Después de las felicitaciones, llega la hora de pasar página y empezar a pensar en el siguiente capítulo. Hay mucha gente en España ilusionada y esperanzada. Ha llegado la hora de mojarse en la política nacional.
Ahora que empieza lo mejor, en realidad empieza lo peor para Ciudadanos. Ahora van a ir a por ellos sin cuartel. Ahora van a convertirse en víctimas del terrorismo que el nacionalismo y el socialismo catalanes están alimentando. Sin descartar la colaboración de personajes como la deslenguada Nebreda, que ha terminado diciendo exactamente lo mismo que Rodríguez con respecto a Ciudadanos.
También empieza para Ciudadanos la hora de las definiciones y de la claridad porque el siguiente paso es ganar presencia en el resto de España. Se acabó el pasteleo, el silencio interesado, el mirar hacia otro lado. La política española es algo más serio que ese patio de comadrejas de la plaza de san Jaime. En la política nacional hay que fajarse y sobre todo hay que “mancharse” las manos, hay que mojarse a base de bien.
Desde muchos lugares se está a la espera. Hay quien ha suspendido su militancia de manera unilateral hasta ver por donde andan a partir de ahora las cosas. Se acabaron las excusas, las dilaciones. Hemos esperado porque, según decían, lo importante era la campaña de las regionales catalanas. Objetivo conseguido con creces. Es una heroicidad conseguir semejante resultado con la lamentable ley electoral que nos rige. Pero ha llegado el momento de que Ciudadanos se comporte como un partido adulto.
Ha llegado la hora de definirse en los asuntos importantes de la política nacional, en las cuestiones que afectan a todos los ciudadanos, y hay que hacerlo de manera clara y honesta. La ambigüedad calculada de Ciudadanos hasta hoy casa mal con su no siempre confesada vocación de alternativa al tinglado que tienen montado los partidos tradicionales y al nacionalismo que revienta todas las costuras de España.
Después de los espléndidos resultados de Ciudadanos en el día de ayer, el salto a la política nacional es inevitable. Por lo necesario, por lo terriblemente delicado del momento que atraviesa nuestra vida colectiva y porque hay que responder a la esperanza de tanta gente que rechaza el sistema pero no quiere salirse de él.


