El nacionalismo se adapta con rapidez a los accidentes del terreno. ¿Qué han sido derrotados en las urnas? Pues a disimular otra vez. Montilla se convierte en símbolo de la nueva impostura étnica: mire si somos poco nacionalistas, que apoyamos a un presidente andaluz. Lástima que existan las hemerotecas…
Montilla como disfraz del nacionalismo. De dos maneras: por sí mismo y a través de lo que representa. Es decir, el Montilla que oculta su protagonismo en el seno del etnicismo y Montilla como símbolo de un nacionalismo abierto. Vayamos por partes.
Montilla ha recuperado de golpe su pasado andaluz, su castellano, sus ademanes de sorpresa ante los excesos étnicos de quienes le acompañan (empezando por su propio partido), olvidando que fue él quien pergeñó el tripartito y a quien corresponde su paternidad intelectual, partidaria y programática..
Montilla finge olvidar que él y su partido se han dedicado a imponer una lengua minoritaria. El futuro presidente regional catalán pretende borrar de su pasado que él y su partido han dedicado los recursos públicos a sembrar odio contra el vecino subvencionando a los artífices de la pedagogía del odio, o que han puesto las instituciones al servicio de la persecución racial, alentando la delación y persiguiendo y castigando a quien osaba no renunciar a su lengua.
Montilla tiene las manos manchadas de xenofobia, como todo su partido, como sus socios de gobierno, como quien le ampara desde Moncloa, y para disimular, ahora se viste de andaluz replantado en Cataluña y sostiene sin ponerse colorado que el debate identitario debe dejarse a un lado.
Demasiado tarde. El mal está hecho. Seguiréis pagando las consecuencias.
Mientras tanto, a su alrededor, el resto de aquelarre étnico pone la misma cara de sorpresa que el ex ministro. ¿Nacionalista yo? ¡Pero si solo somos progresistas preocupados por la cohesión social! Desde la celebración de las elecciones regionales, Carod-Rovira no para de escribir artículos contando que lo suyo no es la esencia identitaria sino el progreso de las personas. Y tampoco se pone colorado.
Item más, ha sido capaz de darle la vuelta al calcetín para tratar de convencernos de que siempre estuvo de ese lado. El calcetín es la catalanidad de Montilla, que fue duramente cuestionada por el nacionalismo catalanista antes de las elecciones. Ahora los etnicistas sostienen que Montilla es la prueba de que en Cataluña el nacionalismo es una forma superior de civilización.
Hasta la noche del recuento electoral, el mismo nacionalismo que ahora apoya a Montilla para demostrar, según dicen, que ellos no son esencialistas, le acusaba de ser “extranjero” y se preguntaba escandalizado cómo era posible que un tipo nacido “fuera” pretendiera llegar a la Generalidad.
¿Ejemplos? ¿Pruebas?. Empecemos por el “progresista” Sebastià Alzamora, que escribió en agosto un texto xenófobo hasta en el título, El origen sí cuenta:
“Mientras Catalunya sea un país dominado por otro (España, por si alguien se ha despistado) persistirá la anomalía según la cual la cuestión nacional será la más urgente que haya de atender el presidente de la Generalitat: y esto significa que, sea de derechas o de izquierdas, hace falta que el presidente sea catalanista, condición que el señor Montilla -basta prestar algo de atención a su discurso- no cumple. Por mucho que perfumemos el aire con invocaciones al buen rollo, mucha gente sencillamente no quiere que alguien nacido afuera de Catalunya ocupe la presidencia de la Generalitat: y esto no sé si es xenofobia pero el caso es que es así.” Sebastià Alzamora, L'origen sí que compta.
Dicen los nacionalistas que nadie cuestionó el origen de Montilla durante la campaña electoral. Por eso Clos se sintió obligado ha hacer esta declaración el pasado verano:
“Yo no he nacido en Barcelona y soy el alcalde, así que Montilla puede ser president”. (Joan Clos en El Mundo, 9.7.06)
Las declaraciones de Anna Hernández Bonancia, esposa de Montilla, revelan dos hechos igualmente preocupantes: el complejo de tío Tom que acompaña a este individuo y en general a la izquierda catalana desde los viejos tiempos del PSUC, antes incluso de las luchas de la SEAT en la vieja Zona Franca, y el poco tiempo que tardan todos estos desnortados en pedir perdón por no haber nacido en CiU o en ERC:
“El perfil de mi marido es muy catalán”. (Anna Hernández Bonancia en El Periódico, 16.7.06)
Sin embargo las Juventudes de Convergència siguieron dándole a la raíz étnica del candidato socialista sin ningún miramiento:
“Piensa como un español (…) La JNC combatirá duramente a Montilla no por su lugar de nacimiento, sino porque piensa como un español.” (El Consell Nacional de la JNC ratifica Cuminal i Batalla com a candidats joves al Parlament de Catalunya)
“« Ja sóc aquí», gritaba emocionado Josep Tarradellas al volver del exilio para restablecer la Generalitat de Catalunya que Franco había suprimido. «Ya estoy aquí» dice satisfecho José Montilla. El «ministro catalán» [en castellano en el original] hacía escala con el Puente Aéreo de Madrid, impuesto a dedo por Zapatero” Josep C. Vergés, «Ya estoy aquí»
El nacionalista jamás reconoce su pulsión racista y se esfuerza por camuflarla. Vano intento. Aunque el KKK catalanista no hable del color de la piel sino de “la integración en el imaginario catalanista” (que por cierto, no se sabe qué es peor), la raza asoma por todas partes:
“Lo que me inquieta de la posibilidad que José Montilla sea presidente de la Generalitat no es que haya nacido en Iznájar, sino su completa carencia de integración en el imaginario catalanista, esto es, en la cultura catalana.“La visión de la carencia de idoneidad de Montilla para el cargo me sobreviene cuando pruebo de imaginármelo asistiendo a la fiesta de las letras catalanas, la Noche de Santa Lucía, y pronunciando el tradicional discurso con el cual los presidentes de la Generalitat cierran el acto. ¿Sabe, Montilla, para empezar, que hay una noche de Santa Lucía donde se entregan los máximos galardones a obra no publicada de nuestra literatura? ¿Es consciente de lo que significa esta ceremonia organizada por Òmnium Cultural tanto por el pasado de resistencia que evoca como por la voluntad de construcción nacional que proyecta cara al futuro? ¿Es el primer secretario del PSC socio de Òmnium Cultural?
“Que los ignorantes gobiernen quizás se habría de entender como un signo de normalidad en el contexto de las democracias occidentales, pero Catalunya no se puede permitir este lujo.”Hèctor Bofill, Montilla a Santa Llúcia.
El candidato de ERC por Vic, Angel Andreu, no dio tantos rodeos al referirse a Montilla:
“Habrá ciudadanos de Catalunya que a la hora de ir a votar no entenderán que el candidato a la presidencia de la Generalitat se presente con un nombre español.” (E-noticies)
Pere Vilarrasa es otro republicano que vivió del presupuesto público en el Ayuntamiento de Vic y formó parte de la ejecutiva “nacional” de ERC como presidente de la federación de Osona-Ripollès. Vilarrasa se refirió en otro artículo al lema que aparecía en los carteles electorales de Montilla, que se basaba en la xenófoba y violenta letra del himno regional (“Ahora es la hora de los catalanes”):
“¿Qué haces colgado a los carteles con la mirada baja y avergonzada? Ahora es la hora de los catalanes, dices en el cartel. ¿Y antes de quienes era la hora? ¿De los castellanos? O es al revés. ¿Quizás quieres decir, y no tienes valor para decirlo claro, que ahora ha llegado la hora de los castellanos (entendiendo por castellanos los originarios de la inmigración castellanoparlante)? ¿Por qué si no este ‘ahora es la hora de los catalanes’? ¿Reclamas el voto étnico, verdad Pepe?“Pepe, las encuestas aseguran que tú serás el próximo Presidente de la Comunitat Autónoma de Catalunya que, contigo y los tuyos será -más que nunca- una más de las comunidades autónomas españolas.” Pere Vilarrasa, Montilla, mira'ns a la cara!
Los nacionalistas que ahora presumen de tolerantes al apoyar a un presidente regional nacido fuera de Cataluña son los mismos que ayer arremetían contra los orígenes de Montilla. De la misma manera que los socialistas que ahora tratan de disimular su pestilente etnicismo, durante la campaña intentaban convencer al electorado de que su programa era tan nacionalista como el que más:
“El PSC representa el catalanismo social o el nacionalismo de la gente, que viene a ser lo mismo. Una manera de entender la nación a través de la mirada ciudadana de todos, no sólo del territorio y de los símbolos exclusivamente del barrio, pueblo, ciudad o empresa. La Catalunya real, diversa territorialmente y socialmente, con mucho acentos, plural, es la que configura la nación. El nuevo nacionalismo de la gente y de los territorios es el que defiende el PSC.” Marina Geli (ex consejera de Salud y secretaria de los socialistas de Gerona), El nacionalisme de la gent.
Suena irónico lo de “la Catalunya real” a toro pasado y conociendo el resultado electoral. Sonaría hasta divertido si no fuera tan triste. Su “nacionalismo de la gente”, su Cataluña real les ha servido para perder un cuarto de millón de votos. Y para poner cara de yo jamás dije que fuera nacionalista, ni siquiera catalanista, que esas eran cosas de Maragall.
Demasiado tarde. El mal está hecho. Seguiréis pagando las consecuencias.

