proceden de El Periódico, e-noticies, Tribuna Catalana, Unitat Nacional Catalana y Som i serem.

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Comentarios

¡LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!

Nuevamente, como durante la campaña del estatut, un acto de un partido democrático y no nacionalista ha sido reventado por las hordas social-nacionalistas, esa amalgama de totalitarios que conforman el PUC, Partido Unificado de Cataluña, esa mezcolanza de nacionalistas de diversos pelajes, socialistas, democristianos, comunistas y republicanos, pero todos ellos unidos por el fanatismo de una fe nacionalista que nada tiene que envidiar a la que alumbró el nazismo en la Alemania del Siglo XX.

El primer acto preelectoral del PP en Cataluña ha sido boicoteado, y varios de sus dirigentes insultados, golpeados y agredidos. Como le pasó a Ciudadanos esta primavera, como le pasó al mismo PP en la campaña del estatut. Todo el que no comulga con la fe nacionalista está condenado a muerte, sea política, sea física como en el País Vasco. La Santa Inquisición no perdona; el ateo, el agnóstico y el hereje del nacionalismo no tienen cabida en su particular dictadura.

Zapatero no defiende al ciudadano libre de los agresores social-nacionalistas por una sencilla razón: porque él es el líder de esa Santa Alianza. Resulta evidente que el Estado de derecho ha desparecido de Cataluña, cuando no existe libertad plena de expresión, de reunión y de manifestación. Es patético que los miembros de un partido democrático tuvieran que huir de las agresiones al grito de ¡Libertad, libertad, libertad! Grito que utilizábamos algunos durante la dictadura franquista.

Unas veces actúan como camisas pardas los maulets y las juventudes de ERC; otras veces las juventudes de CiU; en esta ocasión, de forma descarada las juventudes del PSC, las juventudes de Montilla. Al quedar al descubierto de una manera impúdica el tal Jordi López (siempre el complejo de charnego), el felón Montilla lo ha expulsado, pero inmediatamente ha organizado el contraataque de manera miserable: no sólo no ha expulsado al concejal socialista de Martorell que también participó en la turbamulta de fanáticos agresores, sino que con la ayuda del hermano del conseller Nadal, el director del periodicucho ampliamente utilizado en los bares para suplir la habitual falta de papel higiénico, ha dado la vuelta como a un calcetín a la agresión totalitaria.

Ahora resulta que un militante del PP que repelió los cacerolazos y los golpes de los social-nacionalistas, es culpable de agresión. Pronto será en los medios catalanes el único agresor. Porque nacionalistas y socialistas saben mucho de convertir los verdugos en víctimas. Si el nazismo llegó al poder gracias a los votos fue porque su experto en propaganda y agitación, Joseph Goebbels, llegó a convencer a una mayoría de alemanes de que la noble raza aria era víctima de la perfidia de las ratas judías. Por eso acabaron éstas convertidas en humo y jabón.

Una explicación.

Todo grupo en el poder, sea cual fuere su forma de mandar, debe encontrar una ideología, una doctrina, un discurso que justifique su dominación social, la sostenga en el tiempo y le procure perpetuidad. El nacionalismo catalán, en sus diversas siglas políticas, ha ido a buscar la suya al siglo XIX y ha camuflado el racismo con la lengua.

Más que interesarnos el porqué ha elegido ese rosario, que no tiene ningún misterio, es conveniente averiguar por qué ahora y no antes. Y este es un aspecto junto a otros, más costosos y que más tiempo ha necesitado para desentrañarse. Han tenido que ocurrir cosas claves para la explicación.

-Pujol era un maestro, supo combinar el objetivo de su “grupo nacional” con los tiempos políticos españoles. El trabajo en casa era moderado, prudente, incluso sigiloso y clandestino. Y en “el resto de” inteligente, diplomático, servil con aparente orgullo, discretamente sumiso. El caso es que ha sido un virrey en Cataluña, el estado español le ha dejado laborar para perpetuarse. (Por qué, es otro relato).

-La dinámica montada por Pujol tocó a sus alumnos dirigirla, pero las condiciones de la tesitura general les obligaron a presentarla un poco más cargada de bombo. La cuestión es que recién llegado el tripartito, el descrédito del grupo ha sido incesante y acelerado. Bastaron unas gotas más o menos fortuitas, para que rebosara el recipiente: el Carmelo, el 3% y la dinámica pujoliana abombada por las “izquierdas”. La decepción social aumentó y la escasa aunque persistente rebelión larvada, emergió y se inició en la superficie. En eso estamos.

-Con todo, el aspecto más determinante de esta deriva es económico. ¿Cuál es el acontecimiento histórico social más notable que España ha conocido en los 40 últimos años?. El descomunal desarrollo y la distribución de rentas. España ha pasado a ser un país muy rico y esta riqueza se ha repartido como nunca jamás. Ese grato acontecimiento ha dejado sin prebendas, privilegios y ventajas, a los viejos ostentadores de riqueza, cultura y desarrollo en Cataluña. Ya no pueden competir, disputar, comparar, ni ganar, tan fácilmente como antes; más, si quieren sobrevivir, de alguna otra parte deberán obtener recursos. Y sólo tienen una: los fondos del Estado español. Podrían intentarlo con sus propios gobernados, pero eso no lo ven posible ni lo es. Sólo pueden seguir como estaban, cobrando del Estado por dos vías: por arriba, pidiendo más y más en el reparto de los Presupuestos Generales -cualquier forma y pretexto sirve-, por abajo, sacando más y más gastos en concepto de Generalitat, -“estado” que debe sostener España, es decir, el coste total de la administración regional-, con lo que coloca y alimenta a sus “fieles servidores”. Nunca la burocracia en Cataluña había sido como hoy, un modo de vida para tantos.


Y esta clasita social, esta casta regional, este clan familiar, que pudo haber sido algo más y no llegó más que a influir -a veces decisivamente- en un Estado de perpetua formación, que se apoyó en él simbióticamente, que más o menos se entendieron, esa reliquia de gremio social, ese anacrónico equipo mandante, ha venido tarde y no ha llegado nunca, -lo mismo que España-, y lo que contemplamos son los estertores de su muerte, su agonía. Ya ha brillado todo su “esplendor”, ya hemos visto su máxima obra.

Y aunque niega verse desaparecida y se resiste a mirar, la fuerza de la historia ya la aparta con su guadaña.

No quieren independizarce, sino GARANTIZARSE LA DEPENDENCIA EN MEJORES CONDICIONES QUE NADIE. Este es el secreto que todo el mundo ya ha descubierto, el que está guardado bajo tanto catalnismo, tanta historia, tanta lengua y tanta opresión social. No quieren irse, quieren quedarse con más y mejor, eso es todo.

Pero como no puede ser, habrá que ir estudiando la posibilidad de que España entera les plantee la separación y se queden con el territorio que le den sus votos. Esa es una "OFERTA que no podrán rechazar", y es mil veces preferible a una "guerrita" civil, porque con los pocos y cobardes que son, cuando se les plantee, meterán el rabo entre las piernas, cono han hecho siempre que han tenido la oportunity de escindirse.

Pero lo más preocupante de todo esto no son los nacionalistas, que no tienen nada que rascar en ningún sentido, sino el gobierno español e incluso nuestro estado, el que ha decidido "darles el poder" como dicho ZP: "la democracia es dar el poder a quien no lo tiene".

Y el poder está en el pueblo español, el soberano, ni ZP ni nadie es quién para repartirlo y por eso es el gran traidor a España, el que consiente los desmanes nacionalistas, al que hay que destituir inmediatamente por "agente del extranjero"

Blogs como este son los que desgraciadamente refuerzan a los nacionalismos más recalcitrantes. ¿Cómo queréis combatir nacionalismo con nacionalismo del que ya tuvimos cuarenta putos años? Se está perdiendo el sentido común...Solución: Ensayo Sobre La Lucidez.

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