Han pasado 23 días desde las elecciones municipales y autonómicas, tiempo suficiente para que todos los partidos hayan aclarado su política de pactos. Se han constituido los nuevos ayuntamientos y estamos a la espera de que, en muy breve plazo, hagan lo propio los gobiernos regionales. Pero en el PSOE casi un mes no ha bastado para decidir a quién quieren apoyar los socialistas en Navarra.
Durante casi cuatro semanas los líderes del PSOE y los miembros del gobierno socialista, incluido su presidente, han afirmado con rotundidad que tenían las cosas muy claras y no han tenido empacho en proponer al PP unidad de acción para enfrentarse al terrorismo. Pero la tardanza en tomar decisiones con respecto a Navarra no despierta más que irritación en el Partido Popular y, al parecer, un mutismo expectante en la opinión pública.
En el calendario encontramos la respuesta a esta inusual tardanza en decidir los pactos en Navarra, porque en ningún momento nos hemos creído que, viniendo la demora de donde viene, estemos ante una actitud dubitativa. El señor Rodríguez ha dado muestras reiteradas de tener las cosas muy, muy claras y aquí no hay duda de ningún tipo sino algo bien distinto.
Aprovechando el tristísimo espectáculo que ha ofrecido la formación de los nuevos ayuntamientos, peripecia que ha vuelto a poner de manifiesto nuestra pestilente normativa electoral, los socialistas han seguido a lo suyo. Ciertos municipios han actuado a modo de cortina de humo que ha distraído a la parroquia política y mediática y a la opinión pública de los asuntos que en verdad están ocupando a la cúpula del PSOE. En otras palabras, mientras asistíamos al humillante espectáculo de Ondárroa, por ejemplo, o de Baleares, el PSOE ha seguido negociando con ETA.
Tras las elecciones ETA comunicó a través de un comunicado que daba por zanjada la tregua. Vino luego la reacción del Gobierno en forma de reunión con Mariano Rajoy y la avalancha de declaraciones de unidad. A partir de ese momento la oposición ha quedado neutralizada en cuestiones de terrorismo y el PSOE ha entrado en una fase de absoluta ambigüedad en lo que concierne a la composición del próximo gobierno regional navarro, para el que los propios socialistas navarros se habían auto excluido si no lograban ser la segunda fuerza.
Sin embargo no hay duda, ni ambigüedades. A pesar de los aspavientos zapateros, aquí solo hay… más negociación con ETA. El Gobierno no quiere soltar prenda en cuanto a sus intenciones navarras porque está utilizando la comunidad foral como reclamo para que sus amigos de mesa de negociación vuelvan a sentarse.
Moncloa ha clavado al gobierno regional navarro en el anzuelo y lo ha lanzado a la charca etarra. Si pican, el PSOE pactará con ANV y Navarra pasará a formar parte del País Vasco, quizá al principio de una manera suave, gradual, empezando por algún tipo de vínculo light que no asuste demasiado. Hasta que pasen las legislativas. A cambio, ETA prorrogará de manera tácita su supuesta tregua.
Si no pican, el pragmatismo zapatero asomará de nuevo con más cinismo que nunca y presentará ante la ciudadanía al PSOE como el partido que se sacrifica por el bien de la nación y vota la investidura de Miguel Sanz, o cuando menos se abstiene.
El señor Rodríguez y los dirigentes de su partido no albergan la menor duda con respecto al gobierno foral. Lo único que sucede es que siguen negociando con ETA. O siguen intentándolo, que para el caso viene a ser lo mismo.
