Hubo un tiempo, no hace demasiados años, en que pensamos que podríamos derrotar al nacionalismo etarra. Pero entonces pasó lo que pasó. Aquel horrible 11 de marzo, unas elecciones extrañas, que quizá jamás debieron celebrarse en aquellas circunstancias, y Rodríguez, con su mesianismo pacifista.
Durante tres años los españoles hemos salido a la calle. Hemos acudido a la llamada de las víctimas cada vez que nos han convocado. Nos hemos concentrado frente a nuestros ayuntamientos y hemos hecho muchos kilómetros para recorrer una y otra vez las calles de Madrid.
Durante tres años le hemos pedido al presidente del Gobierno que escuchara la voz de las víctimas. Que escuchara la voz de la calle. Y por respuesta sólo hemos obtenido imágenes. La imagen de los socialistas votando en el Congreso a favor de un proceso de paz que tantos ciudadanos vivimos como una traición. La imagen de los etarras insultando a sus víctimas y a los jueces en la Audiencia Nacional. La imagen de De Juana con su novia, engordando entre risas y jadeos. La imagen de Otegi burlándose de leyes que todos los demás hemos de cumplir. La imagen del propio presidente del Gobierno contándonos que los asesinos eran hombres de paz con los que quería compartir mesa. La imagen de ministros y diputados de la izquierda guiñándole el ojo al terrorismo etarra. La imagen de los ataques constantes en las calles. La imagen de los empresarios abandonados por el Estado frente al chantaje terrorista. La imagen de los tres nuevos asesinados por ETA durante su denominada tregua mientras los telediarios oficiales vomitaban mentiras envueltas en celofán pacifista. La imagen de los líderes socialistas tratando de que los países europeos bendijeran su vergonzoso proceso de rendición. Durante tres años le hemos pedido al presidente del Gobierno que nos escuchara. Ahora, por fin, el presidente del gobierno socialista nos ha respondido. Y nos ha pedido unidad.
No hubo unidad, presidente, en la última concentración frente a los ayuntamientos, hace tan pocas semanas. No le vimos a usted, ni a los suyos, junto a quienes protestábamos por la excarcelación de asesinos. No percibimos su unidad tras los asesinatos de la T4, ni cuando salimos a la calle a defender la memoria de los muertos. En ninguna de esas ocasiones hubo unidad, presidente. Y usted, ahora, no la puede pedir.
No tiene la menor credibilidad, señor Rodríguez. Se ha ganado a pulso su desprestigio. En apenas tres años, ha corrompido la democracia y la política españolas. Ha corrompido a su propio partido. Y ahora viene a pedirnos unidad. ¿Unidad para qué? ¿Para seguir engañándonos como lo ha hecho durante todo este tiempo? ¿Unidad para que nos callemos la boca mientras llegan las elecciones generales? ¿Unidad para que nos olvidemos de que ETA está hoy más fuerte que hace tres años? ¿Unidad para borrar de la memoria colectiva que si ETA es más fuerte, se debe única y exclusivamente a usted?
A usted, presidente, ya no le podemos creer. Y lo mejor que podría suceder en España es que los militantes honrados de su partido le mandaran de una vez a casa. Sólo cuando en su partido recuperen el poder esos militantes ahora marginados, será posible la unidad. Sólo será posible cuando usted haya desaparecido de la vida colectiva española.










