La feria del libro de Frankfurt ha reavivado la patética polémica acerca de quién es catalán en Cataluña. Es decir, volvemos a los orígenes raciales de todos los nacionalismos: a la expedición de títulos de ciudadanía. Aunque tras ella hay intereses de muy diferente índole.
Los nacionalistas no recurren ya a la raza o al color de la piel para sentar las bases raciales de sus territorios. Eso lo hacían en el pasado (Arana, Prat de la Riba, etc.). Ahora echan mano de la lengua, que parece más progre. El problema es que la utilizan como si se tratara de la cruz ardiendo del ku klux klan.
Según el nacionalismo que va de culto y se considera a sí mismo intelectual, es decir, según el sector etnicista de los escritores en lengua catalana, solo son catalanes aquellos que escriben en catalán. Sebastià Alzamora va por la vida “intelectual” del nacionalismo al modo de Boris Izaguirre por los platós de televisión, es decir, tratando de llamar la atención, aunque en ambos casos la pose enfant terrible resulte, a la postre, patética. A propósito de la eventual presencia en Francfort de escritores catalanes que escriben en castellano, el progre, tolerante y culto Alzamora escribió en el panfleto de los suyos:
“Esta murga de la cultura catalana hecha en castellano, representada por una pandilla de ancianos biológicos o mentales que consideran que Catalunya está en deuda con ellos.
“La mediocridad que producen esta pandilla de papagayas que pretenden excusar su pequeñez como si fuera el resultado de una exclusión, cuando no lo es más que de una penosa combinación de afán de protagonismo y de impotencia artística e intelectual.” Sebastià Alzamora, Lloros i papagais.
La clasificación que sitúa como catalanes únicamente a quienes se pliegan a las exigencias lingüísticas del poder responde en realidad a una sola cosa, aunque ellos lo nieguen: al dinero, que es lo que hay tras todos los nacionalismos españoles, afán por llevarse la pasta ajena, preferiblemente el dinero de los ciudadanos.
Durante el año pasado, las subvenciones a quienes escriben catalán aumentaron un 43% y según Jaume Subirana, presidente de la Institució de les Lletres Catalanes, esa cantidad ha ido en aumento en 2006. Un total de 98 supuestos escritores se han beneficiado de esa generosa aportación económica. La única condición para acceder a ella es, por supuesto, que utilicen el catalán. La calidad, el rigor la repercusión de sus obras en los lectores son consideraciones que se mantienen la margen de los criterios subvencionadores.
En ayudas directas a la creación (“oiga, que quiero escribir un libro pero prometo hacerlo en catalán”) el gobierno regional catalán repartió el año pasado 166.500 €. En páginas web dedicadas a promocionar los libros escritos en catalán, 28.210 €. Los traductores al catalán recibieron ayudas directas por valor de 31.365 €. El gobierno regional, entonces tripartito, entregó 287.000 € para promocionar los libros en catalán y para la “investigación literaria”, expresión sospechosamente ambigua tratándose de subvenciones, 29.775 €. La Institució de les Lletres Catalanes recibió 1,2 millones de euros en 2005 y 2,5 millones en 2005.
“La ILC tiene como objetivo fundamental velar por la promoción de las obras de los autores catalanes dentro y fuera de las tierras de habla catalana. Con este fin otorga subvenciones a creadores, traductores, guionistas, etc., programa campañas de promoción de los escritores en las escuelas y centros culturales, como los ‘Itinerarios de lectura’ y ‘A vuestro gusto’, hace exposiciones sobre temas literarios, mantiene contactos e el extranjero con editores, agentes literarios y centros de escritores y traductores, elabora y mantiene la base de datos ‘Quien es quien’ y el Archivo SAC de traducciones del catalán a otras lenguas, participa a las ferias del libro y, en general, colabora en aquellas actividades y con aquellos centros que llevan a término actividades de difusión de la literatura, el libro y la lectura.” (Institució de les Lletres Catalanes)
Junto a los dispendios que el ejecutivo regional catalán dedica a una lengua, presenciamos el desprecio y la persecución de la otra con la peregrina excusa de que hace más de medio siglo, hubo un golpe de Estado.
María Mercè Roca es una digamos escritora, actividad que compagina con la política. Roca es diputada en el parlamento regional catalán por ERC, escribe pestilentes culebrones para TV3 y ha protagonizado polémicas intervenciones que dan buena cuenta del talante étnico-económico de quienes defienden que Eduardo Mendoza es esquimal.
“Durante la ronda de intervenciones de los distintos grupos, la escritora y diputada de ERC, María Mercè Roca, se mostró especialmente crítica con la presencia «desproporcionada» de «El Quijote» en esas actividades. Se quejó de que «hemos visto muchas maestras de parvulario vestidas de Dulcinea y, en cambio, actos del entorno de «Solitud» (novela catalana de Víctor Català), hemos visto pocos», según consta en las actas de la Comisión. «Pienso -añadió- que el peaje que pagamos porque «El Quijote» pasó un día por Barcelona y citó el «Tirant» ha sido realmente muy alto».
“La diputada de ERC introducía la dicotomía entre literatura catalana y castellana que, a continuación, quiso ilustrar con «una anécdota personal» que a su juicio demuestra la «desnaturalización» de Sant Jordi. «Yo firmaba libros en una parada del paseo de Gràcia, con otros dos compañeros escritores. Éramos todos escritores en lengua catalana, escritores de narrativa y no mediáticos, y todo iba bien (...) Hasta que llegó un escritor en lengua castellana, era un escritor sudamericano, mediático (...) y la gente enloqueció, los guardias de seguridad intentaron que la gente hiciera cola, pero fue imposible: fotografías, abrazos, gritos... Evidentemente, la gente que venía a firmar nuestros libros, los libros de los escritores catalanes, no nos encontraron, no nos vieron, porque estábamos tapados por aquél alud de gente y ese griterío que se había montado entorno de aquel escritor en lengua castellana».
“Y recalca: «Nosotros estábamos, pero nadie nos vio. Y nos fuimos un poco por piernas antes de que el alud nos rompiera la mesa y nos hiciera daño».
“La escritora concluyó que «literatura catalana es la que se escribe en lengua catalana y lo demás que se pueda hacer en un territorio es otro tipo de literatura». A su juicio «no es natural» que en Cataluña «haya escritores que escriban en las dos literaturas» porque, el bilingüismo «es fruto de una cultura desfavorecida, de una falta de libertad».” (Los celos de una escritora de ERC, en el origen de la moción contra el castellano)
Resulta curioso que ERC haya invocado durante toda la legislatura el respeto al pluralismo lingüístico para forzar el uso del catalán en el congreso y el Senado, mientras con asunto tan lateral como una feria del libro da muestras de su verdadero rostro intransigente.
Fue la republicana señora Roca quien declaró hace algunos meses que "en el pabellón de la Generalitat de Frankfurt sólo habrá escritores que escriben en catalán”, a pesar de que Holger Ehling, portavoz de la feria de Frankfurt, ha repetido cuantas veces se lo han preguntado que "para nosotros siempre estuvo claro que una exclusión de aquellos escritores que son catalanes pero no escriben en catalán no es aceptable." De hecho, en la web de la feria sólo aparecían el año pasado, cuando se convocó a la literatura catalana, tres escritores: Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo y Carlos Ruiz Zafón.
El grupo Mondadori, potencia editorial europea cuya sede española se encuentra en Barcelona, no se ha andado con rodeos en este asunto. Claudio López Lamadrid, su director editorial, declaró:
“¿Qué somos nosotros, Mondadori? ¿Una editorial de dónde? ¿Anagrama, Tusquets y Plaza&Janés son marcianos? Los políticos catalanes presumen de la radicación de la gran industria editorial en Barcelona pero, a la hora de definir parámetros de identidad o de promocionar autores, nos olvidan. Es decir, para nosotros no existe ningún beneficio de estar en Catalunya. Al final, conseguirán que muchas editoriales acaben radicándose en Madrid. No sólo no recibimos ayudas sino que el poder político nos ve como extranjeros. Resulta demencial ver cómo, mientras Corea está trabajando con brillantez realizando un programa amplio, aquí seguimos estancados en este nivel tan burdo de debate.” (Frankfurt no quiere exclusiones)
Francisco Umbral:
“Los mediocres y su anciana familia ya no clasifican los libros en buenos y malos, modernos y antiguos, comerciales e invendibles, de amor o de guerra, sino que se nos clasifica como mulos, catalanes y españoles, nacionalistas y dispersos, con o sin mensaje, como en otros tiempos. Etcétera. La Feria del Libro ha degenerado en la riña de las provincias.” F. Umbral, Riña del libro (€).










