Que nos cogemos nuestras ideas politicas con papel de fumar, cierto. Que la razón no termina de ocupar su lugar y se sigue juzgando la vida política desde el corazón, pues también cierto. Pero la posibilidad de que nazca un nuevo partido con las características que cabe suponer dado que tras él está Rosa Díez, constituye una espléndida noticia.
Los fundamentalistas de la izquierda, los zapateristas, los recalcitrantes del PSOE, empiezan a preparar su noche de los cuchillos largos por si la cosa cuaja. Desde los aledaños del insultador oficial del reino, el secretario de organización del Partido Socialista, se empieza a confeccionar a toda prisa el censo de los socialistas críticos, descontentos y cabreados. La izquierda, fiel a su propia historia, reproduce los comportamientos que más ha practicado a lo largo de su historia. Queda inaugurada esta checa.
En cuanto a los fundamentalistas de la derecha, arremeten contra quienes han tomado la iniciativa (aunque no dicen ni mu acerca de la idea). Como los fundamentalistas de la izquierda, los talibanes de la derecha también se consideran moralmente superiores al resto, también se creen legitimados para expedir acreditaciones de demócrata, también son grandes administradores de checas, en su caso, campos de concentración.
El problema está en otro lado. Se llama así: todavía hay quien no ha empezado la transición. Resulta descorazonador contemplar personas de valía intelectual que siguen considerando, como en los años 20 del pasado siglo, que la política tiene un componente sentimental (“yo solo puedo votar a los mios, aunque lo hagan mal”), en lugar de racional (“voto a quien creo que lo puede hacer mejor”), o simplemente instrumental (“voto a quien me puede beneficiar más”).
Todavía hay gente, incluso gente intelectualmente respetable, que no ha descubierto que la democracia es estupenda, pero no constituye un fin en sí misma, gente que piensa que las ideas están por encima de la razón. Eso les lleva a plantearse las más sorprendentes piruetas con tal de mantener la ficción de “los mios”. Fernando Savater escribía el pasado viernes:
“Cualquier concejal del PP en el País Vasco ha hecho más por la defensa de las libertades constitucionales de ustedes y mías que todos los intelectuales abajofirmantes que luchan contra la derechización del mundo desde sus cómodos negocios artísticos o académicos.” Fernado Savater, Casa tomada.
Sin embargo, tras esta rotunda declaración, es incapaz de votar a esos concejales. No porque piense que su comportamiento político es reprochable, ni porque crea que sus ideas nada tienen que ver con las de los concejales perseguidos. No les vota tan solo porque son del PP. Es decir, no les vota porque pertenecen a un partido que es el único que está haciendo lo que él propugna en este momento.
Este rapto irracional en personaje tan destacado, tan racionalista, tan crítico con el “irracionalismo religioso”, ilustra muy bien la falta de fuste de la izquierda en nuestro país. Nuevamente surgen las palabras de César Alonso de los Ríos en Yo digo España: la patria de los socialistas son sus siglas. Pues bien, para algunos la patria es sentirse de izquierdas (o de derechas, que últimamente también los hay). De modo que otra vez caemos en el fundamentalismo y nos alejamos de la razón:
“Con perdón, progres, osad votar por quien defiende la libertad.” Mikel Azurmendi, Ante la ciudad entregada, osad.
Para evitarlo hoy y aquí, vayamos a lo esencial: la propuesta de una nueva izquierda. Es un hecho que hay que saludar con satisfacción porque lo peor que nos está pasando es que no reaccionamos:
“Lo que convierte en una auténtica tragedia la insospechada aparición de Rodríguez Zapatero en la historia española ha sido la total incapacidad del cuerpo social español para reaccionar ante la situación generada.” Hermann Tertsch, De la coincidencia a la comunión.
No ha reaccionado hasta ahora la izquierda, salvo el ¿fallido? episodio de Ciudadanos, pero acabamos de asistir al primer aldabonazo, a la primera señal en ese lado del espectro político. Deberíamos felicitarnos. Aunque los fundamentalistas de uno y otro signo preparen una nueva checa.










