Nacionalismos españoles: la herencia del franquismo
Franco se sumó a la larga tradición española de utilizar la patria para fines que nada tienen que ver con ella. Sus sucesores siguen haciéndolo. La maldición patriotera de nuestro país se perpetúa para desgracia de la ciudadanía.
Franco no fue el primero. Antes que él, todos los que en España han pretendido utilizar el poder de manera despótica o para servir a fines particulares, se han envuelto en alguna bandera. Y una de las grandes virtudes de la transición, una de las que más alegremente se han olvidado, residió precisamente en que fuimos capaces de librarnos del chapapote patriotero, de la retórica repugnante del franquismo, del nacionalismo pegajoso y mediocre tras el que se ocultaba la injusticia, la corrupción y la mentira.
Tras el exorcismo colectivo en que convertimos los últimos 70 y los primeros 80, los ciudadanos ya no necesitamos andar pegados a un símbolo para sentirnos simplemente eso, ciudadanos, y no súbditos. Con la Constitución logramos que ser español no significara tener que jurar algún principio fundamental de algún movimiento. Claro que en la buena nueva llevábamos la penitencia porque por la puerta de atrás, por el boquete que abrió la deslealtad, se colaron los nacionalismos.
De manera inopinada, los viejos tics del franquismo más rancio reaparecieron paulatinamente en los partidos nacionalistas en cuanto estos vieron que, aplicándose al juego sucio y aprovechándose de un sistema un tanto ingenuo, podían arrancar parcelas de poder. El caciquismo se reinstauró de nuevo en España.
Pero la renovación y actualización de comportamientos franquistas por parte de los nacionalismos españoles no se ha limitado a la recuperación de la retórica patriotera y de los comportamientos caciquiles disfrazados de progresismo. Los partidos, bandas y partidillos etnicistas vascos, gallegos, catalanes y de otros lugares de España asimilan también los usos políticos de aquel régimen.
Y uno de los rasgos definitorios del franquismo fue la utilización de la violencia como método político, algo que asimilaba el régimen de Franco a los sistemas fascistas de su tiempo. A medida que han ido sintiendo seguros, a medida que han comprobado hasta dónde llega su impunidad y hasta dónde la pasividad del Estado y de sus estructuras políticas y judiciales desde que gobierna Rodríguez, los nacionalistas se han dedicado a recuperar ese mismo uso de la violencia.
Desde los nacionalistas vascos, los que más han matado con la excusa de una inventada nación, hasta los gallegos, que nunca se han quedado atrás en el uso de la violencia para defender sus digamos ideas, pasando por el nacionalismo catalán, que hace mucho cumplió su bautismo de sangre y hoy reactualiza los comportamientos de las juventudes hitlerianas en los actos del PP o de Ciudadanos, el nacionalismo español más casposo, heredero directo del dictador, pervive en partidos que se disfrazan de izquierda y progresismo para tapar la realidad más cruda: son simplemente fascistas actualizados.














Muy buen post, claro y certero a mi entender.
Publicado por: Pau | jueves 19 de octubre de 2006 a las 22:34
Ahora resulta que los radicales pan-catalanistas quieren apropiarse también de Miguel de Cervantes. En serio:
http://www.20minutos.es/noticia/163877
Lamentable.
Publicado por: Castizo | viernes 20 de octubre de 2006 a las 14:27
TRIPARTITO: LA NECESIDAD DEL TERCER PARTIDO
Desgraciadamente, está claro que el acomplejado Montilla, a pesar de ser vilipendiado e insultado groseramente por los “catalanes pata negra”, es decir, por los catalanes nacionalistas, y ahí tenemos ese monumento al racismo disfrazado de lagarterana neoliberal como es la entrevista de Sala i Martín, sigue fielmente el guión que él mismo escribió hace tres años.
Porque no debemos olvidar que fue Montilla, ante un deprimido Maragall que se reconocía derrotado por Mas, quien urdió el tripartito, ese engendro diabólico que no ha gobernado Cataluña durante tres años pero que sí se ha dedicado a exacerbar el nacionalismo cultural catalán, persiguiendo la libertad, ninguneando la Constitución, multando a los que empresarios no sumisos, impidiendo la escolarización de los castellanohablantes, y elaborando un estatut reaccionario, inicuo, insolidario, injusto, y además inconstitucional. Recordemos el “Pacto del Tinell”.
Y no debemos olvidar que Montilla tan sólo interpreta la voluntad de ese simple pero peligroso hombre que gobierna desde la Moncloa, de ese Adolescente Solemne que ha basado su estrategia política en las ideas del ex-falangista Cebrián, del cantonalista Cebrián, del pro-islamista Cebrián, del relativista Cebrián. Estrategia que pasa por aliar al PSOE con las élites nacionalistas de las taifas periféricas, cediéndoles a éstas el gobierno independiente de facto, mientras se reserva para el partido socialista el mando del “Restoespaña”. Así, con esa “alianza de naciones”, tan inicua como su “alianza de civilizaciones“ entre civilizados y bárbaros, se asegura un poder omnímodo, con una derecha condenada al ostracismo.
Por eso es más necesario que nunca el nacimiento del tercer partido, ese partido de ámbito nacional de centro-izquierda, que defienda el ciudadanismo y el laicismo frente a una derecha nacionalista y confesional como la del PP, y que promueva los valores progresistas y liberales de la Ilustración frente a una izquierda relativista y extremista como la del PSOE.
Este partido tan necesario puede nacer el 1-N. Sólo hace falta que los ciudadanos de Cataluña que votaban hasta ahora al PSC y que participan del alma liberal e ilustrada de la izquierda abandonen al candidato social-nacionalista y se pasen a Ciutadans, el tercer partido, el partido del progresismo liberal, el partido que defiende que todos los ciudadanos españoles deben ser libres e iguales.
Publicado por: El Capitán Trueno | sábado 21 de octubre de 2006 a las 17:55
ANDALUCÍA: LA NECESIDAD DEL TERCER PARTIDO
EL PP de Andalucía, siguiendo los pasos del “valencianista” Camps, está a punto de perpetrar otra puñalada a la España del 78, la primera España de la historia basada en un consenso entre las dos tradicionales Españas que nos hielan el corazón a tantos ciudadanos de bien.
Si fue un error que el PP aceptara la “cláusula Camps” del Estatuto valenciano que significa generalizar la estampida del nacionalismo catalán hacia la confederación de los nuevos reinos de Taifas, parece que el PP de Andalucía, dirigido por el cristianodemócrata Arenas, está punto de pactar el nuevo estatuto andaluz con el PSOE de los hermanos Chaves, un engendro cantonalista que incluso permitiría colar de rondón, en el preámbulo y de manera indirecta al estilo catalán, lo de que Andalucía es una “realidad nacional” (sic).
No nos debemos hacer ilusiones; el PP defiende la España unida porque su adversario ideológico ha establecido una alianza estratégica con los separatistas, pero parte de los miembros de las secciones regionales del PP pertenecen a las élites locales, sean catalanas, valencianas, andaluzas, gallegas o cualquiera otras, y siempre tendrán la tendencia a unir su fuerza a sus equivalentes que desde el PSOE y sus aliados nacionalistas propugnan también los feudos, las taifas, los “gobiernitos” que decía Azaña, para manejar a su capricho sus intereses localistas. Recordemos el “Pacto del Majestic”, el contubernio PP-CiU que ejecutó políticamente a Vidal-Quadras.
Por eso es más necesario que nunca el nacimiento del tercer partido, ese partido de ámbito nacional de centro-izquierda, que defienda el ciudadanismo y el laicismo frente a una derecha localista y confesional como la del PP, y que promueva los valores progresistas y liberales de la Ilustración frente a una izquierda relativista y extremista como la del PSOE.
Este partido tan necesario puede nacer el 1-N. Sólo hace falta que los ciudadanos de Cataluña que votaban hasta ahora al PP y que participan del alma liberal y universalista de la derecha abandonen al candidato localista y perrito faldero de CiU, Piqué, y se pasen a Ciutadans, el tercer partido, el partido del progresismo liberal, el partido que defiende que todos los ciudadanos españoles deben ser libres e iguales.
Publicado por: El Capitán Trueno | sábado 21 de octubre de 2006 a las 17:55
"el PP defiende la España unida porque su adversario ideológico ha establecido una alianza estratégica con los separatistas, pero parte de los miembros de las secciones regionales del PP pertenecen a las élites locales, sean catalanas, valencianas, andaluzas, gallegas o cualquiera otras, y siempre tendrán la tendencia a unir su fuerza a sus equivalentes que desde el PSOE y sus aliados nacionalistas propugnan también los feudos, las taifas, los “gobiernitos” que decía Azaña, para manejar a su capricho sus intereses localistas."
Totalmente de acuerdo Capitán Trueno. Estamos sólos, pero más vale estar sólos que mal acompañados.
Al final estoy seguro que venceremos.
Publicado por: Pau | domingo 22 de octubre de 2006 a las 20:18
Albert Boadella respondió - vía El Mundo- a Josep Pont i Sans, alcalde de Bellpuig, que le otorgó el premio Boira (niebla) destinado “a las acciones o actitudes de omisión que afecten, negativamente y de manera continuada, a la identidad catalana”:
Señor alcalde de Bellpuig,
Contesto a su carta en la que me comunica que se me otorga el premio Boira (Niebla) debido a mi posicionamiento político y a mi crítica del nacionalismo catalán. La forma y el contenido de la carta es el testimonio perfecto de la obscena impunidad política que asuela este territorio, y la confirmación visible de los motivos por los que el Ayuntamiento de Bellpuig me lanza la infamia en forma de premio. Tal y como declaré, queda aún más patente que nacionalismo y democracia se muestran incompatibles.
Debido a la información que me había llegado del periódico Segre, deduje que los premios Estel i Boira (Estrella y Niebla) eran responsabilidad de las entidades privadas de Bellpuig. En este sentido, tenía la disposición de contestar el menosprecio con un texto humorístico. Pero su carta me revela que el auténtico inductor y creador de tales salivazos al adversario es usted como alcalde de Bellpuig, ex presidente de la Diputación de Lleida, y diputado del Parlament de Catalunya. Por tanto, dejo de lado el humor porque es una forma de expresión que, en última instancia, demuestra una cierta consideración sobre el grado mental y moral del otro.
Usted no merece esta consideración. Ostentando cargos de gobierno y de representación parlamentaria, utiliza el cobijo de unos premios para denigrar públicamente a cualquier disidente de sus manías. En este caso, un consistorio municipal promueve la degradación democrática, dedicándose a organizar un acto para desacreditar la libre opinión de un ciudadano. En vez de participar en el fomento de la tolerancia y la pluralidad de criterios, como es su obligación por los cargos que tiene asignados, se sirve de ellos para incitar a la censura cívica de un artista del país.
Con su eclesiástico invento de l’estel i la boira, compruebo que utiliza el tiempo (y también mis impuestos) para dividir a los catalanes entre buenos y malos, o señalar enemigos externos. Usted se erige impúdicamente en juez moral de Catalunya y, a través de sus veredictos, induce el odio a instituciones o personas no afines al régimen. Sigue una tradición muy cultivada por los totalitarismos, entre ellos, el que sufrimos los españoles hace 30 años, un régimen nacionalista obsesionado también con este tipo de infecciones sociales. Hoy, afortunadamente, exceptuando su caso, no hallaríamos en España un nivel semejante de vileza institucionalizada, y promovida por dirigentes públicos.
Resulta curioso que este tipo de vocacionales de la inquisición siempre conviven con un trasfondo personal bastante menos escrupuloso que sus filantrópicas exhibiciones. Compruebo que usted tampoco es una excepción sobre la regla. No muestra la misma sensibilidad patriótica a la hora de cargar una cuantiosa deuda a sus conciudadanos españoles a través de la Seguridad Social. Deuda provocada por la empresa Aigües Rocafort, de la cual era administrador y accionista. Ni tampoco le tiembla el pulso cuando deja de pagar a los empleados - que se ven obligados a reclamar por el juzgado social - o a la Caixa de Catalunya, la cual también tiene que proceder judicialmente para reclamarle 33.656.256 pesetas.
No se inquiete, su comportamiento tampoco trasluce anomalía alguna en el clima actual de Catalunya, incluso es natural. Forma parte de la impostura patriótico-sentimental que en los últimos tiempos impera entre los gobernantes de este territorio.
Sin embargo, ¿quién le ha dado a usted las atribuciones para infamar en público a un ciudadano que cumple escrupulosamente con sus deberes? Desde hace 45 años, dirijo una empresa de 25 trabajadores dedicados al arte. Nunca he dejado de pagar puntualmente a la Hacienda Pública ni a ningún colaborador. Esta es la principal contribución que en cualquier país puede hacer un ciudadano, sea catalán o sueco. Las otras contribuciones, las del libre pensamiento o las creencias, sólo son materias de escarnio, censura, y persecución institucional en las dictaduras. En este sentido, la única boira incívica que constato es la que pone usted por delante, a fin de disimular su falta de decencia… eso sí, ¡catalana!
Por tanto, como despedida, quiero decirle sin hostilidad ni ironía, pero con serenidad y también con íntima satisfacción: váyase concretamente a la mierda, usted, sus premios, y la Catalunya que nos pretende imponer.
PS. Esta carta es mi respuesta a su Premio, y espero que sea leída (entera) en el acto de entrega.
Albert Boadella
Publicado por: Ponci | domingo 22 de octubre de 2006 a las 21:00